Por Atanasio Hernández
Hay que reconocer que para hacer el ridículo hay que tener mucho ego y también valentía, así que Héctor Yunes Landa tiene un punto a su favor al protagonizar un triste acto al tomar protesta como líder estatal de un nuevo partido… No cualquiera tiene el valor de organizar una ceremonia para anunciar que llegó la gran alternativa de Veracruz cuando la realidad se encargó de mostrar que ni siquiera llegó acompañado de una verdadera fuerza política. Más que el arranque de un movimiento, pareció una reunión de quienes siguen buscando dónde acomodarse después de que las puertas conocidas comenzaron a cerrarse.
Héctor Yunes, con esa confianza inagotable que caracteriza a los políticos que nunca aceptan que los tiempos cambiaron, decidió presentarse nuevamente como la respuesta que Veracruz estaba esperando. El pequeño detalle es que Veracruz nunca levantó la mano para pedirlo.
El ex priista de toda la vida ahora aparece con otro membrete, como si cambiarle el nombre al partido fuera suficiente para borrar décadas de trayectoria, derrotas y desgaste político. El chapulineo en la política no sorprende a nadie; lo verdaderamente complicado es convencer a los ciudadanos de que el chapulín ahora trae una causa nueva.
Y para una supuesta «Alianza Generacional», vaya que faltó generación. Lo que sobró fueron rostros conocidos, personajes que han recorrido oficinas, partidos y grupos políticos buscando mantenerse vigentes. Ahí apareció Luz Baxzi García, hija de Nino Baxzi, uno de esos nombres ligados a las viejas estructuras sindicales del puerto que parecen tener la capacidad de sobrevivir a cualquier cambio de colores.
Héctor Yunes podrá presumir una nueva bandera, una nueva dirigencia y un nuevo proyecto, pero hay algo que no se consigue con una asamblea ni con un registro electoral: seguidores.
Porque un líder no se proclama a sí mismo. Lo reconocen los demás. Y pues ya, desde el primer día, se mostró que nadie lo apoyará.





