
- La Universidad Veracruzana le publicó Los funerales de Mamá Grande en 1962.
- “Fue para mí un guía espiritual”, dice el escritor colombiano radicado en Xalapa, al recordarlo en su sexto aniversario luctuoso.
Miguel Valera
Se podría decir que Gabriel García Márquez despegó literariamente en Xalapa, precisamente porque aquí, en la Universidad Veracruzana, se le publicó Los funerales de la Mamá Grande (1962) y ese fue uno de sus primeros cheques más o menos grandes, literarios, cuando él estaba en una situación bastante apretada aquí en México, así lo aseguró el escritor colombiano radicado en esta capital, Marco Tulio Aguilera Garramuño.
Al recordar el sexto aniversario luctuoso —17 de abril de 2014— del Nobel de literatura, a quien ha considerado un “padre”, “maestro” y “guía espiritual”, el prolífico autor con 40 libros editados y un gran reconocimiento internacional, recordó que el gran Gabo tuvo un vínculo muy particular con Xalapa y con Veracruz. “Aquí estuvo en un Congreso internacional de literatura al lado de Juan Carlos Onetti y Julio Cortázar”, aseveró.
En una anécdota que Álvaro Mutis le contó al poeta veracruzano José Luis Rivas Vélez, en un día de junio o julio de 1961, mientras viajaba con Gabriel García Márquez por una carretera veracruzana, Mutis se detuvo en una gasolinera en Córdoba y al bajarse del auto y ver los cafetales de la región, Gabo exclamó: “¡Carajo, esto es Colombia!”.
Así, dice Marco Tulio Aguilera Garramuño, era el vínculo de Gabo con Veracruz, guardaba un cariño muy grande, como el que le tenía a su propia tierra.
— “La edad de uno no es la que se tiene sino la que uno siente”, escribió el autor de Cien años de soledad en un artículo de Nexos (19 octubre 2009). Sus libros siguen haciendo sentir a la gente. ¿Es la literatura lo que le da eternidad a un escritor?
“Yo creo que sí. Los escritores escribimos en cierta forma para ser felices, para encontrarle un sentido a la vida y los que lo hacen con honestidad y con disciplina y que tienen un talento pueden crear obras que quedan y esto es importante para el escritor e importante para la cultura porque al escribir uno crea un universo que habitan los lectores y este universo enriquece el universo exterior”.
“Uno está creando un espíritu colectivo y al crear un corpus de literatura uno está creando un espíritu que puede extenderse a todo el mundo, es lo que sucede con libros como El Quijote o Cien años de soledad. Uno quisiera eso, pero yo personalmente escribo por gusto y sí recibo respuesta de muchísimos países y siento el afecto y el cariño. Eso me anima porque me confirma que tiene un sentido lo que hago”.
—¿Qué le dirías a Gabo, donde esté, a seis años de su partida?
“Yo siempre he pensado en una cosa, que tanto trabajo y tanto mérito no pueden acabarse y que espero que esté disfrutando, donde quiera que esté, la satisfacción de haber hecho esto, que se haya llevado sus libros y todo el espíritu que cultivó.
“Yo siempre he dicho que espero que las cosas buenas de este mundo no se acaben. Yo espero que después de la muerte yo encuentre piscinas para seguir nadando, encuentre libros, encuentre violines y encuentre mujeres”, indica Marco Tulio Aguilera Garramuño.
—Marco, ya contaste de sobra en tu libro Poéticas y obsesiones (Editorial Universidad Veracruzana, Colección Biblioteca, 2007), tu encuentro con Gabriel García Márquez y cómo corrió tu carrera, paralela a la suya, ¿qué podrías abundar hoy en su sexto aniversario luctuoso?
“García Márquez fue para mí un guía, un guía espiritual durante muchos años. No solo porque él, desde mi primera novela manifestó que le gustaba mi trabajo y le pareció ‘entusiasmente’ que un muchacho de 24 años hubiera publicado una novela en Buenos Aires (Breve historia de todas las cosas), una novela bastante gruesa y una novela que inicialmente se anunciaba como la novela que podía competir en calidad con Cien años de soledad, lo que marcó mi carrera”.
“García Márquez leyó la novela casi frente a mí. Leyó un capítulo de la novela en Bogotá y después llamó desde España para decir que le había gustado mucho y a lo largo de los años que él vivió en varios países y yo fundamentalmente en Estados Unidos y en México, él seguía manifestando su gusto por lo que yo escribía”.
