lunes, septiembre 27, 2021
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#ObreroDelGis El valor de la palaba

Diego A. Zapata Gómez

Ahí lo miré, pensativo, con la mirada triste y con ganas de llorar. Tenía la mira fija en un lugar, a veces parecía hablar solo, se colocaba las manos en la cabeza y con movimientos decía que no. Tomaba un libro, unas hojas, se ponía a escribir algo. No le gustaba lo que escribía y desechaba el papel y decía que no. Mario, estaba concentrado en una situación que no lo dejaba tranquilo, pero no lo compartía con alguien, porque quería salir de ese problema sin apoyo. Hasta que se dio cuenta que también estaba cerca de él, así que yo seguía en lo mío y de pronto se acerca y me dice: quiero platicar contigo. Resulta que alguien le ha quedado mal, que no cumplió con lo acordado porque faltó a su palabra. Por qué hay personas que se comprometen y luego no cumplen, por qué no hay seriedad en lo que dicen, aceptan o acuerdan. Por qué no toman con toda la seriedad la palabra dada. Lo seguí escuchando y se deshaga en lo que le pasa.

No hay plata mas valiosa que la palabra dada, así decían antes. La palabra era la palabra, se cumplía porque parte de la personalidad. Hoy hay que hacer contratos para todo, hay que firmar un documento con las cláusulas bien específicas para hacer cumplir el compromiso. Porque un compromiso así de palabra ya no tiene validez ante lo social, lo familiar y lo legal. Hace tiempo, mucho tiempo para unos y no mucho para algunos, la palabra dada era lo que se tomaba como parte de tu integridad, se respetaba lo que se acordaba y no había necesidad de recurrir ante unos terceros para confirmar lo dicho. Que, si comprabas un terreno y se quedaba e el acuerdo, solo bastaba con que se dijera, se pagara y el nuevo dueño tomaba posesión y no existía ninguna dificultad.

Ahora todo está lleno de cláusulas de renta, de compra, de trabajo, de contrato, y más. Y si no leíste las famosas letras chiquitas, esto se va a poner más interesante. Porque precisamente ahí están señaladas todos los compromisos y consecuencias de ambas partes. Y si se recurre a una instancia jurídica, se presenta dicho contrato, que muchas veces dice unas palabras que terminan entendiéndose de otra manera. Y es donde nos damos cuenta de que una tilde, una coma, un punto o un signo, una palabra de más o de menos, todo se entiende de otra manera. Llegando, incluso, a una situación engorrosa de la cual queríamos evitar.

La palabra ha venido a perder credibilidad, la disponibilidad y la buena fe ya no se vale, ahora como dicen muchos, papelito habla. Se vas al registro civil y pides los requisitos de las nupcias, se te entrega una hoja con una serie de requisitos, que una vez cumplidos, se hace la solicitud y fecha del matrimonio con toda una serie de compromisos y cláusulas, que si no se cumplen hay una serie de consecuencias y de responsabilidades. Si la pareja vive bien, y de acuerdo con lo que se dice en el contrato de matrimonio, esté terminará con la muerte de algunos de los dos. De lo contrario, si con el tiempo se pide la separación o el divorcio, se señalan otras cláusulas que ambos tienen que cumplir corresponsablemente. Así que no hay salida fácil porque papelito habla.

Bien se dice que entre más población más problemas de convivencia, entre más letrado más complicado, entre más grande sea la tajada más duro es el golpe, porque no queremos perder lo que, con tanto esfuerzo y sudor, hemos conquistado. Por eso existe acuerdos que se firman en un documento y con testigos de ambas partes para que todo sea correcto y legal. Aunque algunos quieren sacar ventaja y llevar mayor agua a su molino. Escuchaba a mi abuelo decir: El día que usted vaya a hacer algo, asegúrese de hacerlo muy bien, no sea tan …  para dejar que lo pillen.

