
- Investigadoras compartieron sus trabajos en el X Congreso de Historiadores de Ciencias y Humanidades de la Universidad Veracruzana
- En el simposio 2 abordaron la epistemología histórica de la alimentación en México
José Luis Couttolenc Soto / Fotos: César Pisil Ramos
26/03/26, Xalapa, Ver.- El pulque, más allá de ser una bebida tradicional, se convirtió a finales del siglo XIX en un objeto de estudio riguroso para médicos y químicos, quienes buscaban legitimar sus propiedades nutricionales bajo un enfoque de epistemología histórica, comentó Elizabeth Valladares Gómez, alumna de Doctorado en Humanidades en Salud de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La investigadora, junto con Alejandra Ramírez López, de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), y Blanca Iraís Uribe Mendoza, de la Escuela de Educación Básica de la CDMX, compartieron el resultado de sus estudios de posgrado en el
X Congreso de Historiadores de Ciencias y Humanidades, que se celebra del 24 al 27 de marzo en la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana (UV).
Esto, dentro del simposio 2 “Domesticar la alimentación: epistemología histórica de la alimentación en México», en el que analizaron cómo ciertos productos de consumo cotidiano transitaron hacia el ámbito del conocimiento científico y la salud pública.
Elizabeth Valladares presentó su investigación «Pulques medicinales, usos terapéuticos, saberes científicos y nutrición». Destacó que el interés científico por esta bebida coincidió con el auge de la industria magueyera, impulsada por la llegada del ferrocarril que conectaba los Llanos de Apan, Hidalgo con el centro del país.

Esta infraestructura permitió que la producción dejara de ser local para convertirse en un sector económicamente relevante, despertando la curiosidad de expertos por conocer a fondo la composición química del maguey y sus derivados para potenciar su explotación industrial.
La ponente subrayó que figuras como Leopoldo Río de la Loza y José Guadalupe Lobato realizaron análisis químicos fundamentales desde 1860, investigaciones que determinaron que el pulque contenía sustancias benéficas como albúminas y azúcares.
A partir de estos hallazgos, la dieta comenzó a verse como un factor clave para la intervención política y médica, posicionando al pulque en el centro de los discursos higienistas que buscaban combatir la desnutrición y las enfermedades populares.
Un punto relevante de la charla fue la mención a los trabajos de Manuel Payno, quien en 1864 compiló información sobre las capacidades del pulque para «reparar fuerzas» y funcionar como alimento. Sin embargo, el análisis científico también trajo consigo una problematización: la necesidad de regular el contenido alcohólico de la bebida.

Enseguida, Alejandra Ramírez López y Blanca Iraís Uribe Mendoza presentaron la investigación “De la escuela a la mesa: una historia de cómo aprendimos a comer desde los libros de texto gratuitos en México”.
El estudio analiza cómo la generación de libros de 1972 marcó un cambio hacia una perspectiva exploratoria y progresista, dejando atrás la simple prescripción de hábitos para integrar la alimentación como un eje de identidad nacional y cohesión social.
En este análisis, las investigadoras destacan que la narrativa alimentaria trascendió lo biológico para convertirse en una herramienta de regulación moral y científica; bajo la ideología postrevolucionaria, el cuerpo infantil se proyectó como un «laboratorio químico» o maquinaria que requería combustible óptimo para garantizar el rendimiento intelectual y físico.
Así, la selección de alimentos se vinculó directamente con la formación de ciudadanos sanos y productivos, alineados al proyecto de nación de la época.

El estudio subraya que estos libros posicionaron a los niños como agentes activos a través del aprendizaje significativo y la experiencia sensorial. Además de los datos técnicos, la narrativa de los textos promovió valores familiares y sociales, enfatizando la importancia de los momentos de convivencia a la mesa.
De esta forma, la alimentación en el aula se consolidó como un discurso científico y cultural que buscaba legitimar un modelo educativo de largo alcance.




