viernes, mayo 27, 2022
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Los vendedores de humo #NescimusQuidLoquitur

Por Jafet R. Cortés

Hace poco me encontré con una infografía de cierta empresa dedicada a la capacitación en Marketing, que anunciaba con bombo y platillo el mensaje “vende emociones, no productos”, como medio de potenciar la productividad de las marcas. Después de eso, describían de una forma bastante limitada –a propósito, claramente- que el producto “real” de empresas como Rolex, Coca-Cola, Spotify, Nutella, Adidas, Martini, no es lo que dan, sino lo que dicen –discursivamente- que nos dan.

Lo anterior no es una novedad, y actualmente es una estrategia recurrente para generar esas envolturas y vender cualquier clase de productos en todos los ámbitos, hasta el que está vinculado con personajes o partidos políticos.

¿Qué venden las marcas?, es una pregunta recurrente, porque claramente la Coca-Cola no vende bebidas saludables, sino que reviste su producto dañino con una envoltura de “felicidad”, de convivencia “familiar”, hasta hace lo posible por promover copas de futbol juvenil, como medio de limpiar -más que su conciencia- su imagen pública.

Así, Ferrero reviste su producto Nutella, diciendo que vende “alegría”; Rolex, diciendo que vende “status”; Spotify, diciendo que vende “inspiración”; Adidas, “motivación”. En esta orden de ideas, podríamos decir que, de alguna forma, todas estas empresas venden humo, y mucha gente termina comprándolo.

De manera tramposa, la gente que apoya este relato, divide el producto de su campaña publicitaria. La verdad es que el producto –físico- no puede desvincularse de la campaña –envoltorio- que se le dé para venderlo, aunque quieran decir lo contrario para que no choquen las notables incongruencias existentes entre estos.

Ninguna empresa pagaría una campaña publicitaria que no signifique mejorar sus números, así que en un sentido crudo, el Marketing “salvaje” busca dar menos y cobrar más, dotando un valor agregado inexistente al producto –humo- que represente –forzosamente- un incremento de las ventas.

El mercado es así. No es rentable invertir si no sirve para vender más, y eso, ¿es incorrecto?, ¿inmoral?, ¿falto de ética?, en parte podríamos decir que no, utilizando un principio general del derecho, “nadie contrata para perder”, lo que se traduce en que nadie -en su sano juicio- compraría algo si no considerara que su valor es el que va a pagar por él.

Es responsabilidad también del consumidor ser responsables de investigar qué rayos estamos comprando, si su precio concuerda con lo que nos ofrecieron y si en realidad es sano consumirlo.

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