sábado, mayo 2, 2026
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Crisis universitaria

Roberto Yerena Cerdán

Sheldon: Tal vez ya encontré la idea que me

dará mi Premio Nobel.

Leonard: No sabía que daban los Premios Nobel

por usar bacinica.

“The Big Bang theory”

 

Hace cuatro años escribí acerca de la sucesión de la rectoría en la Universidad Veracruzana. En ese entonces, y con la necesaria mordacidad, no pensaba en una crisis institucional, sino en una especie de purga, donde todos los participantes se mezclarían en un menjurje, y esperar a ver qué resultaba de esa fusión de ocurrencias.

En días recientes –renovando el ciclo– el rector Martín Aguilar Sánchez dio muestra de firmeza, dominio del discurso, y el deseo inocultable de continuar al frente de la Universidad Veracruzana, e intentar fundamentar –frente al infaltable teleprompter– sus razones por las que mantiene vivas sus aspiraciones, y el retorcido expediente mediante el cual lo quiere lograr. Pese a la relevancia que debía tener su presencia en la pantalla para dirigirse a la comunidad universitaria, su perorata resultó pausada, rígida y aburrida. Es el mismo bajo perfil que ha manifestado en sus cuatro años de rectorado. Con ese desempeño, ¿cómo quiere entusiasmar a la audiencia? Y no aplica en él el elogio de la lentitud. Porque una cosa es ser lento, y otra es ser incompetente.

Destaco dos pasajes de su pieza oratoria: “¿Por qué estoy pidiendo una prórroga? Porque tengo la necesidad de garantizar la continuidad de proyectos estratégicos claves, que se encuentran en fase de desarrollo, como lo es la actualización del Modelo Educativo Integral y Flexible. Como es el sistema de administración de recursos de instituciones de educación superior (ARIES)”. Inmediatamente abruma con maravillas burocráticas; pero en todo momento mantiene una densidad discursiva de la que no se deprende una sola razón para continuar rodeado del maravilloso paisaje de su oficina.

El otro argumento es para el consuelo: “Sé que hay voces en contra. Quienes en su derecho a su libre manifestación de las ideas han expresado sus puntos de vista y lo seguirán haciendo, sin que de mi parte realice alguna medida de coacción en su contra [faltaba mas]. Solo les pido su confianza en que el objetivo principal es asegurar la estabilidad institucional y la continuidad de las iniciativas que nos permitirán seguir avanzando en nuestra misión académica, de investigación y de vinculación, que nos marca la ley.”

Es increíble que desde la puesta en marcha del Nuevo Modelo Educativo –rebautizado como Modelo Educativo Integral y Flexible– al inicio del rectorado de Víctor Arredondo, en 1997, a veintiocho años no se tenga una evaluación definitiva que permita ver sus ventajas y sus deficiencias, tanto conceptuales como de operatividad. Y lo más relevante, que no se tenga la evidencia que permita diferenciar el nivel académico que pueda alcanzar un estudiante –en relación a otro egresado bajo el modelo rígido– a partir de los parámetros enunciados en la estructura curricular: flexibilidad de experiencias educativas (tronco común, área básica, optativas, electivas, áreas terminales); mayor disponibilidad de tiempo; menor seriación entre materias; asesorías conducidas por tutores; infraestructura física y soporte virtual. Todo lo anterior parece una tarea titánica, y da igual que la continúe Martín Aguilar, o cualquier otro osado aspirante, y esperar a las calendas griegas.

Respecto al sistema ARIES, seguramente muchos habremos de ignorar de qué se trata esta parafernalia apantallante, salvo los expertos estrategas del rector, que tanto han de saber de educación superior; aunque hay que señalar que desde tiempos del rector Víctor Arredondo, la UV ha estado bajo la conducción de planificadores institucionales y de administradores gerenciales, en cumplimiento de la visión y la misión.

Las tareas pendientes en esta universidad son variadas y complejas, en cada uno de los rubros en que se desagregan las prioridades institucionales. Existen avances –como simple resultado de la acumulación de políticas educativas–, rezagos, estancamientos y retrocesos; y en conjunto, no es posible considerar que lo realizado en la presente administración haya consolidado algo; aún en la perspectiva de una estrategia que dice requerir más tiempo. Si así fuera, esta universidad sería un continuum donde se alternarían gestiones que dieran seguimiento y continuidad a los objetivos comunes, sin necesidad de rupturas. Pero en este caso, tal parece que cada cuatro u ocho años, existe la necesidad de refundar la UV, como si esta no tuviese capacidades propias que ejercer, y como si los conjuros de cada rector no pasaran de ser lemas de campaña. Si no, ¿cuáles son los niveles de concreción obtenidos a partir de los ejes estratégicos de los derechos humanos y la sustentabilidad?

