Intervención educativa busca frenar infecciones por sondaje vesical

Ismael Campos Ramos, egresado de la Maestría en Enfermería
  • El modelo fue desarrollado por Ismael Campos, egresado de la Maestría en Enfermería de la UV 
  • La propuesta cuesta menos de 500 pesos, ya que se echa mano de material reciclado 

Paola Cortés Pérez 

Fotos: Omar Portilla Palacios y cortesía Ismael

Xalapa, Ver.- Ismael Campos Ramos, egresado de la Maestría en Enfermería de la Universidad Veracruzana (UV), diseñó una intervención educativa para prevenir —desde su origen— las infecciones nosocomiales asociadas al sondaje vesical, cuyas consecuencias incluyen hospitalizaciones más largas, mayor uso de antibióticos, daño renal e incluso riesgo de muerte para los pacientes, además de gastos para las familias y el erario. 

Explicó que el tema de investigación surgió a partir de su experiencia al trabajar en el Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio”, donde ha observado que el personal de enfermería sabe realizar el procedimiento, sin embargo, hay desconocimiento de sus implicaciones legales y éticas. 

“Les llegué a preguntar si consideraban que la sonda los puede llevar incluso hasta la cárcel y me respondían que eso no puede ser posible”, relató. 

Advirtió que la responsabilidad legal del procedimiento recae en el profesional de enfermería, incluso cuando lo realice un médico interno en formación, pues así lo refleja el instrumento de valoración del sistema de calidad. 

Cabe mencionar que una sonda vesical es un tubo delgado y flexible que se introduce a través de la uretra hasta la vejiga para drenar y recolectar la orina de forma artificial, entre sus usos está ayudar a vaciar la vejiga cuando la persona no puede orinar por sí misma, así como durante o después de operaciones en la próstata, la pelvis o los genitales. 

Después de esta observación, Campos Ramos desarrolló una investigación en dicho nosocomio, la cual duró dos años aproximadamente y partió de conversaciones que sostuvo con sus compañeros de trabajo, en las que detectó vacíos de conocimiento sobre el sondaje vesical. 

Tras revisar la literatura científica, el también docente de la Facultad de Enfermería de la UV diseñó una intervención reflexiva basada en la teoría de Patricia Benner y midió su efecto con una evaluación previa y otra posterior, con el instrumento del Sistema Nacional de Indicadores de Calidad en Salud (INDICAS), en dos hospitales. 

Entre los hallazgos, señaló que el personal con mayor antigüedad tiende a realizar el procedimiento con menos rigor, mientras que el de nuevo ingreso, aunque quiere hacerlo bien, presenta deficiencias. También identificó notas de enfermería redactadas de forma deficiente y fallas en la técnica estéril. 

Subrayó que las fallas en este procedimiento médico no solo prolongan la hospitalización y aumentan el uso de insumos y antibióticos de amplio espectro y de alto costo, toda vez que las bacterias se vuelven cada vez más resistentes; por ejemplo, hay medicamentos que cada ampolleta puede tener un costo de alrededor de mil 800 pesos por dosis, y generalmente se aplican tres dosis al día. 

Estos tratamientos pueden dañar órganos como el hígado y los riñones, lo que puede derivar en insuficiencia renal y terapia de sustitución. Además, mencionó que una revisión sistemática reporta que cerca del 3 % de muertes anuales están relacionadas con complicaciones del sondaje vesical mal colocado o mal monitorizado. 

Este impacto, enfatizó, no solo es directamente para los pacientes, el personal de enfermería y los hospitales, también lo es para los familiares, ya que por estar al pendiente de sus enfermos duermen a la intemperie, pagan traslados y comidas, sin contar que por esta razón pueden dejar de trabajar.

El modelo se dio a conocer -a través de un taller- a personal de enfermería de un hospital de tercer nivel y en uno de segundo nivel, y puede replicarse en cualquier institución de salud

Un modelo económico y replicable
Dado estas condiciones, Ismael Campos desarrolló una propuesta para reforzar la técnica estéril, el registro en las notas de enfermería y el conocimiento de las implicaciones éticas y legales del procedimiento del sondaje vesical. 

Explicó que la intervención se apoya en un modelo trabajado con la Facultad de Enfermería y en la teoría de Patricia Benner, que describe cómo las enfermeras y enfermeros adquieren habilidades clínicas y comprensión práctica a través de la experiencia acumulada; a lo que se sumó un énfasis en los ámbitos epidemiológico, ético profesional y legal. 

Este modelo se dio a conocer mediante un taller impartido a personal de enfermería de un hospital de tercer nivel y en uno de segundo nivel, y puede replicarse en cualquier institución de salud. 

Detalló que una de las fortalezas de este modelo es su bajo costo (menos de 500 pesos) para impartirlo debido al uso de materiales de reciclaje, como guantes caducos y un modelo anatómico. En ambos nosocomios, con el instrumento del INDICAS, el pre-test mostró un conocimiento de entre el 50 y 60 % y tras la intervención la medición alcanzó un 93.3%. 

“El profesional de enfermería no está cerrado a aprender, a lo que a veces se cierra es al proceso de negociación, porque la sobrecarga laboral es muy marcada; pero con un diálogo y enfoque reflexivo, el personal de 10, 15 o 20 años de antigüedad se compromete con el cambio”, enfatizó. 

Mencionó que este modelo también se presentó a estudiantes del programa educativo de Licenciatura en Enfermería de la UV, en foros de instituciones de educación superior y de investigación. Adelantó que los resultados los publicará en una revista científica. 

Un problema global
Ismael Campos puntualizó que este tema se estudia a nivel mundial: Egipto desarrolla sondas con antibióticos; la Unión Europea trabaja con microorganismos benéficos que se aplican al colocar la sonda, y China realiza revisiones sistemáticas. 

Aunque en México el apoyo a la ciencia y la tecnología es escaso, sostuvo que una intervención educativa puede tener un impacto positivo a muy bajo costo, como el que ha desarrollado. 

Finalmente, advirtió que, de mantenerse la resistencia bacteriana, “llegará un momento en que no vamos a tener antibióticos que puedan funcionar y el gasto será insostenible. No queremos que mamá, papá o incluso nosotros seamos objeto de esa estadística de mortandad”. 

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