
- William Toledo, académico de la BUAP, destacó la importancia de visibilizar los casos humanos y fortalecer la atención médica oportuna
- La expansión del parásito exige mayores recursos, personal capacitado y mecanismos de vigilancia epidemiológica
- Participó en el CXI Reunión Nacional de la Asociación Mexicana de Profesores de Microbiología y Parasitología y el XXII Congreso Nacional de Estudiantes de Microbiología y Parasitología de la Universidad Veracruzana
David Sandoval Rodríguez / Fotos: Luis Fernando Fernández
Xalapa, Ver.- La expansión del gusano barrenador del ganado en México también representa un riesgo para la salud humana, particularmente para personas con heridas expuestas, enfermedades crónicas o en condiciones de vulnerabilidad social, advirtió William Toledo Rueda, profesor del Departamento de Análisis Clínicos de la Facultad de Ciencias Químicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).
En entrevista durante la CXI Reunión Nacional de la Asociación Mexicana de Profesores de Microbiología y Parasitología y el XXII Congreso Nacional de Estudiantes de Microbiología y Parasitología, el especialista señaló que, aunque la atención pública se ha concentrado principalmente en las afectaciones al ganado, la infestación en humanos requiere mayor difusión y vigilancia epidemiológica.
De acuerdo con las cifras referidas por el investigador, se han registrado poco más de 670 casos humanos, mientras que en animales existen alrededor de 40 mil casos activos.
Asimismo, indicó que el parásito está presente en 28 de las 32 entidades federativas, con excepción de Chihuahua, Sonora, Baja California y Baja California Sur.
Toledo Rueda explicó que las personas con mayor riesgo incluyen adultos mayores sin cuidados suficientes, personas en situación de calle, pacientes con diabetes y quienes presentan problemas de alcoholismo o consumo de drogas.
En estos grupos, una herida sin atención puede favorecer que la mosca deposite sus huevos y las larvas invadan el tejido vivo; por ello, destacó la importancia de mantener las heridas limpias y cubiertas, buscar atención médica oportuna y prestar especial atención a quienes, por sus condiciones de salud o circunstancias sociales, no reciben cuidados adecuados.

El académico también consideró necesario fortalecer los recursos económicos, el personal capacitado y los mecanismos de vigilancia para contener la propagación al recordar que México erradicó el gusano barrenador a principios de la década del año 2000 y que, tras la reintroducción detectada a finales de 2024, fue necesario reactivar la producción de moscas estériles, utilizadas para reducir la reproducción de la plaga.
Según explicó, la planta que anteriormente producía hasta 500 millones de moscas estériles por semana fue reactivada con una capacidad de aproximadamente 100 millones, lo que representa una reducción de su capacidad en un 80 %.
A su juicio, esta capacidad y la insuficiencia de recursos para realizar inspecciones y diagnósticos dificultan las labores de contención.
Remarcó que el problema también tiene consecuencias económicas y alimentarias, pues los animales infestados requieren tratamiento y no pueden destinarse de inmediato a la comercialización de carne o leche, lo que repercute en el abasto y en los precios de los productos.
En el ámbito clínico, Toledo Rueda subrayó que la identificación correcta de las larvas es fundamental para distinguir al gusano barrenador de otras especies que se alimentan de tejido muerto.
Para ello, explicó, deben recolectarse muestras de la profundidad de la herida y notificarse los casos a las autoridades sanitarias competentes, encabezadas en México por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).
“Una vez confirmada la infestación, el tratamiento requiere retirar las larvas, limpiar la lesión y vigilar posibles infecciones secundarias, con especial cuidado en pacientes con enfermedades preexistentes”, detalló el entrevistado, quien busca sensibilizar a los futuros profesionales de la salud sobre la necesidad de reconocer estos casos, actuar oportunamente y contribuir a la vigilancia epidemiológica. Recalcó que la respuesta requiere la participación coordinada de médicos, químicos, veterinarios y autoridades sanitarias, pues el gusano barrenador afecta tanto la salud humana como la producción pecuaria y el bienestar animal.



