Concluye Mario Jesús Gaspar Cobarruvias la expedición 2021 del Camino Real, de Perote a Veracruz

Por L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, jefe y guía

Diciembre 21, 9:30 PM.

Tal como estaba programado, a las 9:00 AM nos reunimos en el parque junto a la calle Camino Real en Veracruz, para atacar el último tramo de 12 kilómetros hasta nuestra meta en el malecón de Veracruz.

Esta vez solo participamos Pedro Uziel Rosas Morales y yo, porque Ana María Andrade Rodríguez se encontraba sufriendo de fuertes dolores en la cintura y una pierna derivados posiblemente del exceso de peso de su equipo durante tantos días de marcha.

Sin embargo, nos esperaría en el centro histórico donde nuestra marcha sería más lenta y de solo 2 horas. Antes de partir, nos pasó a saludar nuestro estimado amigo Fernando Tinoco y entre las cosas que conversamos, fue la recuperación que se hizo de la laguna adjunta al parque, lo que hizo posible que se llenara permanentemente de agua y hubiese animalitos en ella.

Aunque está presente el riesgo de los desechos por los varios ductos que desembocan en ella y están a la vista en la parte alta de las orillas. Tras revisar el equipo y contestar los mensajes que necesitaban respuesta inmediata, iniciamos la marcha. Cómo Pedro ya es miembro del equipo EXESCR y porta nuestra insignia, le obsequié su vara de caminante, hecha con dura madera de encino de la barranca de Angostillo.

Tras probarla y aconsejarle que la acorte a la medida adecuada, caminamos siguiendo la calle Camino Real y captando todo lo necesario de su estado actual. La sección entre la bajada al río Medio y la cuesta que baja del FOVISSSTE, está bien pavimentada y su tránsito no presenta problemas.

Cuando llegamos a la cuesta que se halla sin obra alguna, grabamos el descenso pues este paraje solitario es muy representantivo de como fue la ruta antes del descomunal poblamiento hacia el noroeste de la ciudad de Veracruz a partir de la década de 1940.

Arriba de la cuesta hay buena urbanización pero abajo se percibe claramente un desarrollo que va disminuyendo: encontramos unos cientos de metros con empedrado de piedra bola de río, que podría parecer colonial, pero que en realidad fue hecho hace unos 30 años para consolidar la calle, se nota que la obra ayudó pero quedó incompleta.

Conforme seguimos bajando, las placas de nombre de calles indican ya no la calle Camino Real sino la Camino Real a La Antigua (una reminiscencia del siglo XVIII). Y nos adentramos por un camino real que se va achicando progresivamente al pasar de cuadras con casas normales y con un ancho amplio, a construcciones humildes levantadas con madera, lámina y otros materiales sencillos.

 

Se trata de colonias que nacieron invadiendo en parte el camino real, reduciendo su anchura hace ya más de 40 años. Y han progresado parcialmente, pues se ven desde casas de material bien consolidadas hasta casas de madera, que por su proximidad, convierten la calle Camino Real en un callejón estrecho en dos puntos.

La gente nos mira pasar con curiosidad -nuestras varas de caminante siempre la despiertan- y nosotros saludamos cordialmente a todos los vecinos, tan porteños como las picadas de salsa roja y las empanadas de queso, que aquí son un elemento muy común para desayunar. Nos llaman la atención varias sencillas capillas a la Virgen de Guadalupe rodeadas de flores doradas.

Al detenerme a fotografiarlas, un grupo de señoras y niños me preguntan si se va arreglar la calle (mi overol, independiente del color que sea, siempre causa que me confundan con empleado de Obras Públicas o de alguna dependencia de gobierno, y aunque eso hace que me traten con cierta deferencia, nunca he abusado de ello porque no es ético burlarse ni aprovecharse de la necesidad de nuestros conciudadanos).

Así paramos e iniciamos una cordial invitación y conocemos más de cerca a quienes habitan a orillas del camino real dentro del área metropolitana de la ciudad. Cómo buenos jarochos nos tratamos familiarmente, con cordialidad y fluidamente pasamos de un tema grande a los pequeños del mismo tópico, al contrario de otras poblaciones donde un tema se mezcla con otros que nada tienen que ver, haciendo una mezcolanza de datos útiles para un chismoso pero inútiles para arreglar un trámite o asunto formal, además de poner a prueba la paciencia de uno.

