
- La obra historiográfica de Bernardo García Díaz, del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la UV, en coautoría con José Antonio Ruiz Jarquín, jefe de del Departamento de Museología del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos
- El libro recupera el papel de trabajadores y mujeres, así como el impacto de guerras y cambios políticos en la obra ferroviaria
- Fotografías, mapas, planos y otras imágenes permiten analizar las ideas de progreso y modernidad en el México del siglo XIX
Paola Cortés Pérez / Fotos: Omar Portilla Palacios
Xalapa, Ver.- La construcción del Ferrocarril Mexicano fue mucho más que un proyecto de infraestructura: estuvo vinculada con las transformaciones políticas, económicas, sociales y tecnológicas que experimentó México durante el siglo XIX, así como con las guerras e intervenciones extranjeras que marcaron ese periodo, destacó Bernardo García Díaz, investigador del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la Universidad Veracruzana (UV) y coautor, junto con José Antonio Ruiz Jarquín, del libro La construcción del Ferrocarril Mexicano: El precursor.
La obra fue presentada por Cynthia García Martínez, doctora en Historia Moderna y Contemporánea e investigadora postdoctoral del Instituto de Investigaciones “Doctor José María Luis Mora”; Elissa Rashkin, investigadora y coordinadora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la UV, y Bernardo García Díaz.
En el Auditorio “Gonzalo Aguirre Beltrán” del IIH-S, sede de la presentación, Bernardo García dijo que el libro reconstruye la historia de esta infraestructura ferroviaria a partir de una amplia selección de pinturas, fotografías, grabados, mapas y planos, que permiten recorrer sus antecedentes en Europa, su llegada a América y las distintas etapas de su construcción en México.
El investigador contó que mientras en Inglaterra y Cuba el ferrocarril comenzó a desarrollarse desde las primeras décadas del siglo XIX, en México todavía se utilizaban recuas de mulas para trasladar mercancías desde el puerto de Veracruz hacia el interior del territorio. El proyecto ferroviario mexicano comenzó en la década de 1840, pero enfrentó enormes dificultades: los primeros 11 kilómetros requirieron ocho años de trabajo, debido a las condiciones insalubres del puerto, la falta de materiales y las enfermedades que afectaron a los trabajadores.
A estos obstáculos se sumaron las guerras y las intervenciones extranjeras: durante la guerra entre México y Estados Unidos fueron afectadas las primeras instalaciones ferroviarias y, posteriormente, la intervención francesa volvió a complicar el desarrollo del proyecto; por ello, el libro entrelaza la historia del ferrocarril con los acontecimientos políticos y militares de México y del contexto internacional, explicó García Díaz.

Entre los personajes que forman parte de este recorrido destacó a Manuel Escandón, empresario que, pese a sus intereses económicos, comprendió la necesidad de impulsar el ferrocarril para movilizar las riquezas del país. También recordó los primeros tramos construidos, el de Veracruz a El Molinito y el que comunicó la Ciudad de México con la Villa de Guadalupe.
Asimismo, destacó la riqueza visual con obras de artistas como José María Velasco y Casimiro Castro, así como fotografías de autores nacionales y extranjeros, que en su conjunto permiten observar las grandes obras de ingeniería, así como los paisajes de Veracruz y la región montañosa, incluidos sitios como Maltrata, Metlac y Atoyac.
El investigador resaltó que el ferrocarril mexicano llegó a alcanzar aproximadamente dos mil 400 metros sobre el nivel del mar, lo que representó un importante reto tecnológico para la época.
Uno de los principales propósitos del libro, señaló, es reconocer a los miles de trabajadores que hicieron posible materialmente la obra. Cerca de 10 mil personas participaron en la construcción, enfrentando accidentes, enfermedades y terrenos de gran complejidad con herramientas rudimentarias; a ellos se sumaron las mujeres que sostuvieron la vida cotidiana de las cuadrillas, particularmente mediante la preparación de alimentos.
Para García Díaz, recuperar esta historia es un homenaje a quienes participaron en la construcción del ferrocarril y a la capacidad de México para concretar una obra de esta magnitud en uno de los periodos más complejos de su historia.
Finalmente, destacó que la publicación es resultado de un trabajo colectivo en el que participaron investigadores, colaboradores, diseñadores y personal de imprenta, además del respaldo de instituciones que hicieron posible su realización.

