Arzobispo de Xalapa recuerda «el mal que provoca el pecado, las muertes que hemos vivido en Veracruz, las injusticias»

  • En procesión del silencio, el prelado llama a “caminar juntos y nunca perder la esperanza”.
  • En la Plaza Lerdo, ante la figura de María, la madre dolorosa, el prelado metropolitano dijo que, frente al dolor, el sufrimiento y las injusticias hemos de caminar juntos, con la alegre esperanza de que no todo termina aquí.
  • “Hemos caminado en el silencio, recordando todo el mal que provoca el pecado, todas las muertes que hemos vivido en Veracruz, todas las injusticias, todos los vicios, los pecados, el narcotráfico, la violencia, todo esto que ha tocado nuestras vidas”, indicó.

Nidia Miles

Caminaron desde la parroquia Emperatriz de América, ubicada en la Avenida Américas, hasta la plaza Lerdo, en el corazón de la capital. Llevaron en hombros la imagen del cuerpo de Cristo inerte y la de María, la madre dolorosa. En silencio, con veladoras encendidas, sólo con el golpe de tambores cada 15 segundos.

“Caminar juntos, caminar unidos. Son las palabras del Papa Francisco cuando nos pide que todos los misioneros de Jesús caminemos juntos. Una iglesia que es una familia, la familia de Dios, que camina juntos y unidos. Cercana a todos, que acoge a todos, que camina con todos. Juntos, en las calles, en Xalapa, en cada rincón de nuestra arquidiócesis”, diría el arzobispo Jorge Carlos Patrón Wong en la Plaza Lerdo en su alocución de pésame, frente a miles de católicos ahí congregados.

En silencio, ante el golpe de tambores y los ladridos de perros que se escuchaban en la lejanía, con lámparas encendidas para significar la fuerza de la esperanza que los mueve, los católicos participaron en esta procesión caminando, desde los balcones de las casas y en la Plaza Lerdo o Plaza Regina, que lució repleta en esta noche de Viernes Santo.

“Ahí en nuestra familia, nuestros papás, hermanos mayores, abuelitos, nos enseñaron a no tener miedo a caminar y caminar como familia. Inclusive cuando nos sentíamos débiles, inseguros e incluso cuando nos caímos o algunos nos herimos, la fuerza de Dios, la fuerza de la familia nos enseñaron a levantarnos, caminar de nuevo, confiar de nuevo, sabiendo que en cada caída iba a estar la familia, Dios, para levantarnos”, aseveró el arzobispo metropolitano en la Plaza Lerdo, protegida por un bien montado operativo de policías viales y fuerzas de seguridad.

Desde la unidad de Oliva Radio, Fernando Rueda Rojano iba reportando cada 15, cada 20 minutos, detalles de esta emblemática Procesión de Silencio. “Bajamos Revolución, tomamos Isauro Acosta. Van niños, jóvenes, adolescentes, familias enteras. La gente, desde los balcones, se santiguan, al paso de la Virgen Dolorosa. Todos caminan en silencio, siguiendo el redoblar de los tambores”, indica el comunicador que realizó estudios clericales.

“Muchas veces han querido que nuestro caminar sea un caminar disperso, sin dirección, sin rumbo, divididos. Hoy podemos sentir por todas partes cómo continúan ciertas consecuencias del mal y el pecado, anunciando divisiones y haciendo que nos dividíamos. Caminar juntos, estar unidos. Caminemos así en las alegrías y en las tristezas”, añadió monseñor Jorge Carlos.

Y los creyentes siguieron caminando con velas encendidas en las manos. Hombres y mujeres, rezando en silencio. Niños, atentos, viendo a sus padres, cuidando, con devoción, las pequeñas lámparas en sus manos. El arzobispo, igual, cuidando su vela, como un tesoro. A las 20.50, la unidad móvil de El Patrón cruzó la calle de Poete Jesús Díaz.