“Nos encontramos varias veces en la Ciudad de México y en Xalapa y él siempre mostraba mucho interés por lo que yo hacía, mucho respeto. El me defendió cuando tuve un problema aquí en Xalapa, un intento de que me expulsaran de México. García Márquez tomó esa causa por su cuenta. Se encargó de que no tuviera problemas”.
“Ese tipo de encuentros se sucedieron a lo largo de los años, por ejemplo, en el Hotel Xalapa, estuvimos en un Sanborns de la ciudad de México, estuvimos en Coyoacán, nos comimos unos tacos, caminamos por la Ciudad de México y siempre con una gran camaradería, una gran sencillez, él generalmente preguntaba más, le interesaba más lo que yo estaba haciendo y esquivaba las preguntas que yo le hacía sobre su trabajo, porque él sabía que era una figura pública y yo era un escritor más o menos, segundón y en ascenso, pero más o menos desconocido en relación a su éxito fenomenal”.
“Su literatura la seguí durante muchísimo tiempo. Escribí mucho sobre sus libros, dicté conferencias sobre su obra, estuve en varios congresos internacionales, algunas veces cuestionándolo”.
“Cuando murió hice una carta de despedida, que hoy estoy reproduciendo en Facebook”.
—¿Breve historia de todas las cosas estuvo inspirada en Cien años de soledad?
“Sí, no hay duda, porque mira, por varias circunstancias hay similitudes y paralelismos. Ese libro lo escribí en una especie de rapto creativo, después de leer Cien años de soledad, en tiempo record. Era estudiante de filosofía. Escribí ese libro en donde hay varias similitudes estilísticas y personajes maravillosos y agradables. Hubo muchos que dijeron que era un libro subsidiario de Cien años de soledad. A lo largo de los años (desde 1975) hasta la fecha, más de 40, y el libro se ha reeditado varias veces en España, en México, en Colombia y siempre he encontrado gente que señala que el libro verdaderamente está ligado a Cien años de soledad.
“A muchos les ha impresionado y se preguntan cómo era posible que un muchacho de 24 años hubiera escrito una novela de tanta calidad y con tanto conocimiento del oficio. Eso se ha repetido muchas veces. Lo han exaltado a su máximo nivel, René avilés Fabila, Guillermo Samperio, Edmundo Valadés. Muchos escritores y críticos han señalado que el libro vale por sí mismo.
“Algunos dicen que soy un producto de García Márquez, pero en realidad tengo una obra personal, bastante grande, que he creado a lo largo de los años. Tengo 40 libros, algunos muy particulares que han tenido bastante éxito como Cuentos para antes de hacer el amor que lleva 16 ediciones y 50 mil ejemplares vendidos o El pollo que no quiso ser gallo, que es uno de los libros infantiles más vendidos de Latinoamérica”.
En el Hotel Xalapa me dijo que “Breve historia de todas las cosas era lo mejor que había escrito y quizás lo mejor que escribirás”. Personas que visitaron en su estudio a Gabo (el profesor Motato y Fabio Jurado Valencia) me contaron que Gabo tenía un estante tras su escritorio dedicado enteramente a Mutis y otro dedicado a mí. Y les dijo que le gustaban mucho las obras de ese loquito colombiano que vive en Xalapa.
¿Qué aprendí de Gabo? La pasión por la escritura; mantener por años guardados los libros, trabajándolos hasta que estuvieran maduros; aprendí que cada novela es una auténtica tesis de grado sobre la vida y que uno es responsable soberano de un universo; aprendí la soberbia soberana de creer que cada obra mía era una obra maestra.
Y algo muy importante: aprendí que hay que usar todos los recursos disponibles para difundir las obras (sentado a una mesa en el restaurante del Hotel Xalapa, al lado de Gustavo Sainz y Angel Rama, lo escuché urdir las mentiras adecuadas para difundir ya no me acuerdo que novela a punto de salir publicada).
También cuenta que fue en el Hotel Xalapa, en donde tenía una cita con él y cuando llegó estaba atendiendo a la periodista Rosa Elvira Vargas. “Entonces, como tardaba, me paré y le hice ver que me iba enojado, entonces me alcanzó y me dijo: “cachaco tenías que ser. Espérame, ¿no ves que estoy atendiendo a esta cabrita? Así me dijo, fue un detalle simpático”.




