•El momento clave ocurrirá el 19 de abril, cuando alcance su perihelio, es decir, el punto más cercano al Sol.
Pepe Herrera / Gaceta UNAM
Un nuevo fenómeno celeste cruzará los cielos de abril. Se trata del cometa C/2025 R3 (PanSTARRS), un antiguo viajero proveniente de las regiones más remotas del sistema solar que promete convertirse en uno de los espectáculos astronómicos más llamativos del año.
El Dr. René Ortega Minakata, académico del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM, explica que este cometa es de gran interés científico por sus características y origen. Se trata de un cometa de periodo largo, descubierto en septiembre de 2025 por el proyecto PanSTARRS, uno de los programas que monitorean continuamente el cielo en busca de objetos con movimiento o cambios de brillo, especialmente aquellos cercanos a la Tierra.
Su denominación sigue la convención astronómica: la letra C indica que es un cometa no periódico; 2025 corresponde al año de descubrimiento; la letra R señala que fue detectado en la primera mitad de septiembre, y el número 3 indica que fue el tercer cometa registrado en ese periodo.
Además, al tener una órbita parabólica, su trayectoria es abierta y no regresa periódicamente al sistema solar interior.
Aunque permanece ligado gravitacionalmente al Sol, todo apunta a que proviene de la nube de Oort, una región extremadamente lejana que funciona como reservorio de cometas de periodo largo.
“Debido a esto, se estima que esta es la primera vez que el C/2025 R3 entra al sistema solar interior, y probablemente también será la última”, señaló Ortega Minakata. Tras su paso, podría regresar a la nube de Oort o incluso escapar por completo de la influencia solar.
¿Cómo y cuándo verlo?
En México sí será posible observar el cometa, aunque con ciertas limitaciones. En el hemisferio norte, su visibilidad será breve y se concentrará principalmente hasta el 20 de abril de 2026.
El momento clave ocurrirá el 19 de abril, cuando alcance su perihelio, es decir, el punto más cercano al Sol. Durante esta fase, los cometas suelen incrementar su actividad y brillo, aunque esto no garantiza que pueda verse a simple vista.
Las estimaciones indican que podría alcanzar una magnitud aparente de entre 3.5 y 4 en condiciones óptimas. Por ahora, no es visible sin ayuda, pero puede detectarse con binoculares, aunque con cierta dificultad.
Para observarlo, se recomienda mirar hacia el horizonte antes del amanecer, en dirección a la salida del Sol. Es importante contar con un cielo despejado, sin obstáculos y con la menor contaminación lumínica posible.
Si el cometa sobrevive a su acercamiento al Sol, ya que el calor extremo puede fragmentarlo o desintegrarlo, las condiciones de observación mejorarán en el hemisferio sur hacia finales de abril y principios de mayo, cuando se eleve más en el cielo vespertino y alcance su máximo brillo.
La importancia de estudiar estos cuerpos celestes
Más allá del espectáculo visual, los cometas como C/2025 R3 son clave para entender el origen del sistema solar.
Estos cuerpos conservan materiales prácticamente intactos desde hace miles de millones de años, lo que los convierte en auténticas cápsulas del tiempo. Su análisis permite reconstruir las condiciones de la nube de gas y polvo que dio origen al Sol y a los planetas.
Asimismo, su estudio ha aportado evidencia a teorías sobre el origen del agua y de compuestos orgánicos en la Tierra, ya que se cree que impactos de cometas pudieron haber contribuido a traer estos elementos esenciales para la vida.
Un fenómeno creciente gracias a la tecnología
La detección y estudio de cometas ha avanzado notablemente en las últimas décadas gracias a programas automatizados como PanSTARRS, ATLAS y Catalina, que escanean grandes regiones del cielo de forma constante.
A esto se suman misiones espaciales como SOHO y el Solar Dynamics Observatory (SDO), que han permitido observar cometas en condiciones extremas, especialmente aquellos que se aproximan mucho al Sol.
Un visitante fugaz que conecta ciencia y asombro
El paso del cometa C/2025 R3 no solo representa una oportunidad para observar un fenómeno poco común en el cielo mexicano, sino también un recordatorio del origen remoto y dinámico de nuestro sistema solar. Aunque su visibilidad será limitada y dependerá de múltiples factores, su presencia ofrece tanto a científicos como a observadores una ocasión única para mirar, aunque sea por unos días, a uno de los viajeros más antiguos del cosmos.





