
- José Javier García Landa, alumno de la Maestría en Ciencias Alimentarias, desarrolló una estrategia para obtener compuestos bioactivos del Cordyceps militaris en apenas 28 días
- La investigación busca aprovechar el micelio del hongo para reducir tiempos de producción y fortalecer el desarrollo de alimentos funcionales y suplementos alimenticios
David Sandoval Rodríguez
Fotos: Luis Fernando Fernández y cortesía José Javier García
Xalapa, Ver.- Un hongo utilizado desde hace siglos en la medicina tradicional asiática podría abrir nuevas posibilidades para el desarrollo de alimentos funcionales y suplementos alimenticios; por ello, José Javier García Landa, alumno de la Maestría en Ciencias Alimentarias del Centro de Investigación y Desarrollo en Alimentos (CIDEA) de la Universidad Veracruzana (UV), estudia una estrategia que permite obtener en apenas un mes compuestos bioactivos de alto valor, reduciendo a una tercera parte el tiempo que normalmente requiere su producción.
Su trabajo se centra en Cordyceps militaris, un hongo originario de Asia que ha despertado el interés de la comunidad científica por la presencia de cordicepina, un compuesto exclusivo de unas cuantas especies y cuyo potencial biológico continúa siendo objeto de investigación por sus posibles aplicaciones en el ámbito de la salud.
Aunque este hongo se consume desde hace siglos en países como China y Japón, en México aún no está reconocido como alimento, por lo que existen pocos estudios sobre sus propiedades y formas de producción.

“En nuestro país prácticamente no se ha trabajado con esta especie y la mayoría de las investigaciones se enfocan únicamente en el cuerpo fructífero, que es la parte visible del hongo, nosotros decidimos estudiar el micelio, que es toda la red que permanece debajo”, explicó.
La diferencia no es un tema menor; mientras obtener el cuerpo fructífero puede tomar entre 60 y 90 días, a través de su investigación logró producir el micelio en apenas 28 días mediante fermentación sumergida, una técnica que además permitió evaluar distintos compuestos bioactivos y nutrimentales.
Para ello, el hongo fue cultivado en diferentes medios de crecimiento y sometido a diversas condiciones de iluminación, con el propósito de generar un estrés controlado que favoreciera la producción de metabolitos de interés.

“Nos dimos cuenta de que pequeños cambios en las condiciones de cultivo modifican completamente la respuesta del hongo y, dependiendo del tratamiento, obtenemos mayor producción de proteínas, betaglucanos o cordicepina”, señaló.
Los resultados mostraron que el micelio puede alcanzar concentraciones de cordicepina incluso superiores a las reportadas en algunos estudios realizados con el cuerpo fructífero, lo que representa una alternativa prometedora para reducir tiempos, costos y recursos en su producción.
Además de analizar su composición nutrimental, el proyecto evaluó la seguridad biológica de los extractos mediante ensayos de citotoxicidad con células murinas y los tratamientos con mejores resultados registraron una supervivencia celular superior al 90 %, un indicador que respalda su potencial para futuras investigaciones.
Para el universitario, uno de los aspectos más enriquecedores del posgrado fue comprobar que la investigación científica también se construye a partir del trabajo colaborativo.
Aunque pertenece al CIDEA, gran parte de su proyecto se desarrolló en colaboración con el Centro de Investigación en Micología Aplicada (CIMA), el Instituto de Química Aplicada (IQA) y la Facultad de Ciencias Químicas de Orizaba.

“Lo que más me gusta de la Universidad Veracruzana es esa red que se forma entre institutos y personas. Si un laboratorio no tiene cierto equipo, siempre hay otro donde encuentras apoyo, conoces investigadores, compartes ideas y aprendes de otras áreas, es como si fuéramos un micelio nosotros mismos”, expresó.
Su investigación concluyó recientemente y, como siguiente paso, buscará evaluar el potencial antiinflamatorio del hongo mediante modelos in vivo, con el propósito de seguir generando evidencia sobre las propiedades de este organismo.
Convencido de que la ciencia también transforma a quienes la realizan, el entrevistado invitó a estudiantes y egresados a considerar un posgrado como una oportunidad para crecer profesional y personalmente.
“Es muy bonito estar descubriendo cosas nuevas y sentir que aportas algo a la humanidad; esa es una de las mayores satisfacciones que te deja la investigación”, concluyó.




