Por Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
Tenemos un año que para nada ha sido normal. Venimos recuperándonos de la pandemia, estamos experimentando una guerra europea, se está presentando una recesión económica y a la par inflaciones históricas, no sólo para México, sino para los Estados Unidos y el resto del mundo, y aún con todo, la división mundial se vuelve más notoria, rompiéndose la globalización e integración que se venía dando desde los años 80.
Uno de los principales afectados ha sido Europa, principalmente la eurozona, la cual está sufriendo grandes consecuencias, derivadas por el conflicto entre Rusia y Ucrania, ya que se enfrenta a problemas de varios tipos, el primero en cuanto a escasez en granos y fertilizantes, el segundo la falta de gas y petróleo ruso, ya que el gas se vuelve indispensable no sólo en tema de producción, también para la calefacción en los hogares, y como tercer punto, y todavía más grave, es la pérdida de valor del euro frente al dólar, lo que no es para nada un tema menor que se limita sólo a un aspecto monetario, ya que se integra, el aspecto político y el orgullo europeo.
En cuanto al tema monetario de paridad, nos encontramos que el hecho de que el euro se encuentre por debajo de un dólar (algo que no había pasado en más de 20 años), generó un alza en un 400% del consumo de artículos de lujo, pero sólo de consumidores norteamericanos, desplazando a los consumidores habituales que son los asiáticos, siendo Francia el principal beneficiado con esta participación turística.
La fluctuación negativa del euro se debe a diversas cuestiones, algunas como el alza agresiva y rápida de la tasa de interés en EU, la cual fortalece al dólar y debilita al euro. Esto genera un efecto de aceleración en la caída, agravada por el temor a que el aumento de los precios del gas y petróleo vuelva más larga la crisis económica en la Unión Europea.
Lo curioso o el giro de tuercas, es que el problema, ya no es sólo la guerra, la gasera rusa “Gazprom” comentó no se encuentra en posibilidades de garantizar la operación segura del gasoducto Nord Stream (que conecta a Rusia con Alemania por debajo del mar Báltico, y de ahí se reparte el gas a toda Europa), esto gracias a la incertidumbre generada por la retención de una turbina en Canadá, lo cual es un factor exógeno y que sin duda al único que perjudica es al pueblo europeo.
La escasez genera precios elevados, y si le sumamos un euro débil, se importará más inflación ya que las compras de activos energéticos son en dólares y por ello costará mucho más importar productos que se tengan que pagar en la divisa norteamericana. Al pagar más por los productos importados, se incrementa aún más la subida de los precios y el euro seguirá perdiendo valor, mientras que por otro lado, se abaratan las exportaciones de productos y servicios de la zona del euro a Estados Unidos o a cualquiera que pague en dólares.
Si analizamos de manera muy breve a Rusia, veremos que el rublo ha sido la moneda que más se ha apreciado en todo el mundo, a la par es un país que depende poco del exterior, por lo cual, las necesidades específicas que tenga, sin ningún problema las puede resolver con China, su gran aliado.
Así que en términos reales, a Europa le conviene más acordar con Rusia y fortalecer su zona de dominio, que perderla y volverse la maquila y recreación de los norteamericanos.
