(Segunda Guerra Mundial 1914-1918)
Austria
A mediados de noviembre de 1918 los combates habían concluido por fin. Dos millones de soldados austro-húngaros habían perdido la vida defendiendo al imperio en violentos enfrentamientos contra rusos, italianos, serbios y rumanos… Más de dos millones habían acabado en los campos de prisioneros de Rusia y Siberia en deplorables condiciones, y otros tres millones de soldados habían resultado gravemente heridos. La poderosa monarquía en cuya defensa y honor se habían librado estas acciones bélicas se había desmoronado y desintegrado, y el largo período de grandeza de Austria llegó a un lamentable fin.
Viena, antaño el centro de la zona de libre comercio de la monarquía y el corazón de un imperio europeo en expansión, se vio sorprendida por el giro que adoptaron los acontecimientos. El antiguo sistema ferroviario en el que se basaba la economía de los Habsburgo quedó paralizado conforme los Estados recién creados reclamaban la propiedad de las vías férreas. La nueva administración de Budapest, retenía los alimentos y las materias primas que en el pasado se proveían a los vieneses desde Hungría para obtener mejores condiciones comerciales en el futuro y vengar errores del pasado. El nuevo régimen checoslovaco de Praga embargó igualmente el carbón que antes llegaba a Viena por ferrocarril procedente de los territorios de Bohemia. Muchos vieneses perdieron la vida en el crudo invierno de 1918-1919 y la mayoría de los dos millones de habitantes de la ciudad se vieron afectados por el hambre. En el año posterior al final de la guerra se declaró oficialmente que el noventa y seis por ciento de los niños y niñas austríacos estaban desnutridos. En la calle, los rostros demacrados de una población hambrienta empañaban y oscurecían el espíritu de la ciudad, y el velo de redecilla negra de las viudas llegó a convertirse en un signo que identificaba por necesidad a las prostitutas en busca de clientes.
En las zonas rurales el campesinado, burlando un decreto oficial que establecía las tarifas máximas, vendía clandestinamente los muy preciados huevos, leche y pan a algún intermediario llegado de la ciudad por una suma exorbitante; pero…cuando ese mismo campesino acudía jubiloso a los comercios con las manos llenas de dinero confiando en comprar herramientas, ollas, martillos, guadañas y teteras, quedaba desolado al comprobar que el tendero se había visto obligado a cuadruplicar los precios para poder pagar el pan, la leche, los huevos…En aquel enfebrecido ambiente de hiperinflación, burgueses y campesinos comprendieron enseguida que el dinero no servía de nada y que había que comerciar intercambiando artículos por otros. Así, las antigüedades, los libros encuadernados en piel, las joyas y las obras de arte pasaron de manos de los burgueses a las de los campesinos a cambio de una ración de comida semanal. Durante la guerra, la corona austriaca se depreció hasta llegar a equivaler a una dieciseisava parte de su valor anterior debido a la desmesurada emisión de papel moneda por parte del gobierno para costear sus gastos, y en agosto de 1922 el papel moneda no valía prácticamente nada, puesto que el índice de precios aumentó hasta alcanzar un nivel catorce mil veces superior al de antes de la guerra.
Notas tomadas del libro: La familia Wittgenstein.
Obra del escritor inglés Alexander Waugh.
Editorial Lumen.
*The Cambridge Wittgenstein Archive.
JVS





