- Con datos del INEGI, en este primer trimestre el PIB cayó en 2.4 por ciento; para final del año la caída sería de 6.4 por ciento o hasta 9 y 10 por ciento anual.
- En el tema del desempleo las señales son preocupantes. En 24 días se perdieron más de 346 mil empleos formales, el equivalente a los creados en 2019. La caída seguramente llegará al millón de empleos formales perdidos.
- En este momento, lo principal es cuidarse y atender las medidas de prevención. La economía, vista como un agregado, se recuperará solo a partir de que la pandemia sea contenida.
Miguel Valera
El panorama económico en México y en Veracruz se avizora “bastante complicado”, porque se trata de una situación “sui generis”, única en su género, considera el economista egresado de la Universidad Veracruzana, Everardo Paíz Malagón, con 10 años de experiencia en la gestión de programas de inversión financiados por recursos públicos.
“Hay señales claras de que estamos ante la crisis económica más importante que el mundo ha vivido desde aquella que se vivió en la década de 1930, conocida como La Gran Depresión. Hay diferencias entre los números que arrojan los pronósticos, según quién los hace, pero lo que sí parece ser una apreciación en consenso, es que estamos ante una crisis económica histórica”, considera.
Paíz Malagón, quien se ha desempeñado en áreas de fiscalización del poder legislativo local, la administración de fondos para infraestructura en gobiernos municipales y en la promoción de la inversión en el sector energético considera que la profundidad y la duración de esta crisis nadie la conoce aún, “pues depende de la evolución de la pandemia, por lo tanto es muy difícil tener exactitud al calcular la recuperación”.
Cuando le pregunto sobre las expectativas del crecimiento de nuestro país, los datos duros que pone sobre la mesa son preocupantes y dramáticos.
“Con datos reales, el INEGI dio a conocer hace unos días que en el primer trimestre del 2020 el PIB cayó, respecto del primer trimestre del 2019, en 2.4 por ciento. Si con este dato se hace una proyección para el final del año, es decir, se anualiza, la caída sería de 6.4 por ciento, que es un número que está en la parte optimista del rango de los pronósticos publicados por especialistas. La parte pesimista advierte una caída del PIB de entre 9 y 10 por ciento anual. Hay que tener en cuenta que el efecto de las medidas de contención de la pandemia todavía no se reflejaban del todo en ese primer trimestre”.
“Es relevante revisar, además del crecimiento del PIB, el comportamiento de las cifras de desempleo. Hay señales preocupantes: en menos de un mes, del 13 de marzo al 6 de abril, se perdieron más de 346 mil empleos formales, según informó la Secretaría del Trabajo del gobierno federal. Esto es equivalente a perder el total de los empleos formales creados durante todo el 2019 en solo 24 días. La caída seguramente llegará al millón de empleos formales perdidos”.
“A esto habría que sumarle la caída en la actividad en la economía informal, que generó el 22.5 por ciento de la producción total nacional y el 56.7 por ciento del total de empleos al cierre del 2018, de acuerdo al INEGI. Donde el comercio minorista, la construcción, las industrias manufactureras y el sector agropecuario son las principales esferas de actividad y seguramente han sido de las mayormente afectadas durante esta pandemia”, indica quien se desempeña como Subdirector de Promoción y Fomento a la Inversión, en la Agencia Estatal de Energía y ha sido Jefe de Departamento del Ramo 33 en el Ayuntamiento de Xalapa.
—Esta crisis que ya está en marcha, ¿fue provocada por la pandemia del Covid-19 o existen otros factores?
“Es una situación muy compleja, generada por una gran cantidad de factores. Respecto a los problemas en la economía, hay elementos que ya existían, como la caída en la inversión, una baja en los ingresos fiscales, sectores en franca desaceleración, como el de la construcción e incluso cierta tendencia a la baja de los precios de los hidrocarburos; pero también hay elementos que aparecieron junto con las medidas para contener la pandemia del COVID19, como son la caída generalizada en la demanda, la ruptura de cadenas de suministro, pérdida masiva y abrupta de puestos de empleo así como las dificultades para instrumentar las decisiones de política fiscal y monetaria”.
“Es decir, hay elementos que ya se venían observando antes de la pandemia y otros que efectivamente acaban de aparecer con ella, aunque hay que decir que todos deberán ser atendidos en el presente, si se quiere mejorar el futuro”.
—¿Nos ha afectado, naturalmente, el contexto internacional?
