- A través de una investigación experimental, César Amador Mendoza, del Doctorado en Ciencias Biomédicas, detectó alteraciones metabólicas y cognitivas en ratones
- Modelo podría contribuir al estudio de enfermedades asociadas con la obesidad
Paola Cortés Pérez / Fotos: Omar Portilla Palacios
Xalapa, Ver.- El consumo prolongado de alimentos ultraprocesados no solo favorece el desarrollo de obesidad, también puede provocar alteraciones metabólicas, inflamación y cambios en la memoria y el aprendizaje, expuso César Amador Mendoza Calles, estudiante de la decimotercera generación del Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Veracruzana (UV).
El investigador impartió la conferencia “Caracterización de un modelo de obesidad inducida por alimentos ultraprocesados en ratones CD-1 macho y hembra”, en el marco del 2º Congreso Internacional de Ciencias Biomédicas, organizado por el Centro de Investigaciones Biomédicas de esta casa de estudios.
Explicó que desarrolló un modelo experimental en ratones, los cuales fueron alimentados durante 17 semanas con una dieta basada en alimentos ultraprocesados y una bebida con sacarosa al 40 %, con el propósito de estudiar los efectos que este tipo de alimentación produce en diferentes órganos y sistemas del organismo.

Uno de los principales hallazgos fue el incremento sostenido del peso corporal y la acumulación de grasa, especialmente en la región abdominal y visceral; esta última resulta de especial interés porque distintos estudios la relacionan con el desarrollo de alteraciones metabólicas.
Durante la conferencia detalló que las hembras presentaron una mayor acumulación de tejido adiposo en la región abdominal y visceral; sin embargo, los machos desarrollaron alteraciones metabólicas más marcadas, como hiperglucemia, resistencia a la insulina y mayores concentraciones de triglicéridos y colesterol LDL, conocido como colesterol de baja densidad.
Mendoza Calles explicó que estos resultados coinciden con investigaciones que sugieren que las hembras podrían contar con mecanismos de protección frente a algunos de los efectos metabólicos de la obesidad, aunque aclaró que los procesos biológicos responsables aún continúan en estudio.

Además de las alteraciones metabólicas, el modelo animal mostró un incremento en marcadores relacionados con procesos inflamatorios y estrés oxidativo en regiones del cerebro como el hipocampo y el hipotálamo, estructuras fundamentales para funciones como la memoria, el aprendizaje y la regulación del metabolismo.
Para conocer si estos cambios tenían repercusiones en el comportamiento, se llevaron a cabo diversas pruebas cognitivas; los resultados mostraron que los animales alimentados con la dieta basada en ultraprocesados presentaron mayores dificultades para orientarse en el espacio, reconocer lugares nuevos y completar tareas de memoria espacial, mientras que el reconocimiento de objetos permaneció conservado.

El ponente destacó que este modelo experimental resulta útil porque reproduce diversas alteraciones asociadas con la obesidad mediante una alimentación basada en productos que forman parte del consumo cotidiano de la población mexicana.
“Creemos que puede ser un modelo aplicable en otros laboratorios que quieran estudiar enfermedades relacionadas con la obesidad”.
Agregó que, además del estudio del cerebro, este modelo abre la posibilidad de investigar el impacto de este tipo de alimentación en órganos como el corazón, hígado, riñones, pulmones y tejido adiposo, con el objetivo de comprender de manera más amplia las consecuencias del consumo prolongado de alimentos ultraprocesados.





