- Está ubicada en Paso del Ingenio, el sitio donde los españoles construyeron el primer trapiche de ingenio azucarero del continente americano.
- Aquí vive “Pixtli”, un zorrito que quedó huérfano luego de que cazadores asesinaran a su madre.
- También “Tlanemani”, una hembra de búho virginiano que traficantes de animales se llevaban en un contenedor hacia el continente africano.
Miguel Valera
Era apenas un recién nacido —hace aproximadamente siete meses— cuando unos cazadores mataron a su madre. La confundieron con una coneja, dice incrédulo Ángel Luis Vela Delgado. ¿Qué cazador confunde una zorra con una coneja?, se pregunta.
Desde entonces, “Pixtli”, el zorrito, vive en Yolihuani, la Unidad de Manejo de vida silvestre, que en la comunidad Paso del ingenio, municipio de Ángel R. Cabada, el arquitecto Ángel Luis Vela Delgado mantiene “por amor al arte”, dice, por amor al medio ambiente, en la búsqueda de los equilibrios ecológicos.
Arquitecto de profesión, actual Director de Obras Públicas en el Ayuntamiento de Soledad de Doblado, Ángel Luis le dedica una gran parte de su tiempo libre al cuidado de esta UMA de 3 hectáreas con 200 metros, en la puerta de entrada a la región de Los Tuxtlas, para crear conciencia de la importancia de la vida silvestre.
Como “Pixtli”, el zorrito que ahora domestican, pero que en algún momento, cuando sepa valerse por sí mismo, regresarán a su hábitat, en Yolihuani cuidan a
“Tlanemani”, una hembra de búho virginiano, que traficantes de animales se llevaban en un contenedor rumbo a África.
La bautizamos como “Tlanemani”, que en náhuatl significa “libre”, porque ese fue su destino, ya que lo logramos recatarla de un barco que estaba a punto de zarpar del puerto de Veracruz al continente africano, refiere.
La Unidad de Manejo de vida silvestre Yolihuani se dedica particularmente al cuidado de las aves rapaces, pero tienen, además de “Pixtli”, el zorrito, mapaches, tucanes reales, loros cabeza de viejo, cotorras cucha, un loro cabeza azul, un loro cabeza amarilla, un águila de Harris, cuatro lechuzas rescatadas, un halcón cara-cara, una aguililla gris y un zopilote aura, que son negros pero con la cabeza roja.
“Si el zopilote no existiera o el halcón cara-cara, llamado popularmente como ‘rrere’, en el mundo existirían problemas graves de bacterias y eso provocaría problemas en el medio ambiente”.
“Ellos se comen a los animales muertos. Su función dentro del ecosistema es limpiar de la podredumbre, de la carroña, el medio ambiente”, indica el hombre que fundó esta UMA hace 15 años, con el permiso de la SEMARNAT.
Cuenta que un día, mientras trabajaba en la Contraloría General del Estado, en la Caseta de Fortín, como en una revelación, fue testigo de un operativo federal en una camioneta que llevaba tucanes, loros, colibríes y vio cómo morían.
“Eso me impactó. Entonces pensé sobre lo que yo estaba haciendo como ser humano para proteger a los animales y desde ahí cambié mi mentalidad, porque eso me hizo pensar diferente”.
IMPORTANCIA DE LAS AVES RAPACES
—¿Por qué la importancia de las aves rapaces en nuestro ecosistema?, le pregunto.
“Ellas son controladores naturales”, me contesta.
Por ejemplo, añade, el halcón guaco come de manera particular las serpientes, venenosas y no venenosas. Tenemos un halcón murcielaguero, que como su nombre lo indica, le encantan los murciélagos. Cada especie tiene una labor, un trabajo que realiza.
Cuenta que en estos días han iniciado un proyecto con el Ingenio de San Pedro, porque, explica, por lo regular, introducían químicos al campo o tiraban cuadros de veneno para matar las ratas o la fauna nociva.
“Platicamos con los directivos del ingenio de San Pedro, ubicado en Saltabarranca y que es la principal industria en esta zona que comprende también Lerdo y Cabada, explicándoles lo dañino que pueden ser, para el medio ambiente y para la población los venenos que utilizan para matar las ratas. Luego de un arduo trabajo de concientización, aceptaron que sea la fauna silvestre, las aves rapaces, como los búhos, lechuzas y águilas, las que acaben con esa fauna nociva”, indicó.
