Nidia Miles
Perote, Ver. – Desde estas gélidas tierras, que fueron reconocidas y del gusto del viajero alemán, Alexander von Humboldt, el padre José Manuel Suazo Reyes hizo un llamado de esperanza para reconoce “el poder de la fe” en Cristo Resucitado.
El evangelio de este domingo (Jn 14, 1-12) nos coloca en el contexto del cenáculo. Es parte del discurso que Jesús pronunció después de la última cena. Jesús se despide de sus discípulos y les hace algunas revelaciones importantes. El momento de la pasión está muy cerca y Jesús sabe que este acontecimiento los desconcertará, indica el ex vocero eclesial de la Arquidiócesis de Xalapa.
UN LUGAR CERCA DE ÉL. Jesús sabe que se separará de ellos y se va para prepararles un lugar en la casa del Padre. El modo como Jesús prepara este sitio es a través de sus sufrimientos en la cruz, su muerte y su resurrección. Es decir por medio de su misterio pascual Jesús nos obtiene un lugar en la casa de su Padre. Por eso los discípulos deben conservar la paz. No pierdan la paz dice el Señor. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.
JESÚS ES EL MEDIADOR DE LA SALVACIÓN. Por otra parte Jesús revela su labor mediadora entre Dios y los hombres. Él se presenta como el Camino, la Verdad y la Vida. Todos los seres humanos estamos llamados al encuentro con Dios nuestro Padre y Jesús se presenta como la única vía de acceso a él. Para alcanzar esta hermosa meta hay una sola vía, la que nos revela Jesús: “Nadie va al Padre si no es por mi”. De esta manera se revela el plan de salvación que explica por qué Jesús vino a este mundo. Sólo por medio de él se llega al cielo.
JESÚS REVELADOR DEL PADRE. Además de ser la única vía de acceso al Padre, Jesús nos revela que a través de él se puede conocer al Padre. En la antigüedad no había sido posible conocer el rostro de Dios. Esta había sido la súplica de Moisés en el Antiguo Testamento pero no se había logrado Ex 33, 23). Con Jesús se termina ese veto y ahora es posible conocer el rostro de Dios “Quien me ha visto a mí, ha visto al padre, dice Jesús”.
LA TAREA DEL DISCÍPULO. Por último, Jesús también menciona la prolongación que sus discípulos podrán hacer de su obra. “El que crea en mí hará las obras que hago yo, y las hará aún mayores”. Se trata del poder de la fe. Todo el que cree en Jesús está llamado a proyectar su presencia en el mundo. Todos nosotros estamos llamados a realizar la obra de Dios en nuestra vida.
Cada cristiano, unido a Cristo por medio de la oración, y del amor generoso está llamado a llevar a cabo la obra de Dios. Se trata de realizar una obra divina en nuestra vida de familia, de trabajo, o de convivencia. Es el hecho de buscar transformar poco a poco el mundo según el plan de Dios, concluye el padre José Manuel Suazo Reyes.





