Los siete miradores de Miramar: otra vista de la Ruta de Cortés

EN EL DÍA DEL MONTAÑISTA 2020

Texto/Imagen L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias

¡Feliz jueves, queridos amigos! El pasado 11 de julio de 2020 me caí de la escalera de mi casa y si bien no sufrí lesiones en el resto del cuerpo, sí resulté con una fuerte y vistosa lesión en mi tobillo izquierdo, que hizo guardar reposo obligatorio. Agradezco a todas las personas que me escribieron y llamaron, preocupándose por mi estado de salud, ofreciendo ayuda y dándome consejos.

Gracias al Todopoderoso y a los 11 años continuos practicando senderismo y subiendo cerros, he desarrollado huesos más fuertes y bastante inmunidad al dolor. Ya estamos de regreso en el campo de batalla y «volvemos a las andadas» como coloquialmente decimos.

El 4 de agosto la pasé en el rancho Miramar-Viveros en el municipio de Actopan, invitado por su propietario el señor Ángel Viveros, quien generosamente apoyó a la expedición de la Primera Ruta de Cortés del equipo EXESCR, compuesta por Ana Maria Andrade Rodríguez y Marcos Zurita y yo, cuando pasamos por el penúltimo tramo de nuestro itinerario en la zona de Palmas de Abajo y Tinajitas, un día antes de arribar a nuestra meta: Quiahuiztlan y la bahía de la Villa Rica de la Vera Cruz. Le hice la invitación a Ana María para que me acompañase como asistente -como lo ha hecho otras muchas veces desde que nos conocimos en 2011, pero no le fue posible participar.

Mi presencia en esta región a unos 77 kilómetros al noroeste de mi ciudad Veracruz se debió a que fui invitado a participar en la inauguración de una nueva ruta de senderismo ecoturístico, que sale del rancho y asciende hasta los 423 metros sobre el nivel del mar, en una alta y escarpada cumbre llamada Cerro Azul. En la meseta que se forma en lo alto, existen 7 miradores naturales de roca, desde donde se obtiene una fantástica vista de la costa veracruzana, desde Laguna Verde hasta las lagunas del Llano, Farallón y La Mancha que se pierden en el horizontes. Además de otra visual impresionante de la región de Actopan en dirección a Xalapa, con el Pico de Orizaba, la mayor elevación mexicana, a lo lejos. Este recorrido de senderismo fue denóminado provisionalmente «Los 7 miradores de Miramar: otra vista de la Ruta de Cortés» y pudimos visitar 4 de los miradores en la cima, los que miran al mar y al oeste. Los otros 3 están orientados hacia tierra adentro en una zona más escarpada.

Mi participación fue como senderista y como especialista en la Ruta de Cortés, tanto en lo teórico como en lo práctico y con conocimiento de las necesidades del sector académico y turístico.

Siempre he sostenido que una persona debe ser agradecida por el bien que recibe, así se trate de un vaso de agua o una mano para no caerse al abismo. Y para mi fue un gusto corresponder al apoyo que nos dieron en nuestra expedición. Pese a no estar mi tobillo al 100% de recuperación según lo espera la ciencia médica, confié en el Todopoderoso y en mi experiencia para salir triunfante y así fue.

Así, pasé la noche del 4 de agosto en el rancho Miramar, entreteniéndome en tomar fotos de los paisajes por la tarde, en la puesta de sol y cazando la Luna y las estrellas por la noche y madrugada. A las 6:00 AM del 5 partimos y dado que la ruta es nueva, tiene senderos muy escabrosos que subí con ayuda de mi confiable vara larga de caminante, con cuerdas para ir subiendo y con ayuda de don Pablo y «Jhonny», dos trabajadores del rancho, a quienes les estoy infinitamente agradecido por su apoyo y compromiso para cuidar que los visitantes fuéramos en las mejores condiciones posibles.

Un total de 8 personas encabezados por don Ángel Viveros y sus padres, hicimos el difícil ascenso. Yo alcancé el mirador No. 7, en la parte más alta, hasta las 10:46 AM (ver imagen). Conforme a mi metodología de explorador y comunicólogo documentalista, hice geoposicionamientos (GPS), grabé 6 videos de alta resolución y capté 530 imágenes de 13 megapixeles y 71 de 16. Para retratar los paisajes impresionantes, la flora y fauna salvajes, la muy llamativa geología, etc. Para después complementarlos con trabajo de investigación y así acrecentar nuestro acervo cultural y universal.

El video que muestra mejor el paisaje desde el mirador No. 7 se los comparto aquí mismo en Facebook y en mi cuenta de Instagram (https://www.instagram.com/?hl=es-la).

La recompensa al arduo esfuerzo fue poder visualizar desde lo alto gran parte de los territorios que abarcan no solo la Ruta de Cortés desde 1519, sino las elevaciones de la Faja del Totonacapan, que limita al norte por el río Nautla y al sur por el río Actopan.

