viernes, mayo 27, 2022
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Estamos viviendo un cambio de época, dice arzobispo de Xalapa a sus sacerdotes

  • “Vivimos muchos miedos ante tanta inseguridad social y económica, el trato irresponsable a las personas y a nuestra casa común, una dialéctica de división y polarización que enfatiza las diferencias para provocar odio, recelo y confrontación”, aseguró el prelado capitalino.

Juan Pablo Armas

Estamos viviendo tiempos muy especiales, un mundo convulsionado y contradictorio, un cambio de época que exige y nos empuja a cambios significativos, hay mucho dolor en nuestro pueblo por tantas pérdidas humanas, rostros de tristeza por la enfermedad y la desgracia de la violencia, así lo expresó el arzobispo de Xalapa, monseñor Jorge Carlos Patrón Wong en una misiva que envió esta semana a los sacerdotes de su demarcación eclesial.

En la misiva, con motivo de la renovación de las promesas sacerdotales, que suele hacerse el Jueves Santo, pero que él la realizó el Miércoles de esta Semana Santa, el prelado capitalino llamó a sus clérigos a vivir la santidad en un mundo en donde existen “muchos miedos ante tanta inseguridad social y económica, el trato irresponsable a las personas y a nuestra casa común, una dialéctica de división y polarización que enfatiza las diferencias para provocar odio, recelo y confrontación”.

“Estas tristes realidades, queridos hijos, lejos de desanimarnos, renuevan en nosotros el gozo de nuestro ministerio pues sabemos que Jesucristo nos amó hasta el extremo, nos eligió inmerecidamente para ser sus ministros de misericordia y multiplicadores de su amor”, indicó el prelado nacido en Yucatán, hombre cercano al Papa Francisco.

A los ungidos de la demarcación eclesial les insistió que “la realidad de hoy, muestra la importancia de nuestra vocación y la esencialidad de nuestra misión. Hemos recibido el don de una vocación que nos supera, y lo hemos recibido para el servicio del pueblo de Dios. El pueblo es de Él, nosotros somos servidores del pueblo de Dios, de su Pueblo”.

“Para que esta profética realidad sea auténtica entre nosotros es necesario que, especialmente en estos tiempos, afiancemos nuestra experiencia de humildes discípulos de Cristo y, en este camino, dejemos que Él nos vaya configurando en su modo de pensar y sentir, según su estilo de vida, para ser sacerdotes que miren y sientan, que sueñen y pastoreen al estilo del único Pastor”.

“Queridos sacerdotes, hoy es de vital importancia que la primera cercanía sea con Dios.  El Papa Francisco, nos dijo en su visita a México: “Dime cómo oras y te diré cómo vives, muéstrame cómo vives y te diré cómo oras”.  Lejos de Cristo y de la oración nuestro ministerio es infecundo. Sin una relación afectiva, profunda, madura y adulta con el Señor, nuestro sacerdocio está destinado a la superficialidad y a la esterilidad. Sin esta cercanía, ha dicho también el Papa, sólo seremos obreros cansados, funcionarios conformistas. La primera relación sinodal que estamos llamados a vivir es con Dios, caminando con Jesús dejándonos acompañar por su amistad, sabiendo que nuestros pasos convergen”, les insistió.

También se refirió a la importancia de mantener cercanía con el obispo. “El enemigo por naturaleza divide, fragmenta, mutila, envenena los vínculos, pero el Espíritu da la vida y regenera”.

“Sepan de los esfuerzos que su Arzobispo y obispo auxiliar realizamos con la ayuda de la gracia y su filial comprensión para ser padres en la Fe y en el ministerio, padres amorosos y exigentes, cercanos y objetivos, dispuestos a caminar juntos, siempre en bien del Pueblo de Dios y no de preferencias individualistas, promotores de la unidad y alentadores de la santidad”.

“Esa es la tarea que Dios me confió, a través del Papa Francisco desde el 8 de diciembre pasado. Esta cercanía entre nosotros permitirá que nuestra vida sacerdotal sea digna de crédito  y gozo”.

“Somos luz en esta parte de la Iglesia que nos ha sido confiada, no podemos dejar que las tinieblas oscurezcan la luz que ha encendido Dios en nuestro corazón. En este sentido sepan que su Arzobispo reza por ustedes, y por todo lo que realizan en nuestra Iglesia de Xalapa. Siéntanse acompañados por la oración  de los obispos Jorge Carlos y José Rafael”.

“Agradezco infinitamente queridos hijos, que recen por mí; agradezco la compañía orante de todos ustedes. Esta segunda cercanía es una expresión más de la sinodalidad en la Iglesia”.

Además, les comentó que “el mundo ofrece la oferta fallida de la autosuficiencia que malogra la misión en común. Por eso,  nuestro Papa Francisco nos llama a una tercera cercanía, la cercanía entre los sacerdotes, ¡tanto tenemos que compartir entre nosotros! Acojamos a los sacerdotes jóvenes, cuidemos de ellos, que nuestro trato sea de hermanos, de amigos, de compañeros de fórmula”.

“Valoremos el ministerio, la experiencia y el cansancio de tantos sacerdotes maduros y mayores que han dejado años de su vida  en varios lugares de nuestro territorio diocesano. Que nuestro vínculo sea fraterno, como conviene a una hermandad que brota de un ministerio que nos ha sido concedido, que sepamos que del otro solo podemos esperar el bien y no el juicio amenazante ni la mirada envidiosa. La amistad entre los sacerdotes es el mejor consejo para nuestra vocación, es el antídoto para el drama de la soledad. Es una manera perfecta de actualizar la sinodalidad, es decir, la manera en la que estamos llamados a ser la Iglesia de esta época”.

“El Papa nos ha mostrado el valor imprescindible de la cercanía con el pueblo.

Estamos en un lugar real, con personas reales, nos movemos junto a ellos, conociendo sus vidas y sintiendo sus dolores, no podemos huir a imaginarios individualistas o de grupo de mera complacencia. La vía de toda pastoral radica en la encarnación en la realidad en que nos encontramos. Jesús mismo para llevar a cabo el plan de la redención se quiso encarnar entre nosotros. Jesús anduvo siempre entre su gente, los conocía, comía con ellos, entraba en sus casas, festejaba con ellos, asistía a sus funerales, confortaba a los enfermos, era cercano a niños y viudas. Era el hombre de Dios en medio del pueblo. Era entrañablemente sinodal”, refrendó el prelado xalapeño.

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