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La Ministra Ruth, una vida de congruencia

Por Juan Manuel Herrera Sosa

El 18 de septiembre pasado, el cáncer cobró la vida de una de las juristas considerada ícono contemporáneo, una pensadora jurídica vanguardista conocida por ser pionera en defensa de los derechos de las mujeres, de la comunidad LGBT+ y del tratamiento diferenciado por género en las leyes, lo que combatió hasta su muerte. Y es que la vida de Ruth Bader Ginsburg es, aparte de admirable, todo un cúmulo de inspiración sobre transitar en la vida con congruencia, al servicio y defensa de los sectores históricamente vulnerados.

Su férrea defensa por la igualdad tenía el trasfondo de haber vivido en carne propia la discriminación por ser mujer, famosa la anécdota de sus tiempos de estudiante cuando, en una cena de bienvenida, el decano de la Escuela de Derecho de Harvard (¡sí Harvard!) le recriminó a ella y a 8 mujeres más el estar ocupando el lugar de un hombre en esa casa de estudios, cuando ellos eran más de 500, escuela que terminó abandonando para graduarse en la Universidad de Columbia, otra de las mejores universidades de derecho de Estados Unidos y probablemente del mundo; también vivió de primera mano la discriminación laboral, cuando graduada (con los más altos honores) y en búsqueda de empleo,infinidad de firmas de abogados la rechazaron por no contratar mujeres por ser “incapaces” o “un distractor” para los hombres que ahí laboraban.

Ante ese escenario adverso, optó por ser profesora en la Universidad de Rutgers, “cuando las puertas se cierran injustamente, la academia es el refugio natural y perfecto” decía, toda la razón; además de, al mismo tiempo, ser Directora del Proyecto por los Derechos de la Mujer de la Unión Americana de Libertades Civiles en los años 70, en donde fue parte del equipo que construyó la argumentación del famoso caso Reed vs Reed, considerado el primer caso importante de la Corte Suprema de Estados Unidos, en que se abordó la discriminación basada en el género como inconstitucional porque se negaba la igualdad de protección entre hombres y mujeres.

En uno de esos extraños, pero en este caso justo giro de la vida, después de una notable carrera judicial en la que rompió paradigmas estructurales con sus resoluciones, en 1993 fue propuesta por el entonces Presidente Clinton y ratificada por el Senado para jueza de la Corte Suprema Americana, justice como dicen allá (Ministra acá), siendo la segunda mujer en ser nombrada para ese cargo en la historiade aquél país; mucho tiempo fue la única mujer entre una Corte de hombres, se le recuerda enfrentando siempre con valentía y convencimiento absoluto sus posiciones, ante una ideología conservadores y tradicionalistas comandada por el legendario Scalia, sus debates con argumentos que daban cátedra en sus posiciones y sus escritos de disidencia -cuando perdía la votación- son hasta ahora tomados en cuenta en casos de derechos de igualdad y no discriminación.  Para México, me recuerdan aquellos debates de los ministros en retiro Cossío, Azuela y Aguirre Anguiano, de lo que tristemente ya no hay.

El legado de Ruth “Kiki” Ginsburg es la visión de problemas de discriminación que la llevó a tomar acción en la Corte Suprema estadounidense sobre la necesidad de invalidar normas discriminatorias por razón de género; por ejemplo, en 1996 lideró la posición que negaba por ley a la Academia Militar de Virginia a aceptar mujeres entre sus filas, obligando a que fueran ingresadas, algo antes impensable; o también en el afamado Goodyear Tire & Rubber Company, en el que la demandante descubrió que en sus 19 años de carrera en la empresa había recibido una compensación menor -por el mismo trabajo- que sus homólogos hombres por el simple hecho de ser mujer, casos en que su posición revolucionó el entendimiento estructural de la discriminación, creando nuevos precedentes en derechos de igualdad.

Su estándar de justicia e igualdad de derechos casi siempre pasaba por la abrogación de cuerpos normativos que discriminaban a la mujer, en ocasiones -y curiosamente-desde casos de discriminación de hombres, pues al negarse el derecho a los hombres de tener las mismas oportunidades o deferencias normativas que ellas, se diferenciaba por razón de género, cuya distinción a las mujeres les tocaba la peor parte.

Y es que, incorporar la perspectiva de género en la función judicial implica hacer realidad el derecho a la igualdad, y éste no es más que la respuesta a una obligación constitucional y convencional de eliminar la discriminación;en este caso, por medio del quehacer jurisdiccional, con el objeto de garantizar el acceso a la justicia y remediar asimetrías de poder, de “deconstruir” con perspectiva de género el estado actual patriarcal de las cosas, algo que a veces parece les cuesta a nuestros órganos jurisdiccionales entender, y a nuestros gobernantes al menos no descalificar.

Más ocupadas andan algunas juezas (de todos los calibres y niveles) en quedar bien con sus criterios con el gobernante que las puso o que manda actualmente, o queriéndose colgar del feminismo para tener una posición, que en construir una realidad efectiva en donde los derechos de las mujeres sean promocionados, respetados, protegidos y garantizados de verdad, tal cual dice la Constitución, nada más y nada menos. 

Que falta nos hace –en la actualidad- una Ruth Ginsburg para México, alguien que dedique su carrera a la defensa de la Constitución y la justicia para las mujeres, las minorías raciales y la comunidad LGBT+ desde los tribunales, que ocupe su posición para servir a la sociedad y generar cambios sociales en su favor y no para ocuparse de ser servicial al régimen que la impone.

Hay una frase, que en mi caso hizo decidirme a estudiar y tomar al derecho como forma de vida y es: “Lucha por las cosas que te importan, pero hazlo de una manera que lleve a otros a unirse a ti”, casualmente de la recién desaparecida jueza Ginsburg, sus posiciones se echarán de menos, ojalá su lucha sea tomada en cuenta, en aquel país y en otras latitudes, si algo apremia es la necesaria congruencia de los que comandan nuestras instituciones. Echaremos de menos sus criterios. ¡Larga vida a Notorious RBG!

*Exasesor en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, doctorante por la Universidad de La Coruña y profesor de Amparo en la Universidad Anáhuac.

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