Sergio Armin Vásquez Muñoz
Todos conocemos alguna o algunas de las historias de Oriente que se relatan en el libro de “Las mil y una noches”. Sabemos que la protagonista, Sheherazade, debe contar al sultán un relato diferente cada noche, a fin de evitar que le corte la cabeza, porque él ya no cree en la fidelidad de las doncellas, debido a las veces que habían defraudado su confianza. Su tesis es que todas las mujeres son infieles. Por ello, ha tomado la decisión de casarse cada noche con una mujer virgen y decapitarla al día siguiente, para evitar la posibilidad de volver a ser engañado. Sin embargo, llega el momento que el visir encargado de conseguir esposas ya no puede encontrar ninguna, por lo que su hija, Sheherazade, se ofrece ser la esposa del monarca. La primera noche, ella logra cautivar la atención de Shahriar, el rey, contándole una historia que interrumpe antes del amanecer, con la promesa de narrar algo más sorprendente la noche siguiente, si el sultán la deja vivir un día más. La estrategia se repite durante mil y una noches, en el transcurso de las cuales se cuentan los relatos que componen el libro. Una de las versiones señala que, al final, el rey termina por enamorarse y perdonarle la vida a Sheherazade, haciéndola su esposa de a deveras. Por supuesto, fueron felices para siempre, y ese “para siempre” se revive cada que alguien lee o cuenta alguna de las historias.
Las fuentes que abordan el tema, como National Geografic, refieren que el origen de “Las mil y una noches” se encuentra probablemente en la Persia del siglo X, en una compilación de leyendas llamada “Mil historias”, aunque en aquel momento había alrededor de quinientas. De todos modos, el número mil era “un indicador de gran cantidad, más que un recuento exacto”. A lo largo del tiempo, el número de relatos ha variado, desde unos pocos cientos, hasta más de mil.
Estas historias diferían enormemente en estilo y origen, con cuentos y leyendas griegas, persas, árabes, sirias, indias, chinas y egipcias. La colección fue creciendo con las aportaciones de los distintos pueblos que conquistaron Persia a lo largo de su historia. Incluso, la historia de Shahriar y Sherezade, que sirve como base para todas las demás, en su origen era probablemente una narración singular como las otras, que el primer autor o narrador de la compilación escogió como la historia principal. Otros relatos, como la de Simbad, tenían también un origen independiente y fueron añadidas en algún otro momento o lugar.
Como puede advertirse, la historia original en sí misma es cautivadora y hasta romántica. Y ha dado pie a más relatos, a obras de teatro y a composiciones musicales, como el caso de Shéhérazade, opus 35, una suite sinfónica del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, estrenada en San Petersburgo en noviembre de 1888, basada precisamente en “Las mil y una noches”, que esencialmente “combina dos características comunes de la música rusa: una deslumbrante y colorida orquestación y un interés por el Oriente, muy destacado en la historia de la Rusia imperial”, según se lee en Wikipedia.
Esa deslumbrante y colorida orquestación es la que retoma Jorge Vázquez, director y fundador de Filarmonía, y la hace propia, para narrarnos musicalmente la historia de Sherezade. Por supuesto, lo hace magistralmente.
La suite original está dividida en cuatro movimientos:
I. «El mar y el barco de Simbad»: Largo e maestoso — Allegro non troppo en Mi mayor
II. «La historia del príncipe Kalendar»: Lento — Andantino — Allegro molto — Con moto en Si menor
III. «El joven príncipe y la joven princesa»: Andantino quasi allegretto — Pochissimo più mosso — Come prima — Pochissimo più animato en Sol mayor
IV. «Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce»: Allegro molto — Vivo — Allegro non troppo maestoso en Mi mayor.
De esta forma, a través de esos cuatro episodios musicales, el director Jorge Vázquez hace que el espectador sea parte de la historia y, en su momento, parte de la orquesta. O al revés, dependiendo de qué tanto el espectador se deje guiar por el entramado musical. Lo mismo ocurre en cada presentación. La más reciente fue la que ofreció el pasado sábado 17 de agosto, a la comunidad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, en el edificio La Estaca, en Xalapa, Veracruz, en donde Jorge Vázquez y los integrantes de la Orquesta Filarmonía, hicieron gala de su talento, para buena fortuna de quienes tuvimos oportunidad de asistir.
Y así como Sheherazade dejó cautivo al rey con sus relatos, así Jorge Vázquez deja abierta la puerta para seguir su trayectoria y ser testigos de su virtuosismo, como lo han podido constatar múltiples públicos en las presentaciones con diferentes orquestas que ha dirigido este joven director en varias partes del país y del mundo, en cuyos conciertos ha quedado manifiesta su gran capacidad para “recuperar el deseo ferviente de los compositores”.
No queda más que, como el sultán, estar atento a la próxima historia musical de Jorge Vázquez, quien seguramente tendrá algo mágico e interesante qué contarnos.





