Discriminación de género permanece como desigualdad oculta: experta UNAM

Ana Buquet Corletto impartió la conferencia virtual “Ambientes tóxicos. Discriminación y violencia de género en la universidad”, organizada por el ISP de la UV
  • Ana Buquet Corletto expuso resultados de encuesta realizada en la institución que incluyó a ocho mil 400 integrantes de la comunidad universitaria 
  • La movilización de estudiantes impulsó cambios, pero persisten resistencias para aplicarlos de manera cotidiana, señaló 

David Sandoval Rodríguez 

Xalapa, Ver.- Las desigualdades de género, la discriminación y la violencia que persisten en los espacios universitarios pueden configurar ambientes tóxicos que constituyen un problema de salud pública, señaló Ana Buquet Corletto, docente del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante la conferencia virtual “Ambientes tóxicos. Discriminación y violencia de género en la universidad”, organizada por el Instituto de Salud Pública de la Universidad Veracruzana (UV). 

La investigadora presentó resultados del estudio que sustentó el libro Existencias patriarcales y los ambientes tóxicos en las universidades, a partir de una encuesta representativa de la UNAM levantada entre finales de 2019 y mediados de 2020, antes de la pandemia por COVID-19. La muestra estuvo integrada por ocho mil 400 personas, entre estudiantes, personal académico, profesores y funcionarios. 

Entre las expresiones de sexismo identificadas entre la población femenina se encontraron descalificaciones relacionadas con su comportamiento, como señalarlas de “mandonas” o atribuir sus reacciones a que “están en sus días”. 

Buquet Corletto explicó que las expresiones discriminatorias registradas en el estudio se agruparon en tres vertientes: aquellas que cuestionan la sexualidad y apariencia de las mujeres; las que las colocan en una condición de inferioridad, y las que desacreditan sus expresiones de inconformidad frente a las condiciones existentes. 

De acuerdo con los resultados expuestos, alrededor de 50 % de las estudiantes encuestadas reportaron haber experimentado al menos un tipo de agresión; entre las académicas y trabajadoras administrativas, más de 30 % de las participantes de cada grupo manifestaron haber vivido alguna de estas situaciones. 

La investigadora llamó a observar las prácticas que reproducen desigualdades en las universidades

“Es un ambiente complejo que además no se percibe de manera evidente o clara hasta que los colectivos se manifiestan y visibilizan; si no es así, pareciera que todo está tranquilo y normal en la universidad, por eso digo que son desigualdades ocultas”, precisó la investigadora. 

Señaló además que, junto con las expresiones discriminatorias, el acoso, el hostigamiento y la violencia sexual forman parte de las dinámicas que deben analizarse para comprender estos ambientes. 

Al retomar la perspectiva de la antropóloga Rita Segato, explicó que la violencia sexual no puede entenderse únicamente como una expresión de deseo, sino también como una práctica vinculada con mandatos de masculinidad y con la necesidad de demostrar determinadas conductas frente a otros hombres. 

Buquet Corletto también abordó los cambios registrados en la UNAM a partir de la movilización de mujeres organizadas dentro de la institución. Explicó que el movimiento estudiantil agrupó colectivos de 34 facultades y entidades académicas, y atribuyó a esta organización un papel decisivo en la obtención de transformaciones que, señaló, no se habían alcanzado durante décadas. 

Entre los cambios mencionó la creación de la Coordinación para la Igualdad de Género y reformas a diversos artículos del Estatuto General relacionados con el Tribunal Universitario. 

Puntualizó que la igualdad sustantiva enfrenta obstáculos institucionales, colectivos e individuales

También destacó el desarrollo de los estudios de género como campo de conocimiento y la creación de programas vinculados con estas temáticas. 

Sin embargo, señaló que los avances institucionales continúan enfrentando resistencias en la práctica cotidiana y como ejemplo mencionó que la incorporación obligatoria de materias relacionadas con la discriminación puede convertirse, en algunas facultades, en una asignatura optativa o en una actividad complementaria. 

Para la investigadora, la distancia entre las transformaciones formales y su aplicación cotidiana responde a un entramado de resistencias institucionales, colectivas e individuales. 

Desde esta perspectiva, analizar los ambientes universitarios requiere observar no solo las normas y estructuras creadas para atender las desigualdades, sino también las prácticas y relaciones que se mantienen dentro de las comunidades académicas. 

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