viernes, mayo 27, 2022
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«Igualdad de géneros: la reconciliación de los sexos»

Magistrada Selina Haidé Avante Juárez

“Toda mujer y todo hombre merecen una relación de pareja feliz”.

Después de observar a muchas mujeres profesionalmente exitosas, seguras, confiadas e incluso excelentes madres y en esta vorágine de la lucha por los derechos femeninos, me surgió la necesidad de dilucidar cómo es posible que en su mayoría, estas mujeres que cumplen los nuevos estándares del éxito femenino, no tienen pareja y si la tienen no es un hombre proporcional al valor de estas admirables damas; parece una contradicción inexplicable. Así que me di a la tarea de investigar en muchos libros, religiosos, de autoayuda, sociológicos e incluso artículos de internet del tema; y ahora comparto las conclusiones de este análisis que, a mi parecer ayudan a dar una solución a esta compleja problemática.

Entre todos los estereotipos de género que hemos aprendido incorrectamente las mujeres de estos tiempos, ya no están solamente aquellos de antaño que nos obligaban a ser sumisas y abnegadas para ser valiosas; en esta lucha transicional hacia la liberación, se han incorporado otros estereotipos, igual de dañinos, pero menos destacados, encubiertos, veamos. La mujer de hoy en su prototipo ideal debe ser fuerte, valiente, guapa, segura, confiada y muy competitiva, todo lo tiene bien y a tiempo; con independencia del parámetro irreal de este nuevo concepto, que no es menor pero que por ahora no ocupa la presente reflexión, me parece hay otro daño colateral en usarlo de modelo para la

mujer actual y es nada más y nada menos que la pérdida de lo que yo llamaría el equilibrio de género.

En efecto, es importante destacar que por muy empoderadas que estemos las mujeres, lo que no podemos negar jamás es que el género masculino tiene su propia naturaleza, que por cierto es mucho más simple que la femenina. Así, un hombre no busca una súper mujer cognitiva, claro que puede serlo para sí misma y porque eso la hace feliz, pero creo que eso no le sirve en lo absoluto para conquistar al sexo opuesto.

El varón, por naturaleza, necesita una mujer segura pero no impositiva; confiada pero que no por ello parezca su mamá o su jefa; es alérgico a las mujeres mandonas y controladoras, porque su esencia requiere de su espacio personal y su libertad; que su compañera sea profesionalmente exitosa no le molesta, de hecho lo hace sentir orgulloso, excepto si advierte que por esa razón no tiene tiempo para él; le gusta saber que el trabajo y maternidad le importan y entusiasman a su novia o esposa, pero también requiere estar seguro de que él y su relación le importan de la misma manera, es decir, es irreductible en exigir que él sea una muy alta prioridad en la vida de ella.

De la misma forma que una mujer, un hombre que se valora a sí mismo necesita que lo necesiten, valga la expresión, no porque sea machista sino porque es parte de su esencia. Requiere ser protector, porque así fue diseñado por la naturaleza y tampoco hay nada de malo en que la mujer sea protegida

amorosamente por su compañero, siempre que exista el respeto a su área personal de independencia; con ello, creo yo, no traiciona ningún ideal de género.

En este contexto todo parece indicar que un hombre valioso no se queda al lado de una mujer ni por su inteligencia ni por su fuerza o físico sino por la forma en cómo se siente cuando está con ella. No le interesan sus títulos sino el tiempo de calidad que le dedique; que lo haga sentir valioso y útil; que ella sea un refugio cálido para sus batallas de todos los días y lo más importante que crea en él; lo escuche sin prisas, juicios o críticas porque no le interesa que le digan q hacer sino que su pareja le demuestre que no está solo en su lucha, pues cree incondicionalmente en su persona. No se trata de que la mujer finja ser la más tierna ni la más comprensiva, sino  que en verdad sea la más leal y la más cariñosa, que sea legítima y profunda su preocupación por ver a su compañero feliz. Si él se siente valioso a su lado, a gusto consigo mismo, está donde pertenece y ella se convierte en su hogar y él hará todo por verla dichosa. Hay equilibro.

Nada hay de malo en ser fuerte, valiente, segura o confiada pero debemos tener presentes que estas cualidades poco o nada abonan para tener una relación sentimental exitosa. Y es aquí donde es importante recordar las cualidades que ya teníamos antes de la revolución feminista y que no debemos olvidar o reprimir, la bien conocida intuición femenina, la ternura, la capacidad de amar profundamente y servir a los demás en un plano más igualitario, la madurez y prudencia, deben continuar en nuestro baúl de virtudes. Se trata de ampliarlas nunca de restringirlas, pues las verdaderas virtudes nunca son incompatibles.

Y es que en esta lucha incansable por tratar de competir entre hombres y mujeres hemos olvidado lo más esencial, que aunque somos iguales en derechos no lo somos en nuestras formas de sentir y actuar y lo más importante, ambos sexos somos complementarios y no enemigos. Actuar como equipo y no como rivales es el objetivo para lograr la felicidad de ambos, en el concepto más filosófico de un estado de bienestar del espíritu y no un ideal ficticio. En verdad creo que mucho se puede lograr si en lugar de discutir quien es superior a quien, hombres y mujeres nos empeñamos por lograr escucharnos, confiar y servirnos mutuamente con entrega y dedicación con ese deseo mutuo de ver dichoso al otro, a eso llamo la imperiosa necesidad de la reconciliación de los sexos.

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