En su obra EL TOTONACAPAN publicada en 1943, el maestro José Luis Melgarejo Vivanco nos dice al respecto de esta interesante zona:

«Pero hay un accidente geológico en la costa del Totonacapan, que fue de importancia capital en los días del descubrimiento; las montanas llegan hasta el mar y se bañan en el, desde la punta de El Morro, hasta los cerros de la Mancha. Villada explica: que al finalizar el Plioceno, las costas del Golfo estaban bajo las aguas y al terminar la edad terciaria en los comienzos del Pleistoceno, quedó reducido a sus actuales dimensiones. Orográficamante, las montañas pertenecen al conjunto de la Sierra de Chiconquiaco, Topiltepec y Soyacuautla; generalmente son macizos eruptivos modernos que se abrieron paso entre las fisuras que radiaban del sistema general del Cofre y solo en las inmediaciones del Morro, se nota la corriente de lava que baja de Los Atlixcos, únicos volcanes de la región. El cerro de La Cantera (Villa Rica), sirvió para la protección y anclaje de las naves de don Hernando»

Desde el mirador No. 7 se aprecian el Cerro de la Cruz y desde 124 metros de mayor altura, la Punta Villa Rica en cuyas proximidades se ubican los vestigios del «Fuerte de Cortés» y el famoso Cerro de los Metates, donde se halla el cementerio y fortaleza prehispánica de Quiahuiztlan, el «Lugar de la lluvia» de la cultura tofonacas. Por su parte, la Ruta de Cortés abarca no solo hasta Villa Rica, sino hasta Palma Sola, a cuyo territorio se desplazó antes de marchar a Tenochtitlan, para contactar y negociar infructuosamente con los expedicionarios enviados por Francisco de Garay, gobernador de Jamaica. Pues las dos expediciones entraron en conflicto de intereses sobre los territorios que abarcaban sus jurisdicciones y que de sobrevivir a los avatares de estos viajes, serían reconocidas por el rey Carlos I.

La bajada fue muy difícil porque abunda en exceso la roca y arena sueltas, perdí la cuenta de las caídas y tropezones (al menos unos 15), pero la arena amortiguaba los golpes y no tuve nada grave que lamentar, generalmente terminaba riéndome de verme sentado de repente en el suelo. Mi tobillo resistió muy bien la travesía y no me dio problemas. En cualquier caso, fue mi decisión y las caídas son parte de la vida del senderista, he visto caerse aparatosamente a veteranos de 30 o 40 años de experiencia y salir lesionados a jóvenes de 20 a 30 años por un mal paso. Pero así es como uno va agarrando experiencia y aprendiendo las técnicas a disminuir los accidentes en la medida de lo posible.

Hacia las 3:00 PM estabamos ya de regreso en el rancho Miramar para almorzar, descansar un poco y comentar los eventos del día y planear los futuros. Hacia las 5:30 PM ya estaba en mi casa, tras viajar en autobús desde El Viejón A ciudad José Cardel y de ahí a Veracruz en el servicio TRV. Descargué las fotos de mi celular y al revisar las notificaciones Facebook, vi la publicación de mi amiga xalapeña Yadira Galindo, presidenta del Club de Exploraciones de México Sucursal Banderilla, sobre que el 5 de agosto se conmemora el Día del Montañista y entendí el por qué este recorrido se hizo precisamente en esa fecha.

Cómo no soy de las personas que se quedan con las dudas cuando algo me interesa o pica mi atención, me puse a investigar antes de retirarme a descansar y les comparto -para quienes no lo sepan, claro está- que el 5 de agosto se festeja el Día de los Deportistas de Montaña, coincidiendo con la conmemoración del milagro de la Virgen de las Nieves, patrona de las actividades de Montaña y venerada por esta causa hace más de 1600 años. Como detalle interesante, la expedición de Juan Grijalva fue la primera en avistar y recorrer la costa veracruzana en junio de 1518, y a este territorio inexplorado, le llamaron Provincia de Santa María de las Nieves, quizá -como citan algunos autores- por la magnífica visión del volcán Pico de Orizaba desde el mar.

En el siglo XXI, sigue siendo una de las costumbres de los veracruzanos, buscar siempre en el horizonte a nuestro imponente volcán de 5636 metros de altura, que también conocido como Citlaltépetl («Montaña de la estrella» en idioma náhualt), es la séptima montaña más prominente y alta del mundo. Y los veracruzanos estamos orgullosos de nuestra Iztactépetl («Montaña blanca como la sal’), como también le llaman los habitantes de lengua náhuatl que viven en sus alrededores.

Pero volviendo al Día del Montañista, el milagro al que se refieren es porque, según la Enciclopedia Católica, se atribuye a la época del papa Liberio (352-366) en el que se relata que un anciano y acaudalado matrimonio de la nobleza patricia de Roma que no había tenido hijos y a los que se atribuía gran caridad hacia los demás, solicitó de la Virgen María que les señalase qué debían hacer con sus bienes para garantizar el mejor uso cristiano de la herencia. La tradición católica cuenta que la Virgen se manifestó ante ellos y les indicó que, allá donde señalara, se le construyese un templo. El perfil de la iglesia fue dibujado en el suelo por una milagrosa nevada que ocurrió el 5 de agosto de 358 en lo alto del monte Esquilino. Fue entonces dedicada la Basílica de Santa Maria Maggiore.

