- «Solamente la fuerza de la caridad puede purificar el corazón de los hombres tan llenos de violencia», indica el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa que preside monseñor Jorge Carlos Patrón Wong.
“La persona necesita abrirse a la ayuda divina, para poner en práctica la justicia y el bien común, hasta lograr una sociedad justa y fraterna donde cada ciudadano alcance su realización plena”, así lo considera este domingo el padre Juan Beristain de los Santos, portavoz de la Arquidiócesis de Xalapa.
En su pieza informativa dominical, el también párroco de San Isidro en esta capital, añade enfático: “La ola de violencia que inunda muchas regiones del país contamina el ambiente y genera más violencia en la sociedad mexicana y veracruzana”.
“Solamente la fuerza de la caridad puede purificar el corazón de los hombres tan llenos de violencia y conseguir que los espacios públicos sean un lugar de encuentro donde todos los ciudadanos puedan vivir la justicia, la paz y el servicio mutuo. El camino para el verdadero desarrollo radica en reconocer que el ser humano es sujeto de todos los derechos y obligaciones, pues refleja la grandeza del Dios verdadero”, indica el clérigo católico.
Con el titular “Urgente necesidad de purificación de la violencia en México”, el sacerdote católico comenta los pasajes evangélicos de la liturgia dominical:
“La purificación del templo (Juan 2,13-25) realizada por Jesús debe ser vista a la luz de su resurrección, para descubrir que Cristo es el verdadero templo, el verdadero lugar de encuentro entre Dios y los hombres. La libertad religiosa es la expresión personal de la vocación trascendente de cada ser humano, pues éste no puede ser reducido a la dimensión puramente material. El hombre lo es todo o no es persona en el amplio sentido de la palabra”.
Indica: “La actuación de Jesús al purificar el templo de Jerusalén pone en guardia a todos frente a las posibles ambigüedades, deformaciones, alteraciones y manipulaciones de lo auténticamente divino y humano por parte de quienes no tienen una comprensión correcta de la persona. Encerrar al ser humano en una asfixiante búsqueda de ganancia económica y del placer desenfrenado reduce a la persona a un camino sin salida, que produce una instrumentalización del hombre. El ser humano es un fin en sí mismo y no un medio. Para que haya paz y justicia debe reconocerse que la persona es imagen y semejanza de Dios”.






