La ayuda para los damnificados de la zona norte de Veracruz “no ha sido suficiente”, así lo considera el padre Juan Beristain de los Santos, vocero de la arquidiócesis de Xalapa. Desde su parroquia “San Isidro Labrador” en la capital veracruzana, el clérigo católico indica que “es tiempo de que todos continuemos con la ayuda”.
Al mismo tiempo, fustiga a las autoridades de los tres niveles de gobierno: “se hace un llamado a las autoridades para que mantengan como prioridad la ayuda a los damnificados, pues las ‘autoridades públicas no deben sustraer a la familia las tareas que puede desempeñar sola o libremente asociada con otras familias; por otra parte, las mismas autoridades tienen el deber de auxiliar a las familias asegurándole las ayudas necesarias para asumir de forma adecuada todas sus responsabilidades’”, indica, citando el numeral 214 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
“La parábola del fariseo y el publicano —dice al referirse al texto evangélico de este domingo— es conocida por muchos. La actitud del fariseo de autosuficiencia deja entrever un camino erróneo para abrirse al amor de Dios que lo conduzca al encuentro con los demás, con el firme propósito de construir una sociedad solidaria y fraterna. La actitud autosuficiente y egoísta del fariseo cierra y bloquea toda posibilidad hacia el camino de la solidaridad y subsidiariedad en el encuentro con los demás por algún caso de extrema necesidad o de máxima emergencia. El pasado viernes 10 de octubre algunas zonas del municipio de Poza Rica y otras zonas de algunos municipios aledaños del estado de Hidalgo, Puebla y Tamaulipas sufrieron un desastre natural por causa de las fuertes lluvias”.
“Ante esta catástrofe natural, muchos ciudadanos de la sociedad civil y autoridades se han mostrado solidarios con todos los damnificados del norte del Estado de Veracruz. Sin embargo, por los cuantiosos daños la ayuda no ha sido suficiente. Es necesario recordar que la recuperación integral se llevará mucho tiempo y esfuerzo. Por eso, hay que seguir orando a Dios y abrazando el dolor de los damnificados para brindarles la ayuda que están necesitando”, asienta el presbítero de la iglesia católica romana.