Recuperar la dimensión humana del ferrocarril
Cynthia García Martínez destacó que la obra permite comprender cómo fue posible desarrollar un proyecto de esta magnitud durante un siglo marcado por crisis económicas, conflictos políticos, guerras e intervenciones extranjeras y limitaciones tecnológicas.
Señaló que el libro amplía la mirada tradicional sobre el ferrocarril mexicano al incorporar a los trabajadores que hicieron posible materialmente la construcción, así como testimonios de la época que permiten acercarse a sus condiciones de vida y a distintos aspectos de la cotidianidad durante el desarrollo de las obras.
La historiadora también resaltó la inclusión de las mujeres, cuya participación suele quedar relegada en las narraciones históricas sobre el ferrocarril, y agregó que recuperar su presencia permite ampliar la comprensión de las dinámicas sociales que acompañaron el proyecto.
Otro de los aportes que enumeró fue la utilización de una amplia variedad de fuentes visuales, entre pinturas, grabados, litografías, fotografías, mapas y planos; estos materiales permiten observar la transformación de los paisajes y las dificultades que implicó atravesar zonas naturales.

Así, la obra permite mirar acontecimientos ampliamente conocidos de la historia nacional desde otra perspectiva, al mostrar cómo las guerras, los cambios políticos y otros procesos históricos incidieron directamente en el desarrollo del ferrocarril mexicano, compartió García Martínez.
El ferrocarril transformó también la manera de mirar México
Elissa Rashkin centró su participación en la relación entre ferrocarril y fotografía, y en la manera en que ambos contribuyeron a transformar la representación del territorio mexicano.
Explicó que la expansión ferroviaria coincidió con el desarrollo de otras tecnologías de transporte y comunicación, como los barcos de vapor y el telégrafo, y posteriormente el automóvil, el avión, el cine y la radio. En este contexto, el ferrocarril facilitó el desplazamiento de los fotógrafos hacia regiones que anteriormente eran difíciles de recorrer.
Las fotografías permitieron registrar puentes, túneles, estaciones y otras obras de ingeniería, paisajes, comunidades y aspectos de la diversidad geográfica del país. Para Rashkin, estas imágenes tuvieron funciones geográficas, etnográficas, arquitectónicas y científicas, además de contribuir a construir determinadas representaciones sobre México.

La investigadora destacó que las fotografías circularon mediante la prensa ilustrada, las postales y otras publicaciones, de manera que el ferrocarril no solo modificó físicamente el territorio, sino que al mismo tiempo generó nuevas formas de observarlo y conocerlo.
Asimismo, señaló que las imágenes permiten identificar aquello que se privilegiaba como representación del progreso; mientras los puentes, túneles, estaciones y grandes obras de ingeniería adquirían protagonismo, los trabajadores que hicieron posible su construcción aparecían con menor frecuencia.
Planteó que el material visual reunido en el libro debe entenderse más allá de su función ilustrativa: constituye una fuente para analizar cómo se construyeron imágenes relacionadas con el progreso, la modernidad, el paisaje y la nación mexicana.
Cabe mencionar que el libro La construcción del Ferrocarril Mexicano: El precursor es el primer volumen de una obra más amplia; en el segundo tomo se abordarán las transformaciones producidas por el ferrocarril en las décadas posteriores a su inauguración, incluidos procesos como la Revolución mexicana, las celebraciones por el cincuentenario del ferrocarril en 1923, el proyecto de electrificación, su estatización durante el gobierno de Miguel Alemán y la privatización de 1995.
Por lo tanto, la obra propone recuperar la historia del ferrocarril mexicano como un proceso en el que confluyeron tecnología, trabajo, política, conflictos internacionales, transformación territorial y nuevas formas de mirar y entender México.




