Por Juan Manuel Herrera Sosa
Últimamente habrás escuchado mucho sobre la reforma judicial, y quizá te preguntes por qué es tan importante o cómo nos afecta realmente a ti y a mí. Pues bien, no es un tema que debamos tomar a la ligera, porque nuestra vida diaria depende muchísimo más de la justicia de lo que pensamos. Desde resolver asuntos cotidianos hasta grandes temas nacionales, todo pasa por el filtro de jueces, magistrados y ministros que deciden lo que es justo o no.
¿Pero por qué cambiar algo que ya existe desde hace décadas? La respuesta es sencilla: porque lo que tenemos ahora ya no funciona del todo bien, y honestamente, algunos aspectos están bastante mal. Con el tiempo, nuestro sistema judicial acumuló errores y vicios que ahora se hacen evidentes. Problemas tan visibles como corrupción, favoritismos y falta absoluta de responsabilidad son situaciones comunes, y no podemos seguir así.
Históricamente, el Poder Judicial ha estado demasiado cerca del poder político, lo cual compromete su independencia. Imagínate esto: las personas encargadas de impartir justicia eran elegidas más por acuerdos políticos que por su capacidad real o méritos profesionales,esto provocó que muchas decisiones importantes se tomaran pensando en intereses particulares o partidistas, en lugar de pensar en lo que realmente es justo.
Pero ahora se presenta algo histórico y muy positivo, por fin tenemos la posibilidad real de intervenir y decidir quiénes serán nuestros jueces, magistrados y ministros. Nunca anteshabía ocurrido algo así; es una oportunidad para cambiar las cosas de raíz y tener finalmente una justicia transparente y cercana. Se trata de que la justicia sea algo de lo que participamos todos y no algo ajeno, decidido a nuestras espaldas.
Uno de los aspectos más interesantes de esta reforma es precisamente la democratización en la selección judicial, lo que desde mi punto de vista implica mayor transparencia y rendición de cuentas frente a la sociedad. Esto no es un simple ajuste administrativo, es un cambio de paradigma sobre cómo se ejercerá la justicia en nuestro país.
Otro aspecto clave es la creación de un Tribunal de Disciplina Judicial. ¿Por qué es tan necesario? Antes, quien debía investigar y sancionar las faltas era el Consejo de la Judicatura, integrado por los mismos jueces y magistrados que debía supervisar. Claramente, esto jamás iba a funcionar, era como dejar la puerta abierta y pedirle al ladrón que cuidara la casa.
Este diseño defectuoso permitió que la corrupción se adentrara cómodamente en el sistema judicial. Los mismos responsables de sancionar irregularidades terminaban encubriéndose unos a otros, o en el peor de los casos, usando sus atribuciones para presionar indebidamente el actuar de los juzgadores, generando impunidad y frustración social. Este nuevo tribunal independiente pretende romper ese círculo vicioso y garantizar una justicia más imparcial.
Claro que los cambios generan incertidumbre; es normal preguntarse si esta reforma será suficiente o si realmente resolverá los problemas de fondo. La verdad es que aún no hay certezas absolutas, pero no podemos quedarnos cruzados de brazos esperando soluciones mágicas, porque la realidad es que la justicia depende también de nosotros. No basta con quejarnos en redes sociales o criticar sin hacer nada; necesitamos involucrarnos de forma activa e informarnos sobre quiénes serán los candidatos para estos cargos tan importantes.
Participar activamente significa conocer los perfiles de quienes aspiran a ser jueces o magistrados, exigir transparencia y votar responsablemente. Así es como realmente podremos lograr que esta reforma judicial tenga el impacto positivo que tanto esperamos.Al final, la justicia que tendremos mañana depende de lo que hagamos hoy. No se trata solo de reformar leyes o instituciones; es cuestión de construir ciudadanía responsable, activa e informada.
Esta reforma judicial puede marcar un antes y un después en nuestro país. Aprovechemos esta oportunidad histórica para asegurar una justicia que sea realmente justa, transparente y digna de nuestra confianza.





