Por Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
“No hay crisis que aguante 24 horas de trabajo al día” es una frase curiosa que engloba una realidad a medias. Por un lado nos enfoca sobre la condición de esfuerzo, donde mediante este mismo se evita caer en crisis en cualquier sentido; sin embargo, ¿qué sucede cuando se está en paro o desempleo? Esto genera una situación compleja a la que se enfrenta prácticamente toda persona en su vida; por lo tanto, en ocasiones el esfuerzo no lo es todo, sobre todo, cuando no está dirigido.
En México el empleo formal ha tenido una inercia de crecimiento en los últimos veinte años, con tasas regulares. Durante el sexenio del 2000 al 2006 se crearon un millón 204 mil empleos formales; para el sexenio 2006 al 2012 el número de empleos fue de dos millones 314 mil y del 2012 al 2018 se alcanzó un nivel récord de 4 millones 163 mil nuevos empleos, donde prácticamente se duplicaba el numero de espacios creados, lo cual es de suma relevancia dado que en comparación con una tasa media de crecimiento del PIB de 1.5%, se notaba una aceleración laboral o una inclusión a la formalidad (es de mencionar que en estos 20 años hemos hecho frente a dos crisis económicas importante que limitan la expansión económica).
Sin embargo, el crecimiento laboral formal siguió una buena tendencia; para este sexenio, el reto sería pasar de los 8 millones de empleos creados o formalizados, esto sin tomar en cuenta la recuperación de los empleos perdidos por la pandemia y que ya se recuperaron, representando un reto importante, ya que tan solo en los primeros siete meses del 2020 un millón 118 mil personas perdieron su empleo formal debido a la pandemia; sin embargo para agosto, el empleo empezó a recuperarse de tal manera que hacia abril de 2021 se incrementó en 574 mil 631 trabajadores.
Para septiembre se registró la creación de 174 mil 096 empleos formales, llegando a los 20.6 millones de trabajos formales de acuerdo a datos del IMSS. Con estos datos nos estamos ubicando en cifras a lo establecido antes de la pandemia, lo cual nos posicionaría en un punto inicial para la creación de nuevos empleos en comparación con 2020.
El mantener los niveles de empleo formal y acrecentarlos no sólo se trata de una problemática actual, se vuelve también un problema sobre el ahorro para el retiro, ya que muchos trabajadores optarán por retirar dichos ahorros ante la eventualidad de la pérdida de su empleo, tan solo en septiembre se retiró de manera parcial de las afores $1,896.2 millones de pesos, esto de acuerdo a datos de la Consar; si bien es una cantidad importante, se ha venido reduciendo la cantidad retirada en un periodo de agosto a septiembre se redujo en 2.9%, lo cual fortalece la previsión a largo plazo.
Las afores que más retiros concentraron son las de Banorte con $309.9 Millones de pesos, Azteca con $355.3 Millones de pesos y en primer lugar Coppel con $402.5 Millones de pesos. Estas instituciones tienen características socioeconómicas interesantes, estando ligadas a los umbrales de ingresos bajos, por lo cual podemos ver que los empleos que más sufrieron pérdidas corresponden a los de menor ingreso.
En este 2021, los retiros han alcanzado un monto de $16,258.3 Millones de pesos, un monto que representará una reducción del ingreso disponible para el retiro, por lo cual los mecanismo de ahorro para el retiro deben mantener una línea de acción de emergencia.
Actualmente, para tener acceso al retiro por desempleo es necesario que los trabajadores tengan al menos 25 semanas (lo que equivale a poco menos de medio año) cotizando ante el IMSS, más de 46 días sin empleo, siendo mes y medio de paro a la par de sus datos biométricos y no haber hecho uso de este recurso en los últimos cinco años.





