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La función de tránsito estatal, una anécdota de ladrones con placa

En teoría, el estado democrático se creó para evitar todos los excesos de un monarca o de un grupo de gobernantes; sin embargo, a través del tiempo se fue deformando hasta considerar a la corrupción como algo cotidiano, la capacidad de sorprendernos ha quedado atrás, recuero al Presidente pasado diciendo que nadie se salvaba de la corrupción, y al presente como bandera de lucha, nada más que ahora como se dice coloquialmente: “que se haga la justicia en los bueyes de mi compadre”.

Por Juan Manuel Herrera Sosa*

En teoría, el estado democrático se creó para evitar todos los excesos de un monarca o de un grupo de gobernantes; sin embargo, a través del tiempo se fue deformando hasta considerar a la corrupción como algo cotidiano, la capacidad de sorprendernos ha quedado atrás, recuero al Presidente pasado diciendo que nadie se salvaba de la corrupción, y al presente como bandera de lucha, nada más que ahora como se dice coloquialmente: “que se haga la justicia en los bueyes de mi compadre”.

Bastan unos datos, según el INEGI, que por cierto es de los pocos organismos que sobreviven autónomos, en nuestro país el 56.7% de población de 18 años y más considera que la corrupción es uno de los problemas más importantes que enfrenta la entidad federativa donde reside, solo por detrás de la inseguridad y la delincuencia; además, la proporción de población que piensa que la corrupción es un acto frecuente en su entidad federativa pasó de 83% en 2011 a 91.1% en 2017, lamentablemente la tendencia sigue a la alza. Con este contexto, y aunque ya había tenido algunas experiencias con la Dirección de Tránsito (cuando para soltar a un amigo a fuerzas querían dinero y para dar licencias les pregunté que por qué no hacían examen) va mi anécdota:

La semana pasada me vi indirectamente involucrado en un accidente vial en donde no hubo consecuencias que lamentar, vaya ni una calavera rota; sin embargo, al detener el tráfico en una avenida de alto flujo llegaron los señores agentes de tránsito (inflados como pavo reales), por cierto irónicamente llegan más policías, patrullas y agentes en motocicleta que cuando hay algún asalto o robo; así, al llamar a los seguros, los agentes de éstos se pusieron de acuerdo, garantizaron daños y ya que no había nada que hacer el que fue “chocado por alcance” por el motociclista que fui a acompañar, se retiró sin ningún problema, hasta una despedida amistosa y de buenos deseos hubo; no así a quien acompañé, al ser el “causante” del percance, le retuvieron su tarjeta y licencia, sin exagerar, al menos en 10 ocasiones nos dijo un agente de tránsito que había una multa y era “bastante cara” que cómo le hacíamos, bastó con pedirle el monto y el fundamento para no saber qué decir, ante su molestia tuvo que hacer la multa y entregárnosla.

El tema es así, el artículo 197 del Reglamento de Tránsito del Estado señala que será acreedor de una multa quien ocasione un accidente “por alcance”, pero el 311 del mismo reglamento da un catálogo de atenuantes y agravantes que el oficial en campo puede utilizar al momento de levantar la multa a su completo entender, así si se la daba una “atención” (mordida) utilizaría una atenuante y la multa bajaría casi en 50%; en cambio, como se le pidió hacer las cosas como son, puso un agravante que mal consideró y la multa se elevó considerablemente y sin razón, todo por no querer darle su mordida, se lo reclamé al agente en muy buenos modos (pues hay una agravante de falta de respeto), le dije que al garantizarse los daños -que eran de menos de 1000 pesos- no procedía la hipótesis que él había considerado pues no había peligro patrimonial ni a persona alguno más que el propio, y poco faltó para que me detuviera, no cabe duda que darle poder a un ignorante es un error.

Y es cierto que hay vías para combatirlo, la multa está mal fundamentada y motivada, pues al haber un convenio de garantía de daños no hay agravante alguna, es más, una fracción de las atenuantes lo dice textualmente:  “es causal de atenuante: […] si el daño es garantizado”, pero este es el viacrucis que hay que considerar: primero, presentar un recurso a la Dirección de Tránsito, donde hace poco me atrasaron un trámite de placa perdida casi dos meses porque no le había puesto el título a la persona que dirigí mi escrito (de ese tamaño), para obtener como resultado que confirmen la multa; o segundo, irme directamente al Tribunal Estatal de Justicia Administrativa, donde resuelven 6 casos al mes y apenas van resolviendo los del 2017.

No me cabe la menor duda que los ciudadanos estamos a merced de los delincuentes, pero también a la de los delincuentes con placa, esos a los que la ley les da un puesto y les permite (¿o exige?) robar, así como hubiesen sido 200 o 300 pesos a este oficial, hay quien se roba los miles de millones y basta con unos años de cárcel de penitencias para, ahora sí, disfrutar a lo grande, no por nada tenemos en Veracruz la impunidad al 99% y las consecuencias de esos actos las pagamos todos.

Tampoco tengo duda que la corrupción está permitida estructuralmente, lo que es más, el mismo sistema de gobierno y el ordenamiento legal la alienta, las leyes están diseñadas de forma tal que casi siempre haya una infracción, las impugnaciones están diseñadas y funcionan de tal forma que es mejor aguantarse y quedarse con el agravio que andar años en tribunales por 1000 pesos, ¿qué nos queda? Entrarle a la corrupción, es más fácil y eficiente, el tema a largo plazo es que -como señaló el jurista Uruguayo Serna- la corrupción es una amenaza a la estabilidad o seguridad de las sociedades o a la legitimidad de las instituciones públicas, con toda seguridad no tendremos buen destino, es cosa de voltear a ver el mundo y ver más allá de nuestra nariz.

Ojalá que pronto, muy pronto, la bandera con la que llegaron los que nos gobiernan se haga efectiva y verdadera, la lucha contra la corrupción debe ir más allá de discursitos y palabrería que no llevan a nada, la sociedad estamos hartos de ampones, de los que eran sofisticados y de los que llegaron con el hambre hasta el cuello; recuerdo a nuestro Gobernador decir que todos los que tuvieran “mañas de corrupción” iban para afuera del gobierno, definitivamente la Dirección de Tránsito es un buen lugar para empezar a revisar.

*Académico, exasesor legal en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, doctorante por la Universidad de La Coruña, España.

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