“Un río de luz baja por la calle Poeta”, dijo Rueda desde Sensación 95.5 FM. La procesión, anunció, seguiría 5 de febrero, Xalapeños Ilustres y Enríquez en donde se realizaría el Rosario del pésame y un coro del Camino Neocatecumenal cantaría el Stabat mater, un poema medieval datado en el siglo XIII, de origen franciscano y atribuido tradicionalmente a Jacopone da Todi​ cuyo uso más extendido desde el siglo XV es el de secuencia. También es común su utilización dentro del oficio como himno para las festividades de la Mater Dolorosa.

“Una espada de atravesará el corazón”, “La huida a Egipto”, “El niño perdido y hallado en el templo”, “El camino del Calvario”, “La muerte de Jesús en la cruz”, “La recepción de su cuerpo”, “La colocación del cuerpo en la tumba”, son las espadas que atravesaron el corazón de María el Viernes Santo dice el comunicador, mientras la procesión dobla en Xalapeños Ilustres.

“Caminamos juntos en la alegría, pero también caminamos juntos en momentos de tristeza, de dolor, de incertidumbre, de enfermedad. Inclusive caminamos y vivimos juntos cuando parece no únicamente la enfermedad sino la muerte. Como hoy no hemos tenido miedo de caminar junto a Jesucristo muerto por una injusticia. El que siempre hizo el bien pareciera que el mal ha acabado con nuestro señor”, explicó el prelado.

“Cuando Dios, en el Antiguo Testamento, llamó a su pueblo, fue para sacarlo de una esclavitud, para que aprendieran a caminar en la libertad. Caminar en la libertad significa que cada uno de nosotros escoja seguir a Jesucristo. Lo que hoy hemos caminado en el silencio, recordando todo el mal que provoca el pecado, todas las muertes que hemos vivido en Veracruz, todas las injusticias, todos los vicios, los pecados, el narcotráfico, la violencia, todo esto que ha tocado nuestras vidas. Las propias pobrezas, las injusticias que nos limitan a vivir con la dignidad de hijos de Dios. Cuando sufrimos nosotros y vemos a niños, a familias, a jóvenes que están sometidos a vivir como cosas, como objetos, como parte de un mercado, entonces caminamos juntos para que con el dolor de María nunca perder la esperanza, nunca perder de vista que Jesús, que parecía vencido es el vencedor”, aseveró.

A pesar de una ligera llovizna que se dejó sentir, a las 21.26 horas, los peregrinos empezaron a llegar a la Plaza Lerdo o Plaza Regina.

El arzobispo insistió en que Jesús camina con cada uno de nosotros y que después de cada dolor, de cada muerte, de cada desesperación, hay luz y hay vida.

Se refirió a la presencia de las y los niños, que están aprendiendo a amar a Dios. Adolescentes que quieren permanecer activos en la iglesia, como una nueva generación. “Incluso hoy tenemos adolescentes y jóvenes, más de 58, que están viviendo un retiro y que también están pensando en dar su vida como nuestros sacerdotes”, aseveró.

“Hoy hemos caminado juntos, unidos y cada uno de nosotros, en el silencio, puede reconocer, no únicamente los pecados de otros y la maldad de otros sino también nuestros propios pecados y debilidades. Y cuando caminamos juntos y vemos que María camina con nosotros recordamos aquel cántico ‘ven con nosotros a caminar, Santa María ven’, ella siempre nos acerca a Jesús y nos hacer recordar, en el silencio, ahí donde interviene Dios, nos hace recordar la bondad de Dios padre, el amor que hemos recibido a través de nuestra familia, de nuestros amigos, de la iglesia”, indicó.

“Cuántas veces en medio de la oscuridad hemos visto un poco de luz, de consuelo, en medio de tanta violencia hemos hablado, reaccionado, con actitudes de paz. Cuántas veces con un dolor profundo en el alma, nos encontramos con familias o seres queridos con dolores más fuertes que los nuestros y los ayudamos a cargar sus cruces. Esa es la acción del Espíritu Santo”, indicó monseñor Jorge Carlos Patrón Wong.

“Frente al dolor, al sufrimiento, a la injusticia, hoy podemos regresar a nuestras casas con paz, con unidad, con la presencia de Dios y con el compromiso de continuar cada vez más unidos”, destacó el arzobispo metropolitano.

Deja un comentario