Atenta invitación a mi primera defunción

Sergio Armin Vásquez Muñoz

Todos los días muero un poquito. Pero lo disfruto. Desde mi perspectiva, morir es interesante. La vida es un trayecto a ese otro proceso natural del que se ha teorizado mucho. Nadie ha ido y regresado con una buena reseña para contarnos de qué se trata. Las historias de Homero y Alighieri son acercamientos interesantes, entre otros valiosos ejemplos. Curiosamente, nadie tiene a la muerte como su prioridad. En mi caso, como y duermo como si fuera mi última vez. Por supuesto, hago otras cosas bajo esa misma convicción. Cada día es una rebanada que le quitamos al pastel de nuestra existencia. Las personas pierden el gusto por la vida cuando tienen enfrente situaciones complejas, como problemas económicos, de salud, familiares, emocionales, circunstanciales. En fin. Y los diferentes escenarios y situaciones cotidianas se inscriben en este marco de referencia: morir de risa, morir de amor, morir de hambre, morir de sueño. «Morir en el Golfo», escribió Héctor Aguilar Camín. Por eso, es mejor ver la vida desde esta perspectiva. La muerte es absolutamente objetiva, imparcial, incorrupta y amorosamente fiel. Hoy moriré un poco. Y mañana también. Y la siguiente semana. El siguiente mes. Vivir es deliciosamente incierto. Por eso hago extensiva esta cordial invitación a mi primera defunción. Me dará gusto verlos al día siguiente. Y al siguiente…

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