En Sonora, así como en muchos otros estados, se pretende penalizar, bajo el concepto de “terapias de conversión” a todas las terapias o sesiones psicológicas que buscan corregir la orientación sexual y la identidad de género de las personas. Los colectivos de la diversidad sexual han exigido la prohibición de todas estas terapias y sesiones psicológicas, ya que según ellos se atenta contra su libre desarrollo de la personalidad. Sin embargo, debemos recordar que también existen personas homosexuales o con disforia de género qué sí quieren conocer el origen de su homosexualidad y quieren saber cómo pueden construir su heterosexualidad, expone la arquidiócesis de Xalapa a través de un artículo signado por Alejandra Yáñez Rubio y publicado en el Semanario Alégrate.
¿Por qué mientras a unos les permiten cambiar de género, a otros no se les permite trabajar su homosexualidad o disforia no deseada? Es decir, ¿Por qué a ellos no se les reconoce en su libre desarrollo de la personalidad?, se pregunta la articulista.
Los colectivos LGTB han creado un gran estigma en contra de quienes practican y/o proponen estas terapias psicológicas diciendo que a varias personas se les han maltratado física y mentalmente. Pero es necesario puntualizar. Las terapias que actualmente ofrecen muchos psicólogos no aplican técnicas violentas ni inhumanas. No todas las terapias psicológicas son terapias inhumanas. Todos los mexicanos estamos de acuerdo en que se deben prohibir las terapias forzadas, crueles e inhumanas. Pero muchos sabemos que no se deben prohibir las terapias psicológicas que son profesionales, amigables, humanas y deseadas por el paciente o por los padres del paciente (cuando éste es menor de edad).
Conozco a varios profesionales (psicoterapeutas y psicólogos) que trabajan con sus pacientes de manera respetuosa y amigable. Muchas personas quieren trabajar su homosexualidad y su disforia de género. Estos profesionistas de la salud, con método científico, pueden ayudarles a encontrar las causas de su orientación o identidad sexual para que puedan vivir mejor.
No podemos generalizar y afirmar que todas las terapias que buscan trabajar la homosexualidad o la disforia de género son dañinas. Al mismo tiempo, no podemos negarles a los homosexuales y/o a las personas con disforia de género acudir con un profesional de la salud si así lo desean. Los colectivos están ignorando por completo los derechos de las personas de la diversidad sexual que sí quieren pedir asesoría profesional. Es necesario denunciar que lo que provocarán muchos legisladores, al penalizar todas estas terapias sin poner la acotación “forzada” será no solo la limitación de los derechos de quienes sí quieren recurrir a este tipo de ayuda. También se perseguirá a los padres de familia que soliciten el apoyo para sus hijos menores de edad y a los líderes religiosos que intenten apoyar a las familias que quieren trabajar la situación. Me preocupa mucho el caso de los pedófilos y pederastas.
¿También será delito trabajar con ellos para que dejen en paz a los niños? Porque en este caso, también se está limitando la orientación sexual de las personas con dicha atracción. Es patético ver que por un lado se prohíben las terapias para quienes quieren corregir su orientación sexual o identidad de género mientras que al mismo tiempo, desde el estado se promueven las terapias de cambio de género, incluso para niños. Mientras a unos se les prohíbe trabajar su heterosexualidad a otros se les encauza en la homosexualidad. ¿No es esto contradictorio?, concluye la articulista del Semanario Alégrate, el órgano de difusión de la Arquidiócesis de Xalapa.






