“El mundo será un lugar más árido sin tu efervescente presencia”, dice Carlos Manuel Cruz Meza de la muerte de Araceli Friscione

  • Presidió la asociación “Veracruzanos por el arte”.

Durante la mañana de este domingo falleció Araceli Friscione Carrascosa. Incansable promotora cultural, creadora de la asociación “Veracruzanos por el arte”.

Compartimos este texto que en su memoria escribió el gran escritor Carlos Manuel Cruz Meza:

Ha muerto Aracely Friscione. No registro nuestro primer encuentro, aunque ya conocía a su hermana, mi querida Rosa de la Rosa. También fui amigo y maestro de literatura de su tía, Sara Carrascosa de Olvera, que era mi vecina en Las Ánimas y a cuya casa iba dos veces por semana, para que me platicara sobre sus días en Comitán, Chiapas. Lo que sí recuerdo es que nos presentó Arturo Benjamín Pérez Vásquez allá por 1995. No podría enumerar todos los recuerdos que tengo con Araceli.

Al principio, me impuso su fuerte personalidad de mujer dura, su voz ronca, su tono mandón, detrás del cual se escondía una mujer generosa y, me atrevo a utilizar esta palabra que quizás a ella no le hubiera gustado, dulce. Nos caímos bien de inmediato y desde entonces nunca dejamos de tener contacto. Entre nosotros se dio esa simpatía natural de quienes reconocen una naturaleza afín.

La evoco en sus diferentes etapas: alta y delgadísima, regordeta, fumando o sin fumar, con o sin bastón, pero siempre decidida, resuelta, entusiasta. Amaba el arte y la cultura, los libros, el cine, la música, la pintura, la escultura, el teatro, la danza y, por supuesto, la Moda, esa hermana siamesa de la Muerte.

Su proyecto Veracruz por el Arte estuvo activo hasta el momento de su partida. También compartíamos la afición por los crímenes reales y era entusiasta seguidora de mi blog «Escrito con Sangre». Realizamos innumerables proyectos culturales, fue siempre una mujer generosa y abierta a las propuestas que le presentaba: conferencias, ciclos de cine, exposiciones, conciertos. También compartimos un sinfín de fiestas, en casa de amigos, en mi casa, en su casa.

Desayunos, comidas, cenas en restaurantes o botaneros, incluido el legendario Venegas. Nos divertíamos jugando canasta o Monopoly, bebiendo tinto y fumando puro, mientras hablábamos del orgullo de haber nacido en Xalapa. ¡En algún punto, hasta compartimos sin problemas a un antiguo amor! Por medio suyo, se forjó mi amistad con otra parte de su familia, como Amanda de la Rosa y Valeria de la Rosa. Recuerdo nuestros viajes juntos a Tlacotalpan, Taxco, Cuernavaca, Tepoztlán, Ciudad de México, o a Veracruz para comer con Chavela Vargas. Nuestras idas al cine o a la ópera, a conciertos e inauguraciones. Araceli era una enciclopedia, pero también una esponja que todo el tiempo deseaba aprender. Me encantaban sus historias con mil y un personajes del mundo del arte y la política, desde sus días en la Secretaría de Hacienda hasta su paso al frente de la Galería de Arte Contemporáneo o la Pinacoteca Diego Rivera.

Gracias a ella conocí a mucha gente, contactos y amistades invaluables. Durante la pandemia, la regañaba por no utilizar bien el cubrebocas. Aunque pasó mucho tiempo sin que nos viéramos, el deseo de reunirnos estaba siempre presente. Hace cuatro días nos escribimos por última vez a través de WhatsApp. No tengo ni un mal recuerdo de ella y me duele profundamente no haberla visto de nuevo. Ay, Arañita. Te vas, apropiadamente, en el Día Internacional del Libro y la Rosa.

El mundo será un lugar más árido sin tu efervescente presencia. Como en el poema de Juan Ramón Jiménez: «Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. / Y se quedará mi huerto con su verde árbol».

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