Sergio Pitol fue un “viajero incansable”: Mario Muñoz

Mario Muñoz compartió con las y los asistentes anécdotas personales producto de su amistad con el escritor
  • Su literatura es, en sí misma, un mapa de la cultura universal, expresó el director de la revista La Palabra y el Hombre de la Universidad Veracruzana (UV) 
  • El escritor veracruzano fue recordado a través de una conferencia que destacó su legado literario y trayectoria internacional 
  • El Teatro Ignacio de la Llave, de la ciudad de Orizaba, albergó el homenaje 

Eduardo Cañedo Lomán

Orizaba, Ver.– El legado literario de Sergio Pitol, su trayectoria internacional y la vigencia de su obra en la cultura contemporánea, fueron recordados por Mario Muñoz, director de la revista La Palabra y el Hombre, en el marco de un homenaje realizado en la región Orizaba-Córdoba de la Universidad Veracruzana (UV). 

Como parte de la conferencia “Vida y obra de Sergio Pitol”, el académico universitario hizo un recorrido por los inicios bibliográficos del autor veracruzano, compartió reflexiones sobre el humanismo que le caracterizó y el compromiso institucional que mantuvo hasta sus últimos días. 

La organización de este homenaje estuvo a cargo de la UV y el Seminario de Cultura Mexicana, reafirmando el interés compartido por descentralizar la cultura y llevar el conocimiento a diversos puntos del estado. 

El encuentro se realizó en el Teatro “Ignacio de la Llave” de Orizaba, donde se congregaron integrantes de la comunidad intelectual y académica de la región. Mario Muñoz, quien compartió décadas de labor editorial y una amistad cercana con el Premio Cervantes, inició su intervención situando a Pitol –nacido en 1933– como un “viajero incansable”, cuya literatura es, en sí misma, un mapa de la cultura universal. 

 Explicó que la obra de Pitol, uno de los personajes más importantes de la literatura en lengua española, no puede entenderse sin su paso por el servicio exterior en países como Polonia, Hungría y la antigua Unión Soviética, experiencias que nutrieron su Trilogía de la memoria -considerada la cumbre de su madurez literaria-, integrada por El arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005). 

Asimismo, destacó su consolidación como un traductor refinado de obras literarias, actividad que lo llevó, de manera accidental, a escribir sus primeros cuentos. A finales de los años 50, mientras buscaba mejorar sus condiciones económicas y aceptaba la encomienda de traducir una obra, surgió en él el impulso de desarrollar sus propias ideas, dando como resultado relatos como Victorio Ferri cuenta un cuento, marcando así el nacimiento de Pitol como cuentista.

En el 2018, año de su muerte, la UV recibió en donación –conforme a su testamento– su biblioteca personal

Sergio Pitol consolidó gran parte de su visión del mundo a través de una extensa trayectoria en el extranjero, donde combinó su labor literaria con la diplomacia cultural. Durante casi tres décadas, residió en diversas capitales europeas y asiáticas, desempeñándose como agregado cultural y embajador en países como Polonia, Hungría, Checoslovaquia y la antigua Unión Soviética. 

Mario Muñoz explicó que estas estancias no fueron simples periodos de residencia, sino etapas de formación profunda, en las que Pitol se sumergió en las tradiciones locales, marcando de forma definitiva su narrativa y convirtiendo el viaje y la convivencia con otras culturas en el eje central de sus crónicas y novelas. 

En cuanto a su producción literaria, el ponente describió la trayectoria de Sergio Pitol como una construcción paciente que abarcó desde el relato breve hasta la novela y el ensayo híbrido. Destacaron las obras El tañido de una flauta y Juegos florales, las cuales forman parte de un universo narrativo complejo que explora la identidad y la memoria.  

Subrayó que fue en su célebre Trilogía de la memoria donde el autor alcanzó su máxima madurez, al fusionar la crónica de viajes con la crítica literaria y la autobiografía. 

Para finalizar, Mario Muñoz habló sobre la evolución de su escritura, señalando que Pitol transitó de un estilo inicial denso y, en ocasiones, opresivo, a un lenguaje mucho más fluido y accesible, lo que permitió acercar su obra a diversos públicos sin perder su profundidad intelectual. 

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