De Veracruz a Chongqing: travesía de una estudiante UV en China

Milka Martínez Marín estudió chino en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Chongqing
  • Milka Martínez Marín, alumna de Comunicación, aprendió chino en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Chongqing 
  • La universitaria aprovechó las ventajas del Programa de Movilidad Estudiantil de la Universidad Veracruzana 
  • Durante 10 meses vivió experiencias que han enriquecido su visión profesional y personal 

Francisco Javier Chaín Revuelta  / Fotos: Cortesía de Milka Martínez Marín

02/09/2026, Boca del Río, Ver.- Hablar chino sin conocimientos previos, cantar como solista en la gala del año nuevo chino frente a cientos de estudiantes, un cansado vuelo de 24 horas y sobreponerse a influenza tipo A, todo ello a 12 mil kilómetros de casa, es parte de la experiencia que vivió Milka Martínez Marín, estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV), quien estuvo 10 meses en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Chongqing, China, donde aprendió las bases del idioma. 

Entrevistada a su regreso a Veracruz, Milka relató a Universo. Sistema de noticias de la UV, un proceso que comenzó casi por casualidad y que terminó transformando su visión profesional y personal. 

La joven registraba 82 % de avance crediticio en su carrera cuando se enteró de la convocatoria del Programa de Movilidad de la UV (Promuv) 2025, emitida por la Dirección General de Relaciones Internacionales (DGRI). “Pensé que a esas alturas de mi trayectoria ya era tarde para aplicar, pero recordé que desde que entré a la Universidad Veracruzana me hablaron de que a la institución le interesa mucho que las y los jóvenes enriquezcan su currículum con este tipo de experiencias”, relató. 

Fue una compañera quien le mostró en redes sociales la convocatoria específica para ir a China a estudiar el idioma: “Sería muy padre ir, porque allá tienen muy buenas herramientas, mucha cultura y puedo aprender muchísimo, pues es una sociedad avanzada”, pensó entonces. 

Milka cumplía con casi todos los requisitos: la certificación del idioma inglés EXAVER, alto promedio y el video de postulación; sin embargo, le faltaba algo básico: el pasaporte.

La diversidad cultural de Chongqing fue parte importante de su experiencia

“El plazo estaba por vencer y en ese momento le hablé a mi papá para que me acompañara a Xalapa a conseguir el documento que me entregaron un día antes del cierre de la convocatoria. Una vez reunido todo lo necesario, lo envié y en mayo de 2025 llegó la carta de aceptación”. 

Después la universitaria aprendió la primera gran lección de esta travesía, ya que adquirió, junto con dos compañeras, un boleto de avión con escala en Canadá, sin verificar los requisitos migratorios, por lo que perdieron el vuelo y tuvieron que buscar una nueva ruta: Ciudad de México-Tijuana-Beijing, y de esta última a Chongqing. “Fue un viaje muy largo, como de 24 horas, pero íbamos muy emocionadas”. 

Una vez en Chongqing, descubrió la dimensión internacional del programa: en su grupo predominaban estudiantes de Tailandia, Laos, Bangladesh, India, Tayikistán y Uzbekistán, quienes en su mayoría cursan una carrera de cuatro años de idioma chino, mientras que las veracruzanas solo acudirían por un año. 

Esa diversidad cultural la vio también en las calles. “Chongqing ha crecido muy rápido; se trata de una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo, con personas de todos los continentes, particularmente de África”. 

La exigencia local también la impactó. Conoció de cerca el Gaokao, el examen de ingreso a la universidad china, reconocido como uno de los más difíciles del mundo y reflejo de una cultura altamente competitiva.

Gracias a su empeño, fue seleccionada para participar en la gala de año nuevo de la universidad china

Aunque las clases eran en inglés, el verdadero desafío fue el mandarín: “Reconozco que subestimé el idioma, no tomé ningún curso previo y eso fue un error, pues aunque el programa inició con lo esencial, el ritmo fue intenso; desde el día uno ya teníamos la tarea de escribir nuestros primeros párrafos. Yo no sabía escribir nada en chino”. 

Mientras sus compañeros de Tailandia y Laos llegaban con nociones previas e incluso jóvenes mexicanos de bachillerato ya tenían bases, ella tuvo que adaptarse a su ritmo de forma más drástica. 

Hoy, a su regreso, asegura que su chino escrito es bastante bueno, pero hablar —el kǒuyǔ— sigue siendo un reto mayor. “Hay cuatro tonos y uno neutro, y que una misma palabra pueda tener tres significados distintos desde el inicio me voló la cabeza. La primera semana hablaba ‘como bebé’, soltando palabras y esperando que me entendieran”. 

Fue por ello que debió esforzarse aún más, poniendo empeño, rigor y disciplina, lo cual le abrió una puerta inesperada: fue seleccionada como cantante principal para la gala de año nuevo, la festividad más importante de China. 

“Nunca falté a los ensayos; en cambio, a algunos tuvieron que rogarles que participaran, pero a mí me lo dijeron una vez y eso bastó. Comenzamos a finales de octubre y la presentación fue en diciembre. En ese tiempo hubo pruebas de vestuario, maquillaje, grabación en estudio y jornadas que terminaban a las 11 de la noche en el gimnasio universitario”, rememoró.

Chongqing es una de las urbes más grandes y desarrolladas del mundo

En medio del proceso contrajo influenza tipo A, pero gracias al seguro médico del programa, además del de la universidad china, pudo ser atendida en un hospital privado. 

Este incidente le hizo darse cuenta de otra diferencia cultural: la percepción de los chinos ante un problema de salud: “Aquí uno pide incapacidad y se le otorga, pero allá continúan trabajando, aunque se trate de algo grave”. 

Tras una semana de recuperación, regresó a los ensayos y entendió entonces la disciplina colectiva china: “Nadie se iba hasta que lo ensayado quedara bien, hasta que las autoridades de la institución dieran el visto bueno”. 

Milka volvió a Veracruz hace poco más de un mes, con maletas llenas de apuntes, regalos para sus amistades y consejos para quien quiera seguir sus pasos: “Estudien chino antes de partir, aunque sea lo básico; no subestimen la preparación de sus documentos y asegúrense de planear sus vuelos, sin olvidar los requisitos migratorios”. 

Para la Universidad Veracruzana, su caso confirma la pertinencia del Promuv que impulsa la DGRI: una estudiante que pensó que ya era tarde para buscar una movilidad y que regresa con competencias interculturales, dominio inicial de un tercer idioma, experiencia en trabajo colaborativo multicultural y una historia de resiliencia. 

“Convivir con gente de China y el resto del mundo, empaparme de ese idioma y esa cultura fue una oportunidad muy grande. Viví muchas cosas allá con mis compañeras, pero me traje mucho más”, concluyó. 

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