Los católicos locales conmemoraban el milagro en cada aniversario lanzando pétalos de rosa blanca desde la bóveda durante la misa festiva.​ Otras versiones afirman que la Virgen se apareció en sueños a los esposos y al Papa y les anunció la nieve de agosto.

La obra se concluyó un año después, con la financiación de la familia patricia y el apoyo eclesiástico. La iglesia desapareció no mucho tiempo después, y se reconstruyó por orden del Papa Sixto III alrededor del año 434, siendo en la actualidad la Basílica de Santa María la Mayor. La devoción a Virgen de las Nieves quedó reducida a Roma y su periferia, al menos hasta los inicios del año 1000. Pero resurgió y actualmente está muy extendida en Italia, España, Portugal y Latinoamérica.

En México era natural que fuera popular, aunque muchos desconocen este origen religioso, pues existen desde hace muchas décadas, numerosos clubes, asociaciones y grupos independientes de personas dedicadas tanto a la subida de grandes cerros y cumbres, como a la escalada y alpinismo de las altas montañas, donde México es rico gracias a ser un país de gran actividad volcánica reflejada en el centro del país y flanqueado por la Sierra Madre Oriental que mira al Golfo de México y la Sierra Madre Occidental que mira al Océano Pacífico.

Yo en lo personal, no me considero técnicamente un montañista, aunque ocasionalmente en otros años he subido a montañas de más de 1.000 metros de altura. Soy costeño de nacimiento y aquí lo más que tenemos de alto son cerros y dunas de 40 metros, que se van aumentando en altura conforme uno se adentra hacia Xalapa por la zona semiárida central de Veracruz, tan rica en historia como en maravillas. Por lo tanto, me considero más un «trepacerros», menores a 1000 metros, de los que abundan en las rutas históricas que trabajo y de los que he subido a muchísimos, especialmente a los que tienen historia o algo especial en su geografía.

Mi especialidad por así decirlo, es subir y explorar -muchas veces veces sólo- mesetas para documentar su flora, fauna, geografía y a veces cuando tienen restos de arquitectura militar: fortines, torres de vigía y baterías de cañones. Me llaman mucho la atención porque sus terrenos planos a gran altura, se hallan relativamente separados de la actividad humana que se desarrolla en la base y sus ecosistemas a veces guardan sorpresas para los biólogos y exploradores. No tan espectaculares como las plantas y especies animales de origen prehistórico y desarrollo endémico, que se dan en las mesetas de los tepuyes venezolanos y brasileños, a miles de metros separados del desarrollo evolutivo de la vida en las llanuras circundantes.

Mi trabajo como investigador independiente en historia y explorador, que combina las modalidades del trabajo de archivo con el de campo, me llevó inevitablemente a ser un senderista regular para poder desarrollarlo mejor. Mi área de trabajo desde 2009 abarca unos 200 kilómetros desde la costa de mi ciudad Veracruz hasta las Cumbres de Acultzingo y de momento, hasta la ciudad de Perote y Xico Viejo. Y 145 kilómetros desde la Villa Rica de la Vera Cruz hasta la ciudad de Alvarado siguiendo la costa. Así, me muevo regularmente entre las zonas de clima cálido tropical, la templada y donde comienza el frío de montaña o el seco de la llanura.

Así, no soy un montañista regular, solo un humilde trepador de cerros, pero parafraseando a la legendaria dama samurai de Aizu, Nakano Takeko (1847-1868), quien cayó en batalla el 10 de octubre de 1868 peleando armada con una naginata, contra las tropas del gobierno durante la Guerra Boshin (1868-1869). Dirigió una carga suicida de mujeres guerreras equipadas con armas blancas contra una infantería armada de fusiles y bayonetas. Murió por una bala en el pecho, no sin antes escribir, tiempo atrás al iniciarse la guerra que puso fin al dominio samurai como casta dominante de Japón, su poema funerario, que dice:

«Entre todos los famosos guerreros, aunque nunca osaría contarme entre ellos, comparto el mismo corazón valeroso»

Así fue como conmemoré el Día del Montañista sin saberlo. Pero aprovecho para felicitar a todos los valientes hombres y mujeres que han hecho con su esfuerzo y tenacidad, que esta modalidad deportiva no muera y siga viva a través de los milenios. Pues paralelamente al senderismo, el subir montañas es algo tan antiguo como la misma especie humana, desde que comenzó a caminar en dos piernas hace al menos hace al menos unos cuatro millones de años con nuestros antepasados los Australopithecus.

Me despido deseándoles que pasen muy feliz día y agradeciendo nuevamente a quienes se preocuparon por mi estado de salud…

¡Benditos sean todos!

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