viernes, octubre 22, 2021
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#ObreroDelGis Con dolor o sin dolor

Diego A. Zapata Gómez

Cuando estaba de visita a mi tierra querida, Xalapa, Ver., me atormentó un dolor de muela que de menos a más iba aumentando, haciéndolo insoportable. Así que fui a consulta de urgencia con un dentista, no tenía alguien conocido así que al primero que encontrara estaría bien, total solo era cuestión de una consulta y lo que determinara, un analgésico o la extracción de esta. Llegué al consultorio y esperé mi turno, la señorita de la recepción me anunció con el médico, quien dijo que me tomara los datos y que esperara un momento, pues estaba atendiendo a un paciente. Así que esperé, pero mi dolor me tenía muy mal, y casi para llorar.

Pasado el tiempo, más o menos unos treinta minutos, que para mi se hizo una eternidad, me pasaron al consultorio, el dentista pidió que me sentara en la silla de los pacientes y empezó a revisarme. Me pregunta mi nombre, a qué me dedico, en dónde trabajaba, yo creía que era para tranquilizarme. Después de la revisión me dijo que extraerla, y me dijo: “mire hay que extraer la muela, es la del juicio. Cómo quiere que lo haga, pues hay dos precios, con dolor vale mil pesos y sin dolor trescientos”. Sin pensarlo dije que, sin dolor, pues era más económica. Así que empezó su trabajo. Cuando me empezó a trabajar, hice un gesto de dolor y el medico me dijo recuerde que con dolor vale mil pesos y me aguanté un rato. El médico me miraba y parecía reírse, mientras yo en mis adentros ya se imaginan lo que pensaba. Luego sacó una jeringa delgadita con una aguja finita y me anestesió localmente para extraer la causante de mi dolor bucal.

Después de haber terminado el medico me dijo: ¿se acuerda de mí?, no tenía ni idea de quién era. Me volvió a preguntar y le dije que no. Soy …. Me dijo su nombre. Usted me dio clases en el ultimo año de preparatoria, y estoy muy agradecido con usted porque con su disciplina y exigencia tome conciencia de la responsabilidad de estudiar, y así me siguió contando. Claro que en ese momento no tenía humor de pensar quién era, pues el dolor molar, la boca anestesiada que sentía una pesadez y no podía gesticular bien las palabras. Claro cuando me dijo quien era lo recordé, pero había un gran cambio en él, tanto en lo físico como en lo profesional. Caramba las cosas que nos da la vida, y bien dicen que las piedras rodando se encuentran y esta vez nos encontramos para bien.

Era mi primer año como maestro, la novatada, las recomendaciones de los maestros ya con experiencia, que tenga cuidado con estos alumnos, este grupo es así, algunos se quieren pasar de listo, etc., y así con tantas recomendaciones santas, elaboré mi plan para no ser víctima de la novatada por los alumnos. Pues como todo maestro joven, llegas con nuevos bríos y te pones muy exigente e intolerante. Les calificaba todo, no dejaba pasar algo que no estuviera dentro de lo indicado. etc., así que cuando llegó el examen semestral les dije: “nadie va a reprobar, porque todos van a estudiar”.  Fue examen oral, y quien no supiera lo regresaba a estudiar y le programaba otro día para su examen. Era practico, pues en tiempos de examen final se sus pendían las clases, así que quien fuera regresado programaba su examen que constaba de tres preguntas que tenía que explicar. Tres correctas diez, dos correctas siete, una correcta tres y ninguna cero. Su tiempo era de 30 minutos para su examen. A muchos los devolví varias veces, y después de la tercera vuelta ya aprobaban. Mi dentista los regresé siete veces, y después de la ultima vino con su papá, un señor muy respetable. Me dice mi hijo que usted ya lo trae de encargo, porque el si estudia y usted lo regresa. Le respondí que no, que si gustaba pasara al examen para que el se diera cuenta, que la política es que nadie iba a reprobar, pero es si que si iba a estudiar muy bien para este examen, pues era su pase a la universidad.

Empezó el examen, en el sorteo de los temas el dentista sacó sus tres preguntas. La primera no supo, y el papá se queda viéndolo. En la segunda medio explica, pero no satisfactoriamente. En la tercera de plano dijo que eso no lo estudió. El papá lleno de enojo y de vergüenza, le llamó la atención a su hijo y me dijo para mañana este muchachito viene bien preparado, de eso me encargo. Disculpe profesor, este muchacho no me la vuelve a hacer.  Salieron del salón y se fueron, aun escuchaba como lo regañaba y le prometió una buena corrección: Ya verás cuando llegue a la casa.

Al otro día, mi dentista se presentó y respondió de una manera extraordinaria su examen. Y le dije ¿Qué crees? No profesor, ya no. Si quiere me quedo a estudiar aquí otro rato, y vuelva a examinarme. Mi papá me la sentenció que si me regresaba no me la iba a acabar y me sacaría de la escuela y a trabajar. Lloraba con gran pena y sentimiento. Le dije que no era necesario, que había respondido muy bien y que su calificación era aprobatoria y había obtenido diez de calificación. Secó sus lágrimas y se fue.

Nunca más nos volvimos a ver, pues ingresó a la Universidad. Yo me fui de Xalapa a trabajar a México y de ahí a Querétaro.  Así que nunca me imaginé encontrarme a mis alumnos de Xalapa. Cuando el terminó mi consulta y me extrajo la muela, me comenta que a partir de ahí se puso a estudiar con mas responsabilidad, que su papá lo traía muy cortito y que se dio cuenta que todo eso fue una experiencia que le ayudó a aprovechar esas debilidades y convertirlas en fortaleza. Ahora es un gran medico dentista, tiene gran reputación y buena persona, sobre todo. Que esa experiencia le marco la vida y permite llegar a donde está y se siente orgulloso.

La verdad que, en el camino de nuestra historia académica, tenemos recuerdos de nuestros maestros. Unos muy agradables porque nos escucharon, nos ayudaron, nos exigieron y fueron grandes pilares y cimientos de nuestra formación. También existen algunos que no los recordamos con gratitud porque muy poco marcaron nuestra vida por las razones que sean. Pero la verdad es que tenemos mucho que agradecer a quienes con tenacidad y exigencia nos marcaron para ser mejores estudiantes y personas. A esos profesores un aplauso y una porra, porque su trabajo no se ve físicamente, ya que son forjadores del espíritu y de la creatividad. Nunca está dentro del ideal de un profesor el formar malas personas, sino el de formar virtuosos ciudadanos. Lo demás lo aprenden en el camino de la vida, las cosas buenas y las no buenas, las correctas y las incorrectas. Los papás son los encargados de la educación, los profesores de la instrucción y la vida social de la realización de las personas.

Gracias a la vida porque nos permite encontrarnos con varias personas que nos forjan, nos instruyen, nos enseñan y nos llevan por caminos que recorremos con gusto. Gracias a todos los que la vida me presentó para que fueran mis alumnos y logré realizarme vocacionalmente. Con dolor o sin dolor, la vida la vamos llevando así, a veces sencilla y otras un poco mas complicadas. Pero ahí estamos para ser mejores. Por eso a todos mis exalumnos les deseo mucha suerte en lo que están haciendo.

Manda tus comentario a diegoazgconrumbo@gmail.com para conocer tus opiniones y así enriquecer mi acervo cultural.

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