“He gozado de una inmensa suerte que poco tiene que ver con el mérito ni con el talento”: Javier Marías

  • Eso escribió Javier Marías en la última columna para EL PAÍS, en un homenaje a los traductores, recuerda el medio de comunicación madrileño.
  • El escritor, traductor y académico falleció a los 70 años de edad, víctima de una afección pulmonar.

Nidia Miles

“No puedo sentir nostalgia de mis años de traductor. Me ha ido mucho mejor con mis novelas. He gozado de una inmensa suerte que poco tiene que ver con el mérito ni con el talento. Y aun así, aun así… Recuerdo cómo me satisfacía y emocionaba ‘reescribir’ en mi lengua un texto mejor que ninguno que yo pudiera alumbrar”, escribió Javier Marías en el último artículo para EL PAÍS, el diario madrileño en el que colaboró por muchos años.

Este domingo, a los 70 años de edad, víctima de una afección pulmonar, el escritor, traductor, académico y miembro Real Academia de la Lengua Española desde el 27 de abril de 2008, perdió la vida, dejando un invaluable legado literario.

Fotografía tomada de Facebook.

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, fue profesor de Literatura Española y Teoría de la Traducción en la Universidad de Oxford (1983-1985), en el Wellesley College de Massachusetts (1984) y en la Universidad Complutense de Madrid (1986-1990). Era caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. En 2000 creó el sello editorial Reino de Redonda.

Traductor de El espejo del mar, de Joseph Conrado; Tristram Shandy, de Laurence Sterne y La religión de un médico y El enterramiento en urnas, de Sir Thomas Browne, las que consideró los textos más difíciles de su vida, Javier Marías decantó por la novela a la que se consagró de lleno al final de su vida.

Los seis libros, para entender al autor, dice El País, son Corazón tan blanco (Anagrama, 1992); Todas las almas (Anagrama, 1989); Berta Isla (2020); Negra espalda del tiempo (Alfaguara, 1998); Tu rostro mañana (Trilogía, Alfaguara, 2002-2007) y Pasiones Pasadas (Anagrama, 1991).

“Marías es una de las voces imprescindibles, más potentes, sólidas y singulares de la narrativa española del último medio siglo”, escribió Ana Belén García Flores de RTVE.

De carácter enérgico y socarrón, este madrileño de Chamberí amaba las paradojas y el cálculo afinado. Su discurso de ingreso en la RAE en 2008, donde definió su particular visión del oficio de novelista, será recordado por su lucidez porque para Marías «narrar hechos reales es imposible» porque «sólo se puede contar cabalmente lo que nunca ha sucedido, lo inventado e imaginado».

El escritor le restaba ínfulas a una profesión que consideraba «pueril» en «un permanente tanteo en el que la lengua tergiversa la realidad, un perpetuo amago condenado a no dar en el blanco». No en vano, los personajes de sus novelas desde 1986 siempre son intérpretes o traductores, «personas que han renunciado a sus propias voces», decía.

“Murió el gran escritor español Javier Marías. Era muy polémico y de calidad inigualable. Les recomiendo mucho leer su obra”, escribió en Facebook Jairo Antonio López este domingo, citándolo: «…aun así nada de eso se volverá a repetir, y por consiguiente llegará un momento en el que haber estado juntos será como no haberlo estado, y haber descolgado el teléfono como no haberlo hecho, y habernos atrevido a hablaros como haber callado».

A su vez, otro cibernauta, Edgar Krauss, cita también en esta red social, un encuentro que tuvo en México con el escritor:

“Una vez tomé café con Javier Marías hace como veinte años. Era yo un jovenzuelo preguntón y trabajaba en la librería el Parnaso de Coyoacán”.

“La editorial Alfaguara lo había traído a México para promover su obra y les propuse una firma de libros en El Parnaso. Para que no estuviera solo en una mesa en medio de la librería, lo acompañé con un café mientras charlábamos. Se acercaron solamente dos o tres personas a pedirle su autógrafo. Javier Marías sabía todo de la literatura inglesa y lo estuve interrogando sobre Tristram Shandy, que él tradujo, y sobre otros temas de la literatura moderna”.

“Me firmó un libro, que de los suyos es mi favorito: “Vidas escritas”, que es una asombrosa colección de semblanzas biográficas en sus calamidades y manías, de Stevenson, Madame Du Deffand, Joyce, Wilde, Mishima, Gertrude Stein y Rimbaud, entre varios otros. Leí también sus novelas y libros de ensayos, como ese donde visita una “librería” de viejo en Buenos Aires, llena de joyas y rarezas. Al final resultó que era la biblioteca personal de un bibliófilo veleidoso que disfrutaba la codicia que despertaban sus tesoros, a puerta abierta. Una maravilla de crónica”.

“Las ideas políticas de Javier Marías se quedaron en el siglo XIX y, a pesar de toda su erudición, fue incapaz de comprender al siglo XXI, por lo que sus opiniones se volvieron abiertamente vetustas e incluso rancias. Sospecho -sin fundamentos- que no le gustaba mucho la democracia y que más bien era monárquico, al igual que su amigo Álvaro Mutis. Dos enormes talentos literarios con ideas sociales anacrónicas”.

“Era de modales finos. De voz discreta y bien modulada. Adiós, Javier Marías”, concluye Krauss, con la fotografía autografiada del autor.

Descanse en paz Javier Marías.

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