Vivimos en la hiperrealidad; la gente se queda ya no con lo que escribes como periodista sino con lo que se imagina: Livia Díaz

  • Originaria de la Ciudad de México, ha ejercido esta profesión a lo largo de 34 años lo mismo en su ciudad natal como en Tabasco, Campeche, el norte de Veracruz y Xalapa, donde radica actualmente.
  • Por ganar la nota algunos medios o instituciones se equivocan, como la UNAM que hace algunos meses dio por hecho el fallecimiento de Noam Chomsky, indica.
  • Le debemos un homenaje a Eliseo Tejeda Olmos, un periodista que vino desde abajo, que se preparó y que murió sin ser reconocido, indica.

Miguel Valera

Reportera y poeta, Livia Díaz Ortiz considera que, en pleno apogeo de las redes sociales, bombardeados por aquí y por allá, “la gente ya no se queda con lo que escribiste (como periodista) sino con lo que se imagina; ya estamos en la hiperrealidad”.

Sus palabras, proyectan, de manera contundente a los teóricos de la filosofía posmoderna, quienes han planteado los nubarrones entre la realidad y la representación o la primacía de las imágenes sobre la realidad. “Yo llego con una persona y le platico una cosa y ella me informa a mí, en vez de que yo le informe”, asevera.

Como ejemplo, cita la presunta muerte del filósofo Noam Chomsky, el pasado 18 de junio de 2024, circulada en una fake news atribuida al italiano Tommaso Debenedetti. “Matan a Chomsky, dice Livia Díaz y la UNAM saca una esquela y de ahí todo mundo a dar condolencias. No hubo en ese momento un periodista que corroborara el pinche dato”, comenta, muy jarocha, la comunicadora.

“A mí mi hijo me dijo: mira mamá, la esposa de Chomsky puso un twitter en donde señala que no está muerto. Y así, corroborando aquí y allá sacamos una nota diciendo que su muerte era una falsedad. Muchas veces en las instituciones, como la UNAM o en los medios, con tal de ganar la nota, se publican cosas sin ser corroboradas. Aquí pasa mucho en Veracruz. Tú súbela, para que no nos ganen la nota, aunque no sea cierto. Eso va en contra de nosotros”, indica.

Mediadora de lectura, artesana, jardinera y acompañante de adultos mayores, como se define, Livia Díaz Ortiz ha tenido una larga trayectoria. Aunque estudió Enfermería, su vocación ha sido el periodismo. “A mí me viene de cuna. Imagínate, mi abuelo fue reportero de la Revolución y mi padre fue reportero de La Prensa, La Voz de México y de El Machete”, indica.

Ella se fue involucrando en el periodismo desde que estudiaba en la Secundaria. “Estuve trabajando en el área de prensa del PRD cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano era su Presidente. Mi jefe fue Ricardo Andrés Pascoe Pierce”.

Su primera entrevista, refiere, en la Escuela Secundaria, fue una entrevista que le hizo al actor Héctor Bonilla, quien estaba montando La Barca de Noé, en un teatro de San Rafael. Fue mi primera entrevista. Él era muy amigo de mi padre. También en esa época entrevisté a la cantante cubana Elena Burke”, asevera.

Fue Francisco Luciano Concheiro Bórquez, quien dirigía el periódico del PRD, “quien me impulsó, me dijo que dejara mis miedos y que me lanzara a entrevistar y publicara, que me foguera”.

En esa época, añade, conoció a Óscar Hinojosa y Carlos Ramírez, quienes de alguna manera la animaron a escribir en Excélsior y El Universal.

También en los años 90 trabajó con Gerardo Unzueta Lorenzana Arnoldo Martínez Verdugo en lo que era el Partido Comunista Mexicano. “Ahí estuve en la revista del Centro Obrero y Socialista, CEMOS. Fui editora y además vendía publicidad. Unzueta era un periodista muy reconocido. Ahí aprendí a diagramar en PageMaker y ahí me empecé a involucrar en todo lo digital con la llegada del internet”.

ENTRE TABASCO, CAMPECHE Y VERACRUZ

Luego de su paso por la Ciudad de México, Livia Díaz Ortiz vivió en Villahermosa, Tabasco. Ahí conoció al periodista Audelino Macario Rodríguez, quien dirigía la revista Portavoz.

“Me pidió que trabajara reportajes de temas que me parecieran interesantes. Me llamó la atención el de los suicidios. Aquí la gente se quita la vida todos los días y a toda hora. Eso y los niños de la calle fueron mis primeros temas. Regresé con muchas cuartillas en la mano y me dijo: ahora vuélvemelo una novela de cinco  páginas. Lo hice y ese trabajó entró en portada. Me pidió uno cada ocho días, de 250 pesos por semana”, indica.

De ahí, Livia Díaz Ortiz llegó a Ciudad del Carmen, Campeche y se aprestó a pedir trabajo en el Novedades de Campeche, en un estado que sólo tenía dos municipios: ciudad del Carmen y Campeche.

“Entré de reportera. Ahí me estuve hasta 1995. La periodista Lourdes Galaz, a quien ya conocía, me pidió ser corresponsal de La Jornada y Jenaro Villamil Rodríguez, quien dirigía el Financiero en Yucatán, me pidió hacer lo mismo en este medio”, indica.

“Cubría toda la zona de Campeche. Aparte colaboraba con algunas revistas. Me iba muy bien, mis tres hijos tenían todas las comidas”, comenta sonriente.

