- Seminario permanente de ciencias sociales
- La vulnerabilidad y el enganche se genera por la ausencia de factores de protección del Estado: Mario Luis Fuentes Alcalá, titular de la Cátedra Extraordinaria dedicada al tema
María Guadalupe Lugo García / Gaceta UNAM
La trata de personas representa la máxima expresión de las violencias a los derechos humanos de un individuo. Más allá de constituir un delito, es un proceso estructural de despojo de la dignidad humana que se origina en la vulnerabilidad y el enganche, apuntó Mario Luis Fuentes Alcalá, titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas.
Es un proceso estructural alimentado por las desigualdades, la pobreza y la falta de protección del Estado. No se hacen vulnerables las personas por sí solas, la verdadera vulnerabilidad se genera por la ausencia de factores de protección, como un entorno familiar seguro y un Estado que garantice los derechos básicos, dijo al participar en el Seminario Permanente de las Ciencias 2026. Desafíos en las ciencias sociales: reflexiones sobre la diversidad.
En su conferencia magistral “Vulnerabilidad social y trata de personas”, señaló que ese delito cosifica a las víctimas al convertirlas en objetos de uso y, sobre todo de explotación. Esto representa una violencia más. Sin embargo, el derecho penal suele limitarse a castigar sólo el delito que se puede probar, ignorando la acumulación de violencias previas e interdependientes que sufren las víctimas a lo largo de su vida.
En el encuentro organizado por el Consejo Académico del Área de las Ciencias Sociales, mencionó que detrás de la trata de personas existe una red de delitos interdependientes y simultáneos, “a menudo, una trágica historia de vida”. El despojo de derechos suele iniciar con la violencia y el abuso en el ámbito familiar. Este ciclo se consolida por la pobreza y la desigualdad extrema, realidad que les impide construir una vida digna.
“¿Pero qué significa pobreza?, todos los conceptos tienen una historicidad. Hoy, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) se considera que es una suma de carencias, por ejemplo a la seguridad social, al empleo, agua, educación y salud”.
Hace 22 años, con la Ley de Desarrollo Social, promulgada en 2004, se construyó esta idea de pobreza. Hoy, esta definición no incluye lo que es vital: el acceso a una vida sin violencia. Ninguno de los indicadores que mide el Coneval tiene esa dimensión, planteó el especialista universitario.
En presencia de estudiantes de primer semestre de la Facultad de Trabajo Social, indicó que “los conceptos envejecen, dejan de ser pertinentes y, en ocasiones, los usamos por costumbre, porque no tenemos otro y viene algo que ha dicho el sociólogo Ulrich Beck, que los conceptos se vuelven zombis, los usamos por costumbre, los adjetivamos”.
Explicó que la trata de personas es un proceso largo, comienza con el enganche que por lo general puede ser a través de las ofertas engañosas de empleo, el enamoramiento, incluso matrimonio; “digamos que los seres humanos necesitamos el afecto de otros, el cariño, la sensación de importarle a alguien o nos escuche”.
Sin embargo, precisó, no toda la trata es explotación sexual, también suelen ser trabajos indignos. Pero una cosa es intentar buscar la causa: pobreza, marginación, etcétera, y otra es comprender por qué alguien puede ser tan vulnerable que pueda ser engañada o enganchada.
A veces el proceso indigno empieza con el lenguaje. La manera en que nos referimos a los otros. “El proceso de enganche puede ser un asunto muy puntual de la trata. Pero el enganche o la ruptura de capacidades para ejercer derechos a veces comienza desde el día del nacimiento, la manera que se refieren o nos quieren a nosotros”.
Recalcó que la trata de personas es un proceso complejo que concatena múltiples violencias interdependientes. Si bien la manifestación final del delito suele demostrarse mediante la denuncia, con frecuencia se invisibilizan los abusos previos que lo integran como el acoso, la violación y la corrupción del menor, delitos que son parte de la trata.
Sostuvo que las condiciones individuales, como el sexo, la edad o la discapacidad, no hacen vulnerables a las personas por sí solas. La verdadera vulnerabilidad se genera por la ausencia de factores de protección, como un entorno familiar seguro y un Estado que garantice los derechos básicos.
Asimismo, destacó que los jóvenes incrementan su vulnerabilidad debido a su sobreexposición en las redes sociodigitales. La necesidad de reconocimiento digital y la información que comparten voluntariamente permiten que terceros, incluso herramientas de inteligencia artificial, identifiquen sus debilidades, soledades o estados emocionales para facilitar su enganche.
Por último, especificó que existe un grave abandono hacia las víctimas sobrevivientes de la trata. No existen albergues suficientes ni programas adecuados de reintegración social o de salud mental para sanar cuerpos y mentes profundamente dañados. Además, el temor a represalias impide que muchas víctimas declaren, obstaculizando la acción de la justicia.




