
- Investigación desarrollada por José Alfredo Muñiz, alumno del Doctorado en Ciencias Agropecuarias en la Universidad Veracruzana (UV), documenta 47 especies en paisajes agrícolas asociados a la selva baja
- El estudio confirma que temperatura y lluvias influyen en su abundancia y destaca nuevos registros para el estado
Paola Cortés Pérez
Fotos: Omar Portilla Palacios y cortesía de Jorge Alfredo Muñiz Ramírez
Xalapa, Ver.- Los insectos desempeñan un papel fundamental, ya que alrededor del 72% de los principales cultivos del mundo son polinizados por ellos; sin embargo, diversas investigaciones documentan un declive global de sus poblaciones, advirtió Jorge Alfredo Muñiz Ramírez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agropecuarias en la Universidad Veracruzana (UV).
El universitario impartió la conferencia “Diversidad y ecología de mariposas nocturnas en el bosque tropical caducifolio de Veracruz”, como parte de las actividades del Seminario del Instituto de Investigaciones Forestales (Inifor) de esta casa de estudios.
Durante la charla comentó que las principales causas de la disminución de la población de insectos son la pérdida y fragmentación del hábitat, el cambio climático y el uso de plaguicidas, especialmente los neonicotinoides, que afectan directa e indirectamente a numerosos grupos.
Aunque la mayoría de los estudios sobre polinización se han centrado en insectos diurnos, destacó que gran parte de la diversidad de lepidópteros polinizadores corresponde a mariposas nocturnas o polillas, las cuales no sólo forman parte del paisaje natural, también cumplen funciones ecológicas y son sensibles a los cambios ambientales.
Dentro de ellas, la familia Sphingidae –conocidas como polillas esfinge– resulta especialmente interesante: algunas especies pueden volar hasta 50 kilómetros por hora y alimentarse en vuelo –como los colibríes– gracias a su larga probóscide (estructura similar a una trompa), que en ciertos casos puede medir hasta 15 centímetros.
Además, este grupo presenta una dualidad ecológica: mientras que en su etapa larval algunas especies pueden convertirse en plagas agrícolas, en su fase adulta son importantes polinizadoras de diversas plantas, incluidas especies de interés económico y otras en riesgo de extinción.

Bosque tropical caducifolio, ecosistema estratégico
Jorge Alfredo Muñiz contó que el estudio se llevó a cabo en el bosque tropical caducifolio –también llamado selva baja caducifolia–, un ecosistema con marcada estacionalidad: durante la temporada seca, más del 75% de los árboles pierde sus hojas; mientras que en el periodo de lluvias el paisaje se transforma en un entorno verde y abundante.
En la vertiente atlántica de México, apuntó, existen pocos fragmentos bien conservados de este tipo de vegetación, y en Veracruz no hay áreas naturales protegidas formalmente designadas para su resguardo, a pesar de su relevancia biológica.
La investigación se realizó en un sitio con mosaico de cultivos agrícolas (mango, chicozapote y guanábana) y remanentes de vegetación nativa, lo que permitió analizar cómo interactúan los agroecosistemas con la biodiversidad local.
Entre enero de 2023 y diciembre de 2024 se realizaron muestreos mensuales nocturnos, acumulando 288 horas efectivas de trabajo de campo. Con el apoyo de trampas de luz y técnicas de colecta y determinación taxonómica, se registraron: 342 individuos, 47 especies, 22 géneros, tres subfamilias y cuatro tribus.
El análisis estadístico indicó que el muestreo alcanzó una cobertura del 97%, lo que significa que la mayoría de las especies presentes en el sitio fue documentada. La estimación sugiere que podrían existir alrededor de 54 especies en total en la zona estudiada.
Señaló que un dato llamativo fue la proporción sexual: aproximadamente 85% de los ejemplares capturados fueron machos, fenómeno que también ha sido reportado en otros estudios y que podría relacionarse con una mayor atracción de éstos a las trampas de luz.
Otro de los hallazgos es que la riqueza (número de especies) y la abundancia (cantidad de individuos) aumentaron notablemente durante la temporada de lluvias, especialmente entre junio y septiembre.
Explicó que los modelos estadísticos mostraron una relación positiva y significativa entre temperatura, precipitación y diversidad, esto es, cuando aumentan las lluvias y la temperatura, también lo hace el número de especies y de individuos.
No obstante, la composición de especies fue similar entre temporadas seca y lluviosa; lo que cambió fue la cantidad de ejemplares y el número total de especies observadas en cada periodo, aclaró el estudiante de posgrado.

Nuevos registros y aportes para la conservación
El estudio documentó cuatro registros nuevos para Veracruz y confirmó la presencia de una especie endémica de México. Además, dijo que se trabaja en la validación de un posible nuevo registro para el país, respaldado con análisis de genitalia y código de barras genético.
Al comparar con investigaciones previas en otros ecosistemas del estado, el bosque tropical caducifolio mostró una riqueza superior a la registrada en algunos bosques mesófilos y selvas medianas, aunque menor que la de selvas altas perennifolias más extensas y conservadas.
A manera de conclusión, Muñiz Ramírez subrayó tres ideas centrales: Los agroecosistemas no son “desiertos biológicos”; pueden funcionar como reservorios de biodiversidad si conservan fragmentos de vegetación nativa.
Los insectos, al ser organismos sensibles al clima, permiten anticipar cómo responderá la biodiversidad ante la estacionalidad y el cambio climático; y tres, los inventarios locales son esenciales para diseñar estrategias de manejo agrícola sostenible y políticas públicas basadas en evidencia.
La investigación aporta información inédita sobre la diversidad de mariposas nocturnas en un ecosistema poco estudiado de Veracruz y refuerza la necesidad de integrar ciencia, agricultura y conservación en la agenda ambiental regional, finalizó Jorge Alfredo Muñiz.