En estos tiempos, existen infinidad de acuerdos, se le llama términos y condiciones, que vienen precisamente en las famosas letras pequeñitas y es tan largo que la mayoría dice estar de acuerdo, aceptar. Basta con lo que se presenta al descargar algún servicio de internet, de compra por línea, alguna aplicación, etc., decimos que si aceptamos por la pereza para leer todos los términos y condiciones que ahí se presentan. Estamos ante un mundo donde la oferta y la demanda hace crecerá otros y obligar a otros a sus intereses. Y todo porque no queremos leer, pues de tanto estar metidos en la web no ha contagiado y queremos que todo sucede de inmediato y sin problemas, y las personas funcionamos de otra manera, precisamente porque no somos máquinas.

Y la palabra dada de voz ya no tiene validez solo la palabra escrita. La palabra dada era conocida como el fuero. Y nos recuerda a aquella acción de un funcionario que estaba encarcelado y le pidió al guardia que lo dejara salir para arreglar un asunto en su casa, que a tal hora señalada el regresaba. El guardia accedió y lo dejó salir a resolver ese asunto y precisamente a la hora comprometida el encarcelado se presenta nuevamente a su celda. Era don Fuero quien había hecho esta acción, el que había dado su palabra y la estaba cumpliendo. De ahí en adelante este termino se le aplica para todos los que cumplen una función publica y no sean juzgados. Era la palabra la que se respetaba ante la sociedad y todos conformes. Hoy en día, esta acción de fuero se entiende de una manera y se aprovecha para otras cosas. La ingenuidad de unos que creen en la palabra y la mala fe de otros en no respetar la palabra hace que se todo se ponga por escrito y se cumpla.

Familia es familia y negocios son negocios, son dos cosas que tenemos que aprender a distinguir para evitar en el futuro toda una serie de situaciones que queremos evitar. Porque también ahí se da una serie de compromisos que luego llegan a convertirse en un dolor de cabeza, que en el peor de los acontecimientos se llaga a casos muy dolorosos, y el menor de las consecuencias a un enojo o distanciamiento. Por eso es muy necesario que los términos y condiciones sean claros, breves y se pongan por escrito.

Me contaba una persona que en donde si se respeta la palabra es con los bandidos y los malandros de alto rango, porque quien entra en esas organizaciones ya no sale, su salida es un boleto para el más allá. Con ellos no hay que firmar un documento, basta con la palabra porque esta si se respetaba. Pero ahí en esos lugares es así, porque están fuera del orden y la legalidad, fuera de lo permitido. Y entre el común social las cosas se realizan dentro de la ley, lo correcto, y lo moralmente permitido.

Cumplamos con la palabra, porque eso habla bien de uno. La puntualidad, la prudencia, el respeto a lo acordado, y otros valores hablan bien de la persona. Que se diga de cada uno que tenemos la integridad como personas, que se puede confiar en uno porque somos personas de palabra. Bien decía mi abuelo, si usted ya se comprometió ahora lo cumple, la bebe o la derrama, pero asuma las consecuencias de sus acciones. Y así crecimos con ese compromiso ético y moral, personas de una sola pieza y que hasta el momento nadie nos ha señalado o diga que no somos íntegros o personas de palabra. Porque quien falla una vez, los siguientes compromisos nos hacen dudar de esa persona. Y todavía existe el descaro y desfachatez de quienes fallan, en uno es señalado como malo, falta de caridad, insensible, o una persona dura. Válgame la virgen, por favor, que ahora por ser correcto y legal soy inhumano y malo. Pero así es actualmente en donde muchos se desmoronan fácilmente y carecen de fortaleza.

Sigamos actuando así con responsabilidad y poniendo los términos y condiciones bien claros, porque somos personas integras y par evitar tragos amargos. Porque dentro de la ley todo, fuera de la ley nada. Y si dicen que somos malos, pues somos malos. Mas vale que digan que uno es malo y no que digan que pendiente con esta gente. Gracias por leer mis escritos y te pido que me envíes tus comentarios a diegoazgconrumbo@gmail.com para enriquecer mi acervo y aprendizaje, pues uno no terina aprender. Imprime a todo lo que hagas, un poco de aquello que te caracteriza, deja huella en tu pasar para que te recuerden como una gran persona.

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