martes, noviembre 30, 2021
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#ObreroDelGis Si ese tiempo pudiera volver

Diego A. Zapata Gómez

El tiempo es la medida del movimiento según un antes y un después, el tiempo es cuantificable, pero no es el cuantificador. Tal como el movimiento va siendo siempre distinto en su ocurrir, así también el tiempo va siendo siempre distinto en su transcurrir. Esto es lo que recuerdo de Aristóteles cuando estaba estudiando Filosofía. Y reflexionando me doy cuenta de que ciertamente medimos los cambios que van sucediendo, pero el tiempo en sí no existe. Porque el pasado ya no es, el futuro no es y el presente es un paso muy rápido que lo que estoy viviendo ya pasó. Solo existe en nuestra mente una conciencia del pasado o historia, el futuro es solo una especulación mental y una conciencia del presente que ha pasado muy rápido.

Cuando se recuerda la historia personal, esta va retomando los momentos vividos. Algunos dolorosos, tal vez, y otros llenos de grandes nostalgias y bonitos recuerdos. Por ejemplo, en mi infancia había un televisor en casa de algún vecino, y todos los niños cercanos íbamos a ver nuestros programas, claro está que los dueños o anfitriones nos cobraban 5 centavos o compraba uno un dulce o palomitas de maíz. Estaba uno tan entretenido con la serie semanal, emocionados y atentos con la historia, que perdíamos la noción del tiempo. Y de momento llegaba la hora de concluir el programa y decía al final “continuará la próxima semana”. Nooo, era la expresión de todos los asistentes, porque teníamos que esperar hasta la siguiente semana. Otro momento para recordar era que todos los niños salíamos a la calle a jugar hasta que empezara a oscurecer, se escuchaba la voz de mamá o el chiflido, en donde ya era indicación de meterse a casa para merendar, rezar y a dormir. Eso sí, uno se dormía temprano a las 9:00 pm a más tardar. Temprano a levantarse para ayudar en los primeros quehaceres de la mañana para luego irse a la escuela, escuchabas la radio con el programa infantil y las canciones de Gabilondo Soler “CRI-CRI”, o un poco más temprano tus hermanos escuchaban Juventud Madrugadora, o la hora del gallito que tus papás escuchaban. Ahí estaba uno atento esperando un saludo del locutor porque alguien había mandado una correspondencia al programa, y cuando salía el saludo era la carrilla en la escuela o con los amigos. Veíamos al tío Gamboín con sus muñecos de cuerda, yo era el sobrino número… no me acuerdo.

Las canciones te las aprendías todas tan solo por escucharlas en la radio, y en las tardes a veces, escuchabas a las muchachas cantar en voz alta algunas canciones. Existía un programa para ganar dinero, se llamaba “Melodía Sorpresa”, que consistía en escuchar un trozo de la canción y adivinar el nombre, y si no le atinabas se iba acumulando el premio, había que hablar teléfono al programa a la ciudad de México, mis abuelos si se sabían el título, pero no teníamos teléfono, había uno en el pueblo y estaba en el palacio municipal que nos quedaba a 5 cuadras. Así que mejor nos quedamos con las intenciones.

Recuerdo una novela infantil, se llama Remi. Me apuraba en la escuela para llegar a la casa y ver esa serie que cada capitulo se ponía más interesante. Cuando en un capítulo de la Pantera rosa habló, todos salimos a la calle a comentar que la pantera había hablado. Y así muchas otras historias que recordar que no tendríamos suficiente espacio para detallarlos.

Lo que recuerdo con gran emoción es la graduación de un amigo que termino la primaria cuando sus amigos ya estábamos a punto de ingresar a la universidad. Hizo dos años por grado. Cuando fue la clausura sus amigos estuvimos allá en su graduación. Cuando dijeron su nombre, y no lo digo por respeto a su persona, todos comenzamos a gritar: “Si se pudo, sí se pudo…”, luego le preguntamos si quería entrar a la secundaria y nos dijo que no, que ya era suficiente, porque le costaba mucho y que mejor iba a trabajar, total que lo que le pedían era el certificado de la primaria. Y ahí está, dándole batalla en la vida, una gran persona, un buen amigo, padre de familia, toda una persona responsable. Nadie le hizo burla o mofa porque repetía el curso escolar, el lo seguía porque quería terminar. Siempre había una nueva oportunidad. No existía el departamento psicopedagógico, o esas señalamiento de déficit de atención, asperger, hiperactividad, depresión, curso de actualización, y más. Existía una disciplina en la escuela y en la casa donde nos formaron y educaron con muchos valores. Íbamos a la escuela solos y regresábamos solos o acompañados con los amigos y vecinos. ¡Qué tiempos! Jugábamos futbol y los equipos se hacían eligiendo a los compañeros, y a veces eras el último en ser escogido y no había problema. Nos defendíamos y nos cuidábamos unos a otros. Y lo que más recuerdo es que había un respeto hacía los adultos, porque te corregían cuando actuaba uno mal y uno sabía que lo que hacíamos no era correcto y ofrecías una disculpa. Y cuidado que en tu casa se enteraran porque era otra llamada de atención. Teníamos padres y les decíamos papá o mamá, nunca por su nombre o Mami, Papi o jefes. Éramos una generación solida como dice Zygmunt Bauman, porque así nos formaron para ser fuertes. Y así hemos visto bodas de oro, bodas de plata, que alguien solo tuvo un empleo en toda su vida, amigos que aún tiene intactos algunos aparatos, autos de modelos antiguos, amistades de la infancia, que hacen operaciones matemáticas sin la calculadora, gente de fe y dedicación, etc.

Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro. No creemos que haya soluciones definitivas y no sólo eso: no nos gustan. Pues vivimos en una incertidumbre y ya no es suficiente lo que tienes, tanto en lo material, como en lo académico, espiritual, individual, familiar y social. La crisis que tienen muchos hombres al cumplir 40 años. Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes. Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar. Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre.

En la política y el gobierno nos llaman a los ciudadanos a ser flexibles. ¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes. Nos vamos adaptando según las circunstancias y los tiempos. Gente que hoy te dice si y al rato es no, porque ya no corresponde a sus intereses o conveniencias. Estamos en una sociedad cada vez con mas trabas y dificultades, que nos ha robado la felicidad y nos ha orillado al estrés y a una enfermiza individualidad egoísta.

Si ese tiempo pudiera volver, sin embargo, eso no es posible, porque todo es movimiento, cambio y nada es estático. Fuimos generación sólida los que tenemos mas de 45 años, luego llegó la generación líquida que se va acomodando a las circunstancias, ahora estamos con la generación de cristal que se rompe fácilmente, luego va a llegar la generación gaseosa a la cual hay que encerrarla porque es etérea. Cómo serán las características de la generación gaseosa, ahí se los dejo a su imaginación, y pues ya estamos viendo algunas personas, que me parece puedo decir que son gaseosos.

Gracias por su atención y te pido me envíes tus comentarios a diegoazgconrumbo@gmail.com para enriquecer mi acervo cultural y aprender más, pues nunca se termina de aprender en esta vida.

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