- Ingrid Richter, investigadora del Instituto Politécnico Nacional impartió el seminario científico virtual “Mediators in a plant pathogenic bacterial-fungal symbiosis”
- Fue organizado por el Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada (Inbioteca) de la Universidad Veracruzana (UV)
- “Los hongos pueden albergar bacterias en su interior, aunque el fenómeno ha sido poco analizado”, comentó la experta
Carlos Hugo Hermida Rosales / Fotos: Luis Fernando Fernández
Xalapa, Ver.- “Las interacciones entre bacterias y hongos conforman un campo que, aunque es poco visible, tiene implicaciones profundas en la salud, la agricultura y el equilibrio de los ecosistemas”, mencionó Ingrid Richter, de la Unidad de Genómica Avanzada del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.
La investigadora impartió el seminario científico virtual, “Mediators in a plant pathogenic bacterial-fungal symbiosis”, que fue organizado por el Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada (Inbioteca) de la Universidad Veracruzana (UV).
“El interés por las relaciones entre hongos y bacterias no es reciente, pues uno de los primeros antecedentes se remonta a 1928, cuando Alexander Fleming descubrió la penicilina”, compartió la experta.
Este hecho evidenció que un hongo era capaz de inhibir el crecimiento bacteriano, lo cual marcó el inicio del entendimiento de las interacciones de microorganismos.

Ingrid Richter puntualizó que las relaciones entre hongos y bacterias van más allá de la inhibición, ya que ciertas combinaciones pueden causar infecciones en cultivos y provocar pérdidas económicas importantes, incluso a nivel global.
Al abordar las interacciones positivas, la investigadora destacó el mutualismo, como ocurre con las micorrizas, asociación biológica de hongos y plantas donde ambos se benefician, ya que los primeros facilitan la absorción de nutrientes y las segundas les proporcionan carbohidratos esenciales.
Igualmente, habló de la endosimbiosis, proceso evolutivo donde un organismo habita dentro de otro, que es clave en el desarrollo de la vida compleja porque dio origen a estructuras celulares primordiales como las mitocondrias y los cloroplastos.
“Tiene un papel fundamental en organismos actuales: la microbiota intestinal humana depende de bacterias que contribuyen a la digestión y muchos insectos no podrían sobrevivir sin sus microorganismos internos”, precisó.

La experta puntualizó que los hongos también pueden albergar bacterias en su interior, aunque el fenómeno ha sido poco analizado; algunos grupos de ellos contienen una alta variedad de endosimbiontes que influyen en su biología.
“Un ejemplo relevante es Rhizopus microsporus, espécimen que habita en el suelo, participa en la descomposición de materia orgánica y posee aplicaciones en la industria biotecnológica, pues contiene bacterias del género Mycetohabitans, cuyos genomas reducidos conservan genes clave para los metabolitos secundarios.”, comentó.
Ingrid Richter destacó que por muchos años se creyó que la rizoxina, sustancia con capacidad de afectar células eucariotas al interferir con sus estructuras internas, era producida por la especie de hongo arriba citada, cuando en realidad es sintetizada por bacterias.
“Esta toxina elimina depredadores microscópicos como amebas y nematodos, acción clave para la supervivencia en entornos naturales”, enfatizó.