La otra línea argumental con la que Martín Aguilar pretende calmar las aguas, es que su pretensión de reelegirse, ahora está legalmente avalada por la figura tramposa de la “prórroga” –como si se tratara de otorgar una gracia–, dejando en manos de la Junta de Gobierno la penosa tarea de operar a su favor, mediando una consulta con la comunidad universitaria, que si hubiésemos nacido ayer, por lo menos tendríamos la esperanza de un resultado objetivo, dejando de lado, también, la limitante jurídica de la edad máxima para ejercer el cargo que, aunque injusta, debe ser acatada. Simplemente, Martín Aguilar no quiso exponerse a una evaluación seria de su desempeño, y verse en la necesidad de competir con otros aspirantes que, por cierto, al escucharlos en la manifestación de protesta en la explana de rectoría, en su presentación estelar, no se observa rasgo alguno de inspiración; de personalidad; de carácter; y no dejaron ver cuáles serán las medidas que ejercerán si la Junta de Gobierno resuelve a favor del rector reloaded.

Esta protesta puso de manifiesto la variada composición de los oponentes activos al rector. Los orígenes, las trayectorias y las razones para hacer acto de presencia, también requieren de una lectura que recupere los pormenores del sentido de su posición; muchos de ellos vinculados a anteriores rectorados, ocupando puestos de distinto nivel, sin que hayan tenido que entregar cuenta alguna. No se pueden sustraer de su pasado, sobre todo si esta rectoría afectó sus intereses, para promover los propios. Por cierto, los tres ex rectores hicieron mutis; quizá por no querer ser protagonistas; por no tener un peso específico en la disputa; o simplemente porque la calle no es lo suyo, y el pavimento les resulta arduo. Y no hay que esperanzarse tanto en que estas marchas de protesta se repitan y repliquen en otras zonas, porque los universitarios enjundiosos, en realidad están despolitizados. En una lectura simplificada, unos dirán que la 4T se ha instalado en la rectoría; mientras que estos pensarán que el PRI (Arredondo y Arias) y el PAN (Sara Ladrón de Guevara) buscan reposicionarse en las estructuras universitarias. Vaya dilema.

Entre las distintas interpretaciones y sesgos en el análisis, se distingue la posición de un sector de investigadores del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, quienes signaron un documento en el que manifiestan, de entrada, el rechazo contundente a la ruta de fuga planteada por Martín Aguilar. Lo peculiar es que el propio rector haya salido de las filas de ese instituto, y ahora, por sus excesos recientes o por antecedentes internos, reciba un llamado de atención que, obviamente, involucra a su secretario académico y a uno de sus asesores, que también provienen del IIHS. El rector subestimará las observaciones, como cabe esperar, y pensará que la ropa sucia ahora se lava en las redes. La pregunta es, de autorizar la prórroga a Martín Aguilar, y retornar a su centro de trabajo después de ocho años, ¿qué queda de la credibilidad intelectual y la debida interacción académica que debe existir en un centro de investigaciones? Esto también le debe valer al rector. Como le valdrán los restos de decadencia que deje en el camino, rumbo a una apetecible jubilación.

Por todo lo anterior, y cómo simple hipótesis, considero que la UV está crisis. Porque no se vislumbran alternativas a sus contradicciones. Porque sus activos tocan un techo no muy alto; pero las pasiones descienden al sótano. La UV está trabada entre las argucias jurídicas y la impudicia moral. Entre los delirios de grandeza y la mediocridad asentada y reproducida. Todo podrá suceder; todo, menos que este escenario contribuya a elevar a la universidad a una posición relevante. En razón a sí misma; y en cumplimiento genuino ante la sociedad a la que se debe. Pero esto parece ser lo de menos, frente a los intereses de corto plazo. Ojalá podamos ver alguna señal de vergüenza, si es que la JG concede al rector la tan codiciada prórroga.

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