- Es la primera persona autista egresada de la Licenciatura en Estudios de Jazz
- Su formación mostró que la inclusión se construye desde la comunidad, comentó Jesús Rodríguez, coordinador de Jazzuv
Paola Cortés Pérez
Fotos: Omar Portilla Palacios (1 y 4) y cortesía Centro Jazzuv (2 y 3)
Xalapa, Ver.- “La música es una forma más libre de expresar lo que uno no puede decir solo hablando y una manera de comunicarnos”, con esta frase Adelita María Villarreal Rodríguez resume una historia que comenzó desde la infancia y que hoy la convierte en la primera persona autista en egresar de la Licenciatura en Estudios de Jazz de la Universidad Veracruzana (UV). Su recorrido habla de perseverancia, aprendizaje y de una comunidad que descubrió en la inclusión una forma de crecer junto con ella.
Cuando era niña, Adelita repetía las canciones que escuchaba y poco después le obsequiaron una guitarra —más parecida a un requinto— que despertó una pasión que con los años definiría su proyecto de vida. “Después me compraron mi primera guitarra y empecé a tener más pasión por la música”.
Con el tiempo entendió que tocar un instrumento significaba mucho más que interpretar melodías, encontró un espacio donde podía expresar emociones y pensamientos que en ocasiones le resultaban difíciles de comunicar de otra manera.

En su búsqueda por seguir en ese camino, primero se acercó a la Facultad de Música, aunque reconoció el valor de la música clásica se decidió por el Centro de Estudios de Jazz de la UV (Jazzuv) porque encontró en este género musical un lenguaje que le ofrecía algo que buscaba desde siempre: la libertad de improvisar, crear y construir su propia voz.
Su paso por este programa de estudios de licenciatura estuvo marcado por desafíos que fueron más allá de aprender armonía, composición o interpretación; reprobar la materia de guitarra fue uno de los momentos que más la hizo cuestionarse, y la pandemia transformó por completo su experiencia universitaria: “Los exámenes ya no eran lo mismo, no tenían la misma chispa”, comentó al recordar las clases a distancia.
Pero cada obstáculo también representó una oportunidad para seguir avanzando. Entre los recuerdos que guarda con mayor cariño están las clases de ensamble, donde compartir la música con otros estudiantes fortaleció su confianza.
Del concierto de titulación, dijo que se trató de una de las experiencias más significativas de su formación. “Cuando hago música siento libertad”, comentó con sencillez.

«La música que hacemos es incluyente por naturaleza»
Detrás de ese logro también hubo un aprendizaje colectivo. Jesús Rodríguez Alarcón, coordinador de Jazzuv, explicó que el ingreso y permanencia de Adelita representó un proceso que permitió al profesorado comprender mejor cómo acompañar a una estudiante con autismo, siempre con el propósito de realizar los ajustes razonables necesarios sin disminuir las exigencias académicas y musicales propias de la licenciatura.
“Fue un proceso de aprendizaje para nosotros y, al mismo tiempo, una alegría verla crecer”. Destacó que el acompañamiento de la madre de Adelita fue fundamental para identificar las estrategias que facilitaran el proceso de enseñanza, especialmente en aquellas asignaturas donde era necesario ofrecer instrucciones más precisas o adecuar algunas dinámicas de trabajo.
Sin embargo, subrayó que el objetivo nunca fue reducir las expectativas, sino brindar las herramientas para que pudiera desarrollar plenamente sus competencias como guitarrista.
Para Rodríguez Alarcón, la experiencia también confirmó el sentido de comunidad que distingue a Jazzuv; docentes, estudiantes y personal universitario hicieron suyo el compromiso de construir un entorno donde la inclusión dejara de ser un concepto para convertirse en una práctica cotidiana.

“La música que hacemos es incluyente por naturaleza. El jazz reúne distintas formas de entender la cultura, de crear y de convivir; por eso, en Jazzuv el sentido de comunidad es fundamental. Aquí vimos cómo compañeros y los profesores cobijaron a Adelita durante todo su proceso, eso demuestra que, aun con las limitaciones que puedan existir, cuando hay apertura y disposición para acompañar a las personas es posible alcanzar resultados muy positivos”, destacó.
Mientras espera recibir su título y cédula profesional, Adelita aún no tiene definido cuál será el siguiente capítulo de su carrera. Lo que sí sabe es que la música seguirá siendo parte de su vida; además de la guitarra, disfruta tocar el piano cuando participa en distintos eventos.
A quienes sueñan con estudiar música les deja un mensaje breve, pero construido desde la experiencia: “No se rindan, si quieren algo, luchen por ello”.
Quizá esta sea la mejor forma de resumir su historia, una en la que la música no solo acompañó su formación profesional, sino que se convirtió en el lenguaje con el que encontró su propia voz y abrió un nuevo camino para la inclusión dentro de la universidad.





