jueves, mayo 26, 2022
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#RelatosDominicales Alegativo, insultativo e ideático

Miguel Valera

Lo conocí en una ciudad bañada por las aguas del océano pacífico. “Soy de Sinaloa, de Badiraguato, para acabarla de chingar, de la meritita tierra de El Chapo”, me dijo sonriente, mostrándome su boca chimuela mientras trataba de abrirse paso entre el intenso tráfico en la vía por la que me conducía.

“Conozco a todos los pinches narcos, tengo 64 años de edad, tengo 50 años fumando marihuana. Nunca me he enfermado, jamás de los jamases, este coronavirus me saca la vuelta. No tomo alcohol ni fumo cigarro, fui boxeador. A los 14 años ya entrenaba y desde entonces fumo marihuna”, me confesó de un tirón, consciente igual de que nunca más me volvería a ver.

“Tuve que salir de Badiraguato. No me pregunte por qué”, me dice serio, clavándome la mirada. “Aquí vivo tranquilo. No me meto con nadie y espero que nadie se meta conmigo”, me aclara, para explicarme que en esta ciudad encontró la tranquilidad, vio crecer a sus hijos y ahora conduce un taxi para ganarse la vida.

“No me preguntes por qué”, me insiste, al ver mi interés con la mirada, de su historia en Badiraguato. Para cambiar de tema, le pregunto sobre el significado de Badiraguato y rápido, me explica que significa “el arroyo de las montañas”. Bueno, añade, eso es lo que dicen, porque en realidad es una palabra de los antiguos purépechas, compuesta por “ba”, que significa agua, arroyo o río, “dira”, muchos y “huata” o “huato”, cerro. —Yo no sé mucho de eso, pero eso me contaron mis padres, añade.

—Ya ve cómo es esto de las palabras. Mire, me indica, yo inventé unas palabras que nadie conoce, “alegativo, insultativo e ideático”. ¿Las había escuchado antes? ¿Verdad que no?, me dice, soltando una sonora carcajada. —Hay gente que así es, insiste: alega y alega, insulta y tiene ideas fijas, son ideáticos, me insiste, mientras se ríe del juego de palabras.

—¿Y qué se siente matar?, le pregunto, cuando veo que entró en confianza. Me voltea la mirada y serio, me dice: de la chingada, pero ya te dije que no me preguntes de eso. Yo ya no soy el mismo de antes. Eso ya es viejo, eso ya no es parte de mi vida, añade serio. —¿Fue por encargo? “Ya te dije que no me gusta hablar de eso y ya no te voy a contestar”. Me sonrío y el viejo sonríe. ¿Verdad que es bueno eso de alegativo, insultativo e ideático?, me insiste, mientras su rostro se ilumina de nuevo.

Ya no le insisto. Lo veo manejar con destreza el taxi viejo que le permite ganarse la vida. —Aquí se ven muchas cosas, vuelve a la charla, pero yo les doy la vuelta. Mire, hay una edad en la que ya uno no quiere tener problemas, sólo vivir con calma; trabajar y vivir, resume. Así es la vida, hay que llevársela tranquila, trabajar y vivir, reitera, aunque hay gente alegativa, insultativa e ideática, me vuelve a insistir, sonriente, mientras le pago los 20 pesos de la carrera.

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