martes, mayo 24, 2022
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La adopción, un testimonio de vida

 “Ser madre adoptiva es parir desde el corazón”

Magistrada Selina Haidé Avante Juárez

El sueño de ser madre es para algunas mujeres, como fue mí caso, una ilusión lejana, pues la naturaleza tiene sus propias reglas que muchas veces no es fácil compartir ni aceptar. En mi caso, después de un largo proceso de fertilidad, en el año 2010 todo parecía perfecto, la felicidad era total con un embarazo múltiple de tres bebés; pero para mi sorpresa, mi sueño se vio destruido ante la pérdida inevitable de mis tres hijos por un problema de tiroides.

En esta realidad la esperanza de ser madre se desvaneció, pero afortunadamente nunca se extinguió. Es en este punto donde vino a mi mente la necesidad de abrir horizontes, donde el corazón da ese pequeño empujón que me hizo crecer frente al dolor, que me permitió ver con toda claridad que para lograrlo había algo más que concebir desde el vientre y que en realidad es posible concebir desde el corazón.

Tuve que enfrentarme a muchos prejuicios que, si los “genes perversos” o que el niño no tendría “mi sangre”, etcétera.

Finalmente llegó el día, tuve la oportunidad de conocer al que podía ser mi hijo, ese día en que nos conocimos la vida de los dos cambiaría para siempre; él me miró detenidamente, sin sonreír y para mi sorpresa, en un instante cerró sus ojitos y entró en un profundo sueño entre mis brazos, como si él supiera que Dios lo había puesto frente a la mujer que, sin haberle dado la vida con el cuerpo, se la daría con el alma; aún y cuando muchas pruebas tendríamos aún que superar para darnos cuenta de ello.

Los siguientes años difíciles, fueron de muchos retos, incertidumbre e impotencia, enfrentamos la incomprensión y el prejuicio social, la discriminación y el rechazo, por parte de familiares, amigos, colegios y hasta desconocidos, pues vaya que es muy fácil juzgar a los demás sin conocer su historia; baste decir que mi hijo, hoy lo sé, tiene cuatro transtornos distintos, déficit de atención, hiperactividad, epilepsia y espectro autista que lo llevaban a las conductas más extrañas e inexplicables e incluso sancionables para quien juzga sin conocimiento de toda la historia que acompaña a estos niños. Mi hijo fue señalado e incluso expulsado de más de un colegio. Todo el mundo se sentía con derecho a opinar y sin tener la más remota idea de lo que es tener un hijo adoptivo con su historia y su realidad a cuestas.  Hoy, a sus siete años y medio, en  el seno del amor de su familia es un niño estudioso, obediente, noble y feliz.

Concluyo compartiendo que, en mi opinión, la adopción es otra forma legítima de ser padre o madre pero ciertamente no es para todos, sólo un espíritu valiente y seguro es capaz de comprender este llamado que, a mi juicio, no puede venir sino de Dios. A través de estas líneas invito a aquellos que sientan ese llamado, a que no se den por vencidos a pesar de que el camino es largo y lleno de obstáculos, al final está ese estado de plenitud, satisfacción y paz al que llamamos felicidad.

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