Luego de esta experiencia en el sureste mexicano regresó a la Ciudad de México en 1996. Ahí, Guadalupe Macías le dio trabajo en un Suplemento de Ciencia y Tecnología de El Financiero. A la venta de ese medio, el proyecto se acabó. Colaboró un tiempo en “Genios e Ingenios”, un proyecto de la propia Macías.

“En ese Suplemento de ciencia, Educación Superior y Tecnología, aprendí otra rama, entrevistando a académicos y científicos”.

En ese tiempo, su entonces esposo se va a trabajar a Poza Rica y ahí llega al norte de Veracruz Livia Díaz Ortiz.

LOS RETOS DEL PERIODISMO EN NUESTRA ÉPOCA

—¿Cuáles consideras que son los retos del periodismo hoy en día?, le pregunto.

“Pues que ya no hay periodismo”, contesta a bote pronto, para referirse a la vorágine informativa de los medios digitales, de las redes sociales, del TikTok y de lo que ahora consume la gente, en general, como comida rápida, lo trivial, lo que genera risa, lo hilarante y hasta lo que no tiene sentido.

“Acaba de morir Cheo (Eliseo Tejeda Olmos) y cuando hice la nota póstuma yo me daba cuenta de que al parecer soy la única que usa la técnica de la nota póstuma. Aprendí periodismo con un libro de Vicente Leñero y Carlos Marín a hacer las notas como debe de ser. La póstuma: datos duros, históricos, de mayor a menor, etcétera. La mayoría de las notas ahora no están ni fechadas. Tú las lees y no sabes si eso fue en Cuba, Nicaragua o México. Ese es el rato”, refiere.

—¿Cuál es el reto del periodismo frente a la vertiginosidad de la vida?

“Mira, yo desde que llegué a Veracruz me he dado cuenta de que el periodismo no puede ser si no hay intimidad. Si esa persona no confía en ti, entonces tiene mucho que ver con eso. El lector, si confía en ese medio, aunque ese medio diga cosas absurdas, es lo que cree. Es una observación personal de cómo actúan los lectores aquí. Realmente mucha gente dice: yo ya lo leí, y la mayoría lo dijo tal y cual, y aunque lo digas que no fue así, ellos creen porque lo dijo fulano”.

—¿Crees que la gente se va con la primera versión?

“Después de la primera versión pues ya. Lo vimos con el tema de Jalisco y el rancho con supuestas fosas. Todos sabemos, todos tenemos familiares, amigos, compañeros, que han sido desaparecidos, borrados del mapa con toda su familia. No es noticia”.

—¿Crees que los políticos se aprovechan de eso, de la volatilidad de los acontecimientos, para decir una cosa y al rato otra?

“Así es, es muy simple. ¿A quién permiten el paso en el Congreso local? A los que ponen la camarita. No buscan un periodista que de una buena nota e incluso a veces los exhibes si los entrevistas. Ya ves lo que le pasó a la Secretaria de turismo”.

—¿Cuál consideras que debe ser el reto de nosotros los periodistas?

“Es que desde el día 1 he vivido lo mismo. Tienes que tratar de sobrevivir, de ser gestor, de ser tu propio difusor, editor, promotor, gerente, reportero, todo, pero a la vez capacitarte cada vez más, porque ahorita hay Redes Sociales que ya son obsoletas. Hay compañeros que ya están en un podcast, que tienen intimidad con la gente de manera directa, como influencers y nosotros no hemos entrado ahí, nos están ganando la clientela. Sin embargo, el político, el educador, el que tiene que picar piedra todos los días, sí acude al periodista. Sí trata de informarse más, de leer. Tenemos dos mercados muy difíciles”, asienta.

EL PERIODISTA, EN LA LUCHA POR LA SOBREVIVENCIA

Livia Díaz Ortiz se refiere finalmente a la realidad entre los editores, dueños de los medios de comunicación y los periodistas de a pie, que tienen que ganarse la vida con malas condiciones laborales.

“Aquí en el estado hay dos mundos del periodismo muy diferentes. Cuando anduve en la huasteca, porque de Poza Rica me fui a Tantoyuca a dirigir el Diario de Tantoyuca que ya no existe. Ahí una gran parte de la población es hablante de tenek, y formé reporteros tenek y se iban a vocear en tenek para tener satisfechos a los pueblos indígenas, pero la mayoría de mis compañeros no eran ni son asalariados”.

“La del periodista es una lucha por sobrevivir. Además de hacer periodismo ponen en sus fanpages venta de coches, de pollos, arreglos de quinceañeras, tienes que tener dos o tres trabajos diferentes para seguir adelante”, asevera.

“En 20 años que hicieron asociación de periodistas, la CEAPP, no han podido ayudar en nada, a dignificar el ejercicio periodístico”.

“Lo acabamos de ver ahora que murió ‘Cheo’, Eliseo Tejeda Olmos, a quien le debemos un homenaje, que ni siquiera una corona mandaron. El periodista da su vida por su país. Yo se lo exigí al ex gobernador, que por lo menos nuestra última morada no sea preocupación de nuestra familia, que ya tengamos un nicho en el panteón, donde nos velen. La funeraria del DIF ya se volvió de los periodistas”, asentó.

“Cheo desde chiquillo ya andaba vendiendo periódicos. Fue un gran reportero. Se hizo en el medio. Nosotros que somos empíricos hemos sido eclécticos. Estudiamos, nos capacitamos, Cheo nunca dejó de hacerlo. Es un ejemplo y se merece un homenaje post mortem”, concluye.

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