- “Desempleo, narcotráfico, secuestros, asesinatos, migración, corrupción, educación y servicios de salud deficientes”, expone el portavoz eclesial, el padre Juan Beristain de los Santos.
Nidia Miles
“La oración confiada y comprometida con las realidades sociales, económicas, culturales y políticas brinda la luz necesaria, para descubrir con profundidad que la vida entera se acoge a la esperanza de mejorar cada problemática si se busca primero valorar la dignidad de cada persona y convertirla en agente y protagonista de su propia historia y del acontecer nacional y estatal”, así lo expresa el padre Juan Beristain de los Santos, Director de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.
En su comunicado dominical, titulado “Buscar la esperanza que renueva”, el clérigo católico llama a orar de manera confiada, para obtener “la luz suficiente, para ver que la difícil situación social y política de México ha provocado un cierto desencanto y poco aprecio de la actividad política”.
“La oración y el silencio dan sensibilidad para ver que México continúa con problemas graves que las autoridades están tratando de resolver: desempleo, narcotráfico, secuestros, asesinatos, migración, corrupción, educación y servicios de salud deficientes; falta de apoyo al campo, pobreza, ambición de poder, escasa credibilidad de las instituciones políticas y judiciales; salarios estratosféricos de funcionarios, propuestas políticas con falta de resultados”, asienta.
“La oración y en silencio otorgan la sabiduría para aceptar las problemáticas que se viven en el territorio nacional y para buscar transformarlas, mediante la participación de cada ciudadano, sin exclusión de nadie”, indica el clérigo católico.
“Casi sin darse cuenta las personas van llenando su vida de cosas, actividades, preocupaciones y otros tantos intereses que no les queda lugar para hacer silencio y oración. Según esta lógica siempre habrá algo más urgente que hacer oración. Pero ¿cómo y para qué ponerse a orar cuando se tienen tantas cosas en que ocuparse? Confiando en que Dios escucha a toda persona que le invoca y porque no es posible vivir la fe y los compromisos para transformar las situaciones adversas de la vida sin orar, confiadamente a Dios. Cristo enseñó a orar insistentemente a sus discípulos para hacer presente el reino de Dios en cada etapa de la historia y en cada rincón de la tierra (Lc 11, 1-13)”, indica Beristain de los Santos.