Así nos enteramos que hay inquietud de que si se arregla un día la calle Camino Real se tengan que mover algunas viviendas que invaden su trazo. Por otra parte, los vecinos no desconocen del todo la importancia de vivir sobre esta ruta histórica y están orgullosos de eso.

Además la colonia o esta parte de la misma, son muy guadalupanos y arreglan sus capillas desde el 10 de diciembre. Una señora que vivió hace hace años en Perote conoce el camino real de allá y tiene 35 años viviendo en el de Veracruz, es quien mejor aprecia la travesía de más de 200 kilómetros que estamos realizando. Incluso recuerda el paso de nuestra otra expedición el 9 de diciembre de 2017 en dirección opuesta. Les explico algunos detalles y les obsequió trípticos que aún nos quedan tras repartirlos por toda la ruta. Me promete darse de alta en Facebook y seguir nuestro trabajo.

Finalmente nos despedimos y tras saber que estamos recorriendo el último tramo de nuestro itinerario, nos desean la mejor de las suertes y así con la bendición del pueblo indudablemente bueno y a veces sabio, continuamos. Otro detalle que notamos es la abundancia de charcos de agua en los suelos sin pavimentar y de perros de todos tamaños, razas y colores.

Sin embargo, nuestro paso es tranquilo, pues nadie nos detiene ni nos importunan con provocaciones (simples bravatas de borracho o afectados mentalmente) o tonterías como nos pasó en otros lugares.  Así Pedro y yo llegamos hasta la avenida Rafael Cuervo con su intenso tráfico pues es la entrada norte a Veracruz, reemplazando al viejo camino real que corta de lado a lado.

Al otro lado vemos un panorama muy distinto de una colonia bien construida subiendo una pequeña cuesta y con un alto muro separando una seccion alta y otra baja. Es la colonia Playa Linda. Aquí todo es amplio, muy aireado y a diferencia de calles abajo, no llamamos la atención. Caminamos hasta llegar al puente que permite el cruce de vehículos sobre el arroyo de Vergara, donde el Consulado de Veracruz construyó un puente de mampostería al mismo tiempo que en el de Río Medio y con dimensiones similares entre 1805 y 1812, pero ya no queda ningún vestigios de el.

En su lugar hay una gruesa estructura con 4 ductos circulares de gran tamaño. Y enfrente un puentecito de metal amarillo para peatones. Proseguimos y como ya llevamos casi dos horas de camino y no he desayunado, me detengo en una casa que ofrece antojitos y una mesa adentro de su sala. Tras pedir los precios y lo que hay disponible, ordeno 2 quesadillas dobles de jamón y queso, y aprovecho para avisar a Ana María que estamos por dejar la calle Camino Real para enfilar hacia el centro histórico.

Todo transcurre en paz y desembocamos en una calle donde explico a Pedro que ya no se sabe exactamente por dónde venia el camino real, si por lo que hoy es la avenida Rafael Cuervo, si por la Cuauhtémoc o como es mi teoría, por un sendero ya desaparecido cercano a la playa. Bajamos a la avenida y enfilamos por el camellón cubierto de pasto, recibiendo el fresco del viento del norte, ya menor en intensidad al del día anterior.

El cielo está totalmente nublado y eso evita broncearnos más de lo que ya estamos. «Es un buen día para caminar» dirían mis amigos senderistas desde Plan del Río a Xalapa. Y lo aprovechamos, faltaba más. En el pasto hallamos una cruz que indica la muerte de una mujer en 2020.

Luego pasamos frente al Centro de Integración Familiar la Pinera y a petición de Pedro visitamos el centro de Equinoterapia YARI ZA Movimientos que curan, cuyo edificio principal hallamos desierto y con señales de que  alguien, quizá un indigente o migrante, lo está usando.

Al salir y seguir por la reja exterior, podemos ver a 3 simpáticos caballitos que están comiendo en una instalación y uno nos mira con mucha curiosidad. Luego rebasamos la avenida Miguel Ángel de Quevedo y nos adentramos por el parque que le sigue, ahí descansamos unos minutos.

 

Para llegar al centro histórico siguiendo el camino real, hay dos rutas: por el puente Morelos que pasa por las vías del ferrocarril y los terrenos que fueron ganados a las aguas de la antigua Caleta o bahía frente a la fortaleza de San Juan de Ulúa. El camino real quedaría más tierra adentro y actualmente podría pasarse por el puente de la avenida Allende para volver por dónde la costa no fue alterada. Esta es la ruta que seguimos en diciembre de 2017.

