Reflexionan en Semanario Alégrate sobre el relativismo de nuestra época en donde “cada uno tiene su verdad”

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Hemos perdido la conciencia de ser un cuerpo, formado por distintos miembros, cada uno con una misión, con un llamado, hoy cada uno quiere ser el todo. Nos hemos desvinculado de la realidad. Cada uno tiene su verdad. El relativismo rampante que está promoviendo una torre de Babel dónde ya no hay un suelo común donde ponernos de acuerdo, así lo asegura Pilar Grinda, de “Mujeres de acción ciudadana” en un artículo que ha circulado este fin de semana en el Semanario Alégrate, órgano informativo de la Arquidiócesis de Xalapa.

“Es el imperio de la subjetividad, la inteligencia ha perdido su objeto y la voluntad se encuentra ciega. Una voluntad ciega no tiene más que volverse sobre sí misma, el voluntarismo se convierte así en principio de acción y de bien. Lo que yo quiero es la norma de la acción, la vida se vuelve una serie de pulsiones inconexas basadas únicamente en deseos personales sin ninguna verificación de si estos me conducen a mi bien y a mi desarrollo personal. Desvinculación generacional”, añade la articulista.

Con el titular “El reto cultural que enfrentamos”, la católica comenta que hace unas semanas tomó una clase vía internet, de un diplomado sobre Teología del Cuerpo, ofrecido por el Instituto Juan Pablo II con sede en la Universidad Anáhuac y el profesor Alejandro Landero hizo un análisis sobre el reto cultural que enfrentamos actualmente; me pareció una síntesis muy iluminadora y que quisiera compartir con ustedes.

Este análisis es del profesor siguiendo a autores como Juan Pablo II y Josep Miro y condensa el meollo de la crisis que enfrentamos en todos los ámbitos en la pérdida de los vínculos. La primera desvinculación del hombre de hoy es de la creatura con su Creador. La tentación del Génesis continúa en nuestros días, donde el ser humano quiere ser como Dios, dándose a sí mismo las normas de comportamiento sin ninguna referencia a Él.

La siguiente desvinculación es con la religión; ya no se percibe como parte de un pueblo que camina hacia la salvación, sino que piensa que la Iglesia es un conjunto de normas que limitan su libertad.

Es normal que cada generación reciba el bagaje cultural de la anterior, cribe lo que no desea conservar y guarde y transmita los valores que continúan siendo significativos e importantes, el problema actual es que todo se desecha, se ha perdido la capacidad de conservar, nada tiene valor, hay especial interés en deconstruir todo, siguiendo la ideología marxistacomunista. De aquí llegamos a una desvinculación que tiene grandísimas consecuencias sociales que es la desvinculación entre los sexos. El hombre y la mujer no se ven más como

dos personas complementarias, dando paso a la confrontación y la lucha. La desvinculación de la pareja, trae como consecuencia la del matrimonio y la de la familia. Cuando no se puede definir lo que es el matrimonio y se quitan los fines a este, dejándolo solo como una unión afectiva, puede ser entonces ser cualquier realidad.

Parece que existiera una renuncia al amor, al amor verdadero, al amor auténtico, al amor comprometido, la causa, todas estas desvinculaciones, la solución, recomponer los vínculos.

El reto que tenemos por delante es enorme, pero hay algo que no podemos olvidar: Vivimos en la plenitud de los tiempos. Hace solo unos días, hemos celebrado el misterio de nuestra redención, acabamos de celebrar la resurrección de Jesucristo que nos llena de esperanza, estamos todavía en tiempo de Pascua, vivimos en ese tiempo, eso es la plenitud de los tiempos. Cristo ha realizado la obra de nuestra salvación dejando sellado un vínculo irrompible con cada uno de nosotros, vínculo a partir del cual, pueden reconstruirse todos los demás, concluye la autora.

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