“Desde luego que sí. México es una de las economías más abiertas, con una gran integración comercial con muchos mercados en el mundo”.
“En la actualidad, las cadenas de suministro están interconectadas. Para poner un ejemplo, en Xalapa se ensamblan motocicletas cuyas partes provienen de algún país asiático, pero que una vez terminadas quizá una parte se destinan al mercado nacional y alguna cantidad de ellas se venda en otro país. Cualquier eslabón de esa cadena de suministro que quede inactivo, como ha estado pasando en el mundo por las medidas de contención de la pandemia, afecta a todos los países involucrados, ya sea porque no hay bienes terminados para la venta, porque no hay insumos para la planta que ensambla, porque nadie está comprando las motocicletas o por todas a la vez”.
—¿Cuáles consideras que serán (o ya están siendo) los efectos reales en la vida ordinaria de las personas?
“Sin duda esta crisis traerá muchos cambios. Desde lo más sencillo, como nuevos hábitos de consumo derivados de una mayor intensidad de actividades a través de internet; hasta cosas más complejas, como la quiebra de empresas de todos tamaños, desempleo y una escases de liquidez duradera”.
“No hay que dejar de lado que esta crisis, como todas, trae también oportunidades. En este sentido, los cambios pueden propulsar el desarrollo de nuevas actividades comerciales, nuevos productos y oportunidades de negocio que quizá ya existían, pero que incrementarán su potencial económico. Mucha gente, de todas las edades, está aprendiendo nuevos usos de la tecnología, se está ampliando la conciencia sobre cuidados de higiene, el consumo local de alimentos puede verse fortalecido, entre otros ejemplos”.
—¿Crees que el Estado debió intervenir e implementar mecanismos de salvamento?
“Desde luego que sí. El gran problema de hoy es la caída de la demanda agregada, que no es más que la suma de todo el gasto generalizado en una economía”.
“Viéndolo como una fórmula, la Demanda Agregada = Consumo + Inversión + Gasto de Gobierno + (Diferencia entre importaciones y exportaciones)”.
“El freno a la actividad económica derivado de la pandemia provoca una caída en todos los componentes, menos al gasto de gobierno, porque este se determina principalmente por decisiones de política económica. Disminuir este gasto, en lugar de ayudar, agravaría la caída de la demanda agregada y con ello profundizaría la crisis; por otro lado, si sólo lo gastan de manera diferente, pero manteniendo el mismo monto total, tampoco genera un contrapeso a la caída de los otros componentes. Por eso una política contracíclica sería aquella que incremente el gasto del sector público compensando la caída de los otros componentes y sosteniendo a la demanda agregada o al menos, amortiguando su caída”.
“La importancia del gasto generalizado o demanda agregada radica en que es la base para determinar los precios, los montos a invertir y el intercambio de bienes, es decir, la actividad económica en general”.
—¿Qué se espera, hasta dónde tocaremos fondo y cuáles serán las consecuencias?
“Se espera que en algún momento la evolución de la pandemia permita restablecer la actividad y que esto signifique terminar la caída económica o tocar fondo, si bien nos va. También puede ser que caigamos en una especie de espiral, que nos lleve a ciclos de contracción de la actividad económica. Para evitar esto último es muy importante la oportunidad y acierto en la toma de decisiones de política fiscal y monetaria”.
“Aunque creo que se deja ver la luz al final del túnel, todavía reina la incertidumbre sobre la duración y la profundidad de la situación”.
—¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos comunes, los xalapeños, los veracruzanos, para estar preparados o ya en acción?
“Lo principal es cuidarse y atender las medidas de prevención. La economía, vista como un agregado, se recuperará solo a partir de que la pandemia sea contenida. No caigamos en la tentación de tomar a la pandemia como algo menos importante que la actividad económica. Claro que hay situaciones muy difíciles, sobre todo para los millones de personas que dependen de generar un ingreso cada día y ahí es donde sin duda hay que ser solidarios. Los que puedan gastar, gasten para mantener cierto nivel de actividad económica. Quienes tengan que decidir sobre políticas públicas, decidan sobre la base del bien común, sin temor a la impopularidad o el costo político. Quienes deban pedir ayuda, también búsquenla. Quienes puedan ayudar y quieran participar en soluciones, que lo hagan ya. Creo que uno de los grandes aprendizajes será por ejemplo, que ahora la salud y la seguridad social formarán parte fundamental de la agenda política y el debate público”, concluye.