Pero esta vez iremos por la primera y así subimos el puente y del lado izquierdo Pedro y yo nos detenemos a captar los restos decadentes de la antigua planta termoeléctrica edificada antes de la Revolución Mexicana (1910-1920). Desde arriba se ve el entramado ferroviario, viejas estructuras del siglo XX y silos gigantescos. Al pasar sobre la estación de ferrocarril y sus andenes, estamos en los terrenos ocupados por el ya desaparecido baluarte de Nuestra Señora de la Concepción edificado en 1634 y cuyos cañones cruzaban fuego con los de la fortaleza de Ulúa custodiando el acceso al puerto por el canal del norte.

Bajamos del puente por una escalera lateral hasta la plaza Morelos, donde la estatua del «Siervo de la Nación» blande un machete sureño. Y enfrente está la casa donde se firmaron parte de las Leyes de Reforma cuando el presidente Benito Juárez estuvo gobernando aquí. De ahí seguimos por la calle Montesinos en cuyo frente están la barda, oficinas e instalaciones del ferrocarril y llegamos a la esquina de la avenida 5 de mayo, después pasamos por un enorme edificio multifamiliar hecho por el ayuntamiento en 1958. A la vuelta de la esquina está la iglesia parroquial de La Divina Pastora de Almas, que es su nombre completo, construida hacia 1749, con limosnas que daban los viajeros que salían por la cercana Puerta México hacia la capital del país por la ruta de Xalapa y Perote que estamos acabando de recorrer.

La iglesia está cerrada y como no hay donde sentarse, Pedro y yo nos sentamos en el suelo, cuál cansados peregrinos. Ahí esperamos a que Ana María se nos una y juntos esperamos a que den las 3:00 PM para atacar la última parte del itinerario. A pesar de los kilómetros recorridos y de vamos caminando a media velocidad total, llegamos con poco menos de una hora de ventaja. Ya junto todo el equipo, captamos el espacio que ocupaba la Puerta México y seguimos la calle dos cuadras hacia el mar para doblar en la avenida Ignacio Zaragoza.

No sin antes captar el local de Bárricas con sus adornos mitológicos y el antiguo edificio del Consulado Alemán con sus Hércules ataviados con sus capuchas de piel del invulnerable León de Nemea sosteniendo los balcones. Girando por Zaragoza pasamos rápidamente frente al edificio de la ex Aduana Marítima y hoy de la Primera Región Naval cuya contrafachada conserva un tramo reconocible de la muralla de Veracruz, del hotel Holiday Inn y el Recinto de la Reforma, que junto con la sede de la Logia Masónica integran el conjunto del ex convento de San Francisco (templo, refectorio y capilla mayor).

En el exterior del Registro Civil de arquitectura neoclásica hecha a modo de congeniar con la de la ex Aduana Marítima levantada en la primera década del siglo XX; captamos la andariega estatua de La Madre que varias veces cambió de ubicación. Llegamos a la esquina con la placa del policía Aurelio Monfort que fue el primero en abrir y fuego contra los norteamericanos el 21 de abril de 1914, muriendo por los disparos de respuesta. Pasamos por los pasillos exteriores del palacio municipal en la parte hecha en el siglo XX y giramos hacia el Portal de Miranda, la Plaza de Armas, la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora y el edificio de la librería CONACULTA con la Fototeca al lado.

Paramos un momento ahí y nos saluda el ex director y reconocido maestro fotógrafo Salvador Flores. A buen paso pues el tiempo se deshace como agua, llegamos a la Avenida Independencia, que antaño fuera nuestra Calle Real cuando la ciudad estaba amurallada. Giramos hacia el sureste y así recorremos varias cuadras del Centro Histórico, que está embrujado porque muchos artistas y aspirantes a serlo no quieren salir de el y conocer otras partes de nuestro Estado de Veracruz, que lo tiene todo, menos dinosaurios (puede que alguno ande en la selva del sur o en los bosques occidentales  esperando a tomarse la selfie con nosotros).

Captamos edificios y en el zócalo o área del palacio municipal, Ana María se encuentra con el artista y amigo Enrique Giovany Molina Sánchez, («Gio» para los amigos) y este nos acompaña hasta la meta. Es larga la lista de edificios histórico que se ven desde la avenida independencia: el Café de los Portales en mantenimiento, el ex convento de Santo Domingo, librerías y casonas de los siglos XIX y XX ocupadas por negocios modernos, el sitio del conjunto ya desaparecido de la iglesia, convento y torre de Nuestra Señora de la Merced, el famoso edificio Pazos desde donde transmite el amigo David Sotelo cada domingo «Una pausa para recordar» y dónde han participado durante décadas, una larga lista de personas ilustres y conocedoras de nuestra historia.

