Decenas de haitianos protestan frente a Comar por tardanza en trámites

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Tapachula, Chis. Con pancartas en las que piden ser atendidos en sus trámites migratorios y de refugio, y al rimo de música y bailes, decenas de migrantes haitianos en Tapachula acudieron a un par de sedes de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y a la Agencia de la ONU para refugiados (Acnur) para protestar por la tardanza.

Llevan en México meses o hasta más de año como Gasner, un hombre que viaja con su familia, y cuenta que no ha tenido ninguna respuesta, ni citas, ni información en la que le aclaren cuándo podrá ser atendido.

Los haitianos hablan fuerte, además, están desesperados. Por eso al contar su historia Gasner eleva la voz de manera notoria por arriba de la bocina con música que está a metro y medio.

“Tengo que comer y mi familia, sólo queremos trabajar ir a Tijuana, a Matamoros, donde sea para buscar trabajo, pero es imposible. Somos pacíficos pero no tenemos respuesta.

La marcha de este lunes no es la primera, han hecho por lo menos otras cinco, pero con nulos resultados, por ello ahora adelanta que lo harán de manera constante hasta las fechas patrias de México. “No estamos en guerra con el gobierno de Tapachula, pero necesitamos trabajo, una respuesta. Si aquí no hay espacio para tantas personas, dejarnos ir a otro lado”.

Él, como la mayoría de los haitianos no desean participar en caravanas. Hay niños y mujeres embarazadas y ven un riesgo elevado en viajar largas distancias bajo el sol.

Para los haitianos hasta las protestas son distintas, tienen ritmo. Con una bocina a todo volumen este lunes bailaron por las calles canciones de la banda Ram, a la que definen como música de revolución con toque caribeño. A su paso se contagiaban de la melodía al resto de los haitianos que los apoyaban con gritos desde las banquetas.

Sus cartulinas con mensajes escritos en español eran más crudas. “Hace dos años masacraron migrantes. Necesitamos saber si es la estrategia del INM para nosotros también”, decía una de las pancartas. Otro haitiano aprovechaba para transmitir todo el recorrido en Camera lakay, su página de Facebook, en la que comenta en francés para otros haitianos la situación que se vive en Tapachula.

En medio de ellos, Gabriel un joven de 20 años que partió de Tegucigalpa, más bajito que los caribeños y con una gorra con el escudo nacional mexicano, cuenta que duerme en el centro junto a los haitianos. “No tengo a nadie, no tengo dónde quedarme y aquí no hay solución”. Ha tenido dos citas en las que le preguntan “puras cosas que ni vienen al caso”.

A su llegada a dos oficinas de la Comar nadie los recibió. Las puertas permanecieron cerradas.

Jean Carlos expresa que con cada rechazo en la Comar se siente mal. No comprende por qué no les dan respuesta pero percibe una preferencia para los de otros países. Ve como hondureños y guatemaltecos han tenido mejores resultados en menos tiempo. “Creo que es por racistas, por discriminación, ¿no sé?, por la piel a lo mejor”, consideró.

Viaja con dos hijos y su esposa, pero a veces no tienen ni para comer. Les ayuda algún amigo en ocasiones. “¿Qué no puede otro país apoyar a éste gobierno (el mexicano) para apoyarnos a nosotros?, no dan nada”, cuestionó.

A unos metros las puertas se abren sólo para recibir a Blanca de Nicaragua. Ella huye porque su familia fue vinculado con los rivales políticos del gobierno y son perseguidos. “La atención ha sido muy buena con nosotros porque desde el primer día que venimos a Comar tuvimos una respuesta” Llego el 4 de julio con su hijo adolescente, cinco días después le dieron cita para este lunes.

De las mismas oficinas salió un par de minutos después Carline Jean, de Haití. Mostraba una sonrisa y estaba contenta, pero reconocía: “no me dijeron nada”. Tampoco le dieron una nueva cita.

Le tomaron una fotografía y recabaron sus datos y los de su esposo, Jacky, y sus dos hijas, Wood-Mylove y Mendjena, de tres años y diez meses respectivamente. Ambas nacieron en Chile. Fue la primera vez que acudió a hacer sus trámite.

La marcha continuó al sitio donde está otra oficina de la Comar y de la Oficina de la ONU para refugiados (Acnur).

Ahí tampoco recibieron ninguna explicación de la tardanza de sus trámites. Elementos de la Guardia Nacional permanecieron todo el tiempo custodiando las oficinas de la Comar.

“El problema es que dormimos en la calle. No somos violentos, nosotros no vamos a hotel. Cuánto tiempo más nos van a tener aquí”, expresa otro haitiano sólo domina el inglés. Igualmente cuestiona si no se les permite ir a otro lugar por ser de piel negra.

Tras las distintas caravanas y algunos operativos policiacos, Jeff cuenta que hay por lo menos 20 personas con las que acostumbraba dormir y convivir en el parque centro Miguel Hidalgo del centro de Tapachula que ahora están desaparecidos.

“No podemos estar todo el día en la plaza, nos molestan los carabineros (como ubica a los policías luego de su paso por Chile), nos corren, no sé por qué, si no tenemos hoteles ni a dónde llegar”, agregó.

A Selena, quien viaja con sus tres hijo y su esposo, se le llenan los ojos de tristeza cuando cuenta los “horrores” que han pasado para llegar a México desde el sur del continente, trayecto en el que ha visto morir a niños haitianos. “Está muy terrible para nosotros, ha muerto mucha gente, pero no se sabe eso. Yo tengo la cintura dañada y no puedo caminar, pero duermo en la calle porque no tengo donde dormir. Todos somos familias, han muerto en el monte, en varios lados”.

Makenley Pierres dejó el cono sur con su esposa, víctima de agresiones sexuales en su paso por el norte de Colombia. Explica que ella llegó a México embarazada, ahora tiene seis meses de gestación y en los dos meses que ha estado en territorio nacional no ha tenido ninguna atención médica. Agacha la cabeza y pierde el brillo en la mirada cuando dice que no sabe qué harán.

La manifestación fue interrumpida luego que un hombre haitiano tomó una piedra y persiguió a otro caribeño hasta un bar que abría sus puertas en una plaza comercial a una cuadra y media de distancia. Se hicieron de empujones y algunos golpes que no pasaron a mayores.

Le había vendido un carnet migratorio por mil 500 pesos, pero cuando intentó salir de Tapachula los agentes del INM detectaron que era falso y lo deportaron a Guatemala. Regresó para cobrarle por la estafa.

Un par de migrantes afirmaron que se han topado con personal de migración que les piden desde 10 mil pesos hasta 5 mil dólares por agilizar los trámites.

Con información de La Jornada.

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