Mortandad de primates, señal de alerta ante la crisis climática

Las investigadoras instaron a observar las transformaciones ocurridas en los ecosistemas
  • Investigadoras de la Universidad Veracruzana plantearon fortalecer el monitoreo de condiciones de fauna silvestre, y la creación de protocolos para responder a futuras emergencias  
  • La situación adversa reveló transformaciones en los ecosistemas, y la importancia de incorporar el conocimiento de las comunidades para atender crisis

Texto y fotos: Carlos Hugo Hermida Rosales 

Xalapa, Ver.- La crisis de calor y sequía del 2024, que causó la mortandad de más de 300 monos saraguatos principalmente en Tabasco, expuso los efectos del estrés hídrico en la fauna silvestre. Al respecto, investigadoras de la Universidad Veracruzana (UV) enfatizaron que responder a futuras emergencias climáticas exige protocolos de atención, sumar esfuerzos interdisciplinarios y valorar el conocimiento de las comunidades locales. 

Al participar en el conversatorio “Primates con sed. Lo que los primates nos cuentan sobre el cambio climático”, realizada en una cafetería del centro de Xalapa, las expertas explicaron que las variaciones en las temperaturas pueden modificar de modo significativo el comportamiento de los animales y convertirse en una señal de alerta del estado de los ecosistemas. 

Montserrat Franquesa Soler, investigadora postdoctoral del Instituto de Neuroetología, detalló que ante el incremento de clima y la disminución de agua los primates buscan estrategias para regular su calor corporal. “Entre las primeras respuestas observadas se encuentra el descenso hacia estratos inferiores del bosque, donde existen condiciones más frescas”, precisó.  

No obstante, durante episodios extremos como el registrado en 2024, algunos ejemplares llegaron a desplomarse y caer al suelo mientras buscaban fuentes de hidratación. 

Franquesa Soler explicó que los primates pueden funcionar como indicadores de las condiciones de los bosques

La especialista comentó que los primates pueden funcionar como indicadores de la salud de los bosques, por su estrecha relación con los recursos disponibles en estos ecosistemas; sin embargo, su presencia no necesariamente significa que este hábitat se encuentre en buenas condiciones, debido a su capacidad de adaptación y supervivencia incluso en fragmentos reducidos de vegetación. 

A su vez, María del Socorro Aguilar Cucurachi, titular de la Dirección de Comunicación de la Ciencia, enfatizó que la crisis de 2024 coincidió con un periodo de temperaturas extremas, incendios y problemas de disponibilidad de agua en distintas regiones. 

Ello afectó tanto a las comunidades humanas como a la fauna silvestre, y en el caso de los monos, el estrés provocado por la falta del vital líquido y las condiciones ambientales extremas ocasionó que algunos animales cayeran de los árboles, lo cual permitió dimensionar la gravedad del fenómeno. 

Aguilar Cucurachi destacó la respuesta de habitantes locales ante la crisis

“Esta situación nos dice que algo pasa y tenemos que prepararnos para futuras crisis”, manifestó la investigadora, pues episodios de este tipo podrían repetirse en escenarios de mayor presión climática. 

Aguilar Cucurachi destacó que, ante la emergencia, habitantes de las comunidades cercanas al hábitat de los primates fueron los primeros en intervenir: colocaron recipientes con agua en los árboles y habilitaron estructuras para facilitar que pudieran acceder al líquido.  

Asimismo, surgió una unión entre primatólogos, veterinarios, biólogos y profesionales de distintas áreas para investigar las causas de la mortandad y generar estrategias de prevención, que derivó en la elaboración de un artículo científico con 31 participantes, con el objetivo de documentar lo ocurrido y establecer acciones para protocolizar la atención de futuros escenarios.  

Al conversatorio asistió público de todas las edades

Entre las medidas planteadas se encuentra mantener un monitoreo sistemático y de largo plazo sobre la salud de las poblaciones de monos, reforzar la investigación e incorporar los conocimientos de las comunidades locales a las estrategias de preservación. 

Ambas especialistas resaltaron que la crisis vivida por los primates no debe entenderse únicamente como un problema de conservación, sino como una señal que permite observar las transformaciones ocurridas en los ecosistemas, y la necesidad de fortalecer la preparación social y científica ante futuras contingencias. 

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