También se ve el conjunto arquitectónico modernizado que alojó a los cuarteles y caballería del Batallón Fijo de Veracruz, así como su galera. Salimos por dónde se ubicó la Puerta de la Merced o salida hacia Mocambo, Alvarado y Coatzacoalcos. Pasamos la calle Ignacio Rayón y visitamos el añorado y ahora dentro de una vitrina enorme, Tranvía del Recuerdo. Enfrente está el parque con el nombre y la estatua del coronel Manuel Gutiérrez Zamora, que fuera gobernador y coronel de la guardia nacional, no general del ejército regular como algunas personas confunden a veces.

Cómo a las 5:00 PM arribamos a la antigua capilla y ahora iglesia parroquial del Santo Cristo del Buen Viaje, edificada a mediados del siglos XVII y desde donde partió nuestra expedición rumbo a Perote en diciembre de 2017. Tras tomar las fotos y unas selfies, cruzamos a la plazuela en honor de la Orden de San Francisco construida por la administración municipal anterior. Regresamos a Rayón y entramos al callejón Clavijero, nombrado así en honor al jesuita Francisco Javier Clavijero, considerado el padre de la historia mexicana y cuya estatua gigante está en el camino real dentro de Xalapa. Luego giramos hacia la plazoleta que tiene un gran muro que ha sido confundido con la desaparecida muralla de Veracruz.

En realidad es la barda perimetral de lo que fuera el extremo del ex convento de Nuestra Señora de Belén y que fue ocupado por una enorme maestranza de artillería en el siglo XIX. La muralla estaba a unos 10 metros al frente y hoy bajo casas y negocios. Luego cruzamos la avenida Zaragoza, pasando sobre el área del baluarte San José, edificado en 1684 con 6 cañones tras la devastación causada por el pirata Lorencillo un año antes. Nuestro itinerario nos lleva hasta el baluarte de Santiago o de La Pólvora, hecho a partir de 1635 y dotado de 22 cañones y una culebrina.

Junto a la rampa de piedra se halla un murete que es remanente de la muralla. Luego enfilamos hacia la glorieta con el obelisco negro dedicado a las 4 defensas heroicas del pueblo civil y militar de Veracruz contra los ataques extranjeros en 1823, 1838, 1847 y 1914. Y en línea recta, caminamos unas cuadras para avistar la meta, que es la estatua del universalmente famoso naturalista y viajero alemán Alexander von Humboldt, que visitó la Nueva España entre 1803 y 1804, saliendo por Veracruz rumbo a otros países. Su ruta desde Perote hasta Veracruz es la nuestra y su trabajo documental también es parte de lo que hacemos, al trazar la ruta lo elegí por eso. Después de más de 200 kilómetros recorridos, le pedí a «Gio» que grabara en video nuestra llegada y esta se efectuó en los últimos 42 segundos de las 4:31 PM del 21 de diciembre de 2021.

Toqué el pedestal y grité ¡LLEGAMOS! Pedro y yo alzamos nuestras varas de caminante en señal de triunfo. Tomamos las fotos y compramos volovanes a un señor que estaba por ahí, para reponernos del esfuerzo. A las 5:00 PM llegó nuestro gestor de patrocinios y prensa en Xalapa, fiel amigo Rubén Francisco Chávez Osorio, originario de Tolome, para recibirnos y saludarnos. También llegó Salvador Flores y se esperó a los hermanos de los medios de comunicación convocados de forma express (aunque podemos verlos después).

 

Nuestra llegada fue muy alegre. Nos tomamos muchas fotos con el señor Humboldt cuya historia y aportaciones a la ciencia expliqué a «Gio», recordamos a los amigos que nos acompañaron por tramos pero que no consiguieron llegar a la meta: la chef Eunice Munguía, a su padre y tío, Ignacio Fernando Fonseca, el maestro Santos Anastasio Zamora y su hijo Abdiel, al licenciado Roberto Salas, mi colega comunicóloga Abigail Landa, Oscar Ortega, Alejandro López, Helio Castro, mi «hermano» Roberto Carlos Olmos, Mary Carmen y Celia de los Amigos del Sendero, Francisco Vazquez, Diego Castillo y los de Rescate del Río Sedeño, Eugenio Ramírez y los de Tolome Unido que nos recibieron con banquete, a mi colega Jaqueline Flores, a la maestra Adriana Lorena Ramírez y a Francisco Castillo que nos quedó a deber un pollo, jejeje, etc.

Evocamos a los muchos animales que vimos en la ruta, casi todos muertos en la carretera (perros, gatos, serpientes, etc) y al muy vivo e inolvidable perro «Humboldt» que nos acompañó los 10 kilómetros desde Las Vigas hasta La Joya. También a nuestros patrocinadores los señores Ubaldo Balbuena y Ramón Reyes, a las familias López, Rosas y a los amigos que nos ayudaron con alojamiento, comida y café caliente en Villa Aldama y Banderilla.

A nuestros donadores y gestores Milburgo Treviño, Dolores Eugenia Roa, Maria Luisa Lucho, Karina García y Juan José Fernández. A mi amiga y colega Soraya García, sindica electa de Perote, su esposo Eduardo Bonilla y sus compañeros del cabildo que nos honraron en la partida. Así como a los presidentes municipales y miembros de los ayuntamientos de Banderilla y Paso de Ovejas que apoyaron para que se dieran las dos conferencias de «Historia del camino real de México a Veracruz».

A los muchos nuevos amigos que hicimos en las conferencias y caminando por sus localidades en esta travesía de 19 días, si tomamos en cuenta la partida a Perote, a dónde llegamos inmediatamente a trabajar y no a turistear ni echar novio(a). También a todos los que robaron minutos de su sueño, para leer mis reseñas de cada día, que me significaban 2 horas de menos descanso para poder escribir como corresponsal con los recuerdos frescos y difundir por WhatsApp y Facebook lo que estabamos haciendo. Gracias también a todos los «loquitos» que nos  encontramos en muchos lugares y que con sus tonterías y chuscas bravatas nos hicieron olvidar por un rato el cansancio.

Y desde luego, no podíamos olvidar a los hermanos de los medios de comunicación tradicionales o no, que como el licenciado Miguel Valera, nos acompañaron individualmente o en ruedas de prensa para conocer, dar a conocer y dar seguimiento al desarrollo de está expedición, que fue seguida con gran interés por amigos, historiadores, arqueólogos, artistas y hasta políticos, dentro y fuera de México, Estados Unidos, Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, Colombia,

Perú, España, Guatemala, Honduras y Japón, gracias al milagro de la tecnología moderna. Sin visitar el municipio de La Antigua, nuestra ruta fue de aproximadamente 213 de 243.43 kilometros planeados. Visitamos 53 de 58 poblaciones en 12 de 13 municipios previstos, añadiendo Villa Aldama que no estaba en la lista original. En 2022 visitaremos el municipio de La Antigua y acompletaremos al 100 por ciento los objetivos de esta expedición: aumentar el conocimiento científico del camino real y ayudar a conseguirlo que de Perote a Veracruz pueda ser declarado Patrimonio Cultural del Estado de Veracruz.

Doy mi reconocimiento al valor, serenidad y resistencias de mi amiga Ana María Andrade Rodríguez, que hizo 202 de 213 kilómetros y de Pedro Rosas Morales que hizo 50 de 213 kilómetros empezando desde Tamarindo. Como organizador de esta empresa me siento feliz de haberla podido llevar a cabo por segunda vez, como jefe operativo muy satisfecho de haber tomado las decisiones (algunas difíciles) para asegurar el éxito, la continuidad y la incorporación de nuevos miembros a nuestro equipo del camino real.

Y como guía, extremadamente dichoso desde que iniciamos está clase de expediciones en 2017, por haber conseguido traer de regreso por sexta vez, cansados a más no poder pero sanos y salvos, a los integrantes de mi equipo, después de caminar cientos de kilómetros con todo lo necesario a la espalda y por calles, caminos y carreteras donde el peligro puede surgir en cualquier momento. A todos ellos les doy las gracias por la confianza puesta en mis humildes habilidades.

Esto solo fue la batalla del trabajo de campo, nos esperan las de las leyes, burócratas y organizar los datos y el material de fotos, videos, levantamientos, geoposiciones y lecturas diversas, para que todo este esfuerzo fructifique y se multiplique como las flores en primavera, para beneficio, bendición y progreso no solo de los que participamos directamente, sino de toda la humanidad presente y futura. FIN.

 

 

 

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