“Una lechuza se llega a comer hasta diez ratas en una noche, lo mismo que los búhos”.
CUANDO EL TECOLOTE CANTA, EL INDIO MUERE
Además del impresionante saqueo del que sigue siendo objeto la región de Los Tuxtlas, ya que todos los días de 10 vehículos que salen, al menos 4 llevan fauna prohibida como iguanas, aves canoras y osos hormigueros, sin contar las diversas piezas arqueológicas, la dificultad de mantener vivas a las aves rapaces como los búhos o tecolotes, estriba en los mitos y leyendas arraigadas en nuestra población.
“Es algo muy arraigado”, cuenta Ángel Luis. En el imaginario colectivo de nuestra gente existe esa idea de nuestros ancestros que se sintetiza en la frase “cuando el búho canta, el indio muere”.
En las creencias populares, el tecolote, búho o lechuza está vinculado al mal augurio, es un ave que anuncia la muerte y por eso la gente le tiene miedo y cuando la escuchan ulular, buscan cómo matarla.
“Eso es una gran mentira, porque en la reserva tenemos cuatro especies de diferentes aves nocturnas (el tecolote brasileño, la lechuza de campanario, la búho virginiano y búho café). Las escuchamos ulular y no nos hemos muerto, pero esos mitos tenemos que irlos cambiando en nuestro planeta”, expresa.
Lo mismo sucede con la mariposa de la polilla. Cuando una mariposa se mete a alguna casa, significa que alguien de ahí va a morir y eso es completamente falso.
Por eso, añade Ángel Luis Vela Delgado, han tratado de concientizar a niños y adultos, para cambiar esa mentalidad.
“Cuando las aves rapaces dejan de existir en un ecosistema, empieza a haber un desequilibro muy grande. En Los Tuxtlas, cuando desapareció el águila arpía, desapareció también la guacamaya roja”.
Comenta que el águila arpía empezó a desaparecer en nuestro estado a raíz de que se acrecientan los cultivos de caña de azúcar y se empiezan a talar los bosques, la selva y la vegetación. Mucha fauna que el águila arpía come empezó a desaparecer y entonces el águila empezó a emigrar hacia Centroamérica.
Esta águila, añade, come guacamoya roja, iguana verde, oso perezoso de tres dedos, el tejón, el armadillo, el mapache.
Desde la UMA Yolihuani, Ángel Luis ha visitado 250 escuelas del estado de Veracruz, para crear conciencia de la importancia de las aves rapaces en nuestro territorio.
“Desde Jardín hasta Universidades les llevamos las aves para que conozcan el papel que desempeñan en nuestro ecosistema. Necesitamos mucha difusión y mucha educación ambiental”, indica.
“Cuando estudiamos la Primaria, solo en el tercer año nos dicen de los animales en peligro de extinción y luego cuando llegamos a la Secundaria, pero de ahí, solo que estudies biología como carrera volverás a tocar el tema. De ahí no hay una educación incluyente que nos haga respetar a los animales, a pesar de ser especies en peligro de extinción”.
POR AMOR AL ARTE
Ángel Luis Vela Delgado mantiene la UMA Yolihuani con colectas, con programas de reciclaje y con las visitas que algunos grupos realizan a las instalaciones de Ángel R. Cabada.
“Para darles de comer a los animales de la UMA visito a mis amigos, les pido sus plásticos y los vendo. Con eso compro ratas, ratones, semillas y fruta. También reciclamos latas de cerveza, aluminio y así. En las escuelas algunas veces recopilamos 20 kilos de semillas”.
“En algunas escuelas nos apoyan con sacos completos de alimento. Nos dan croquetas para perro o semillas de girasol que es parte de la dieta de las diferentes especies de loro que tenemos”.
La UMA Yolihuani resguarda a más de 40 animales de diferentes especies y es la PROFEPA quien se los ha dado a resguardo. Cuando se rehabiliten, los que se pueden liberar, se liberarán y los que no, seguirán al cuidado de la reserva.
RESERVA NATURAL, HISTÓRICA Y ARQUEOLÓGICA
Además de ser una reserva natural, con una hermosa cascada, en la UMA Yolihuani Ángel Luis pretende construir un museo arqueológico o de sitio, con las más de 3 mil piezas arqueológicas que poseen y de las cuales tiene conocimiento el INAH.
Dice que la idea de este museo, es, sí para preservar el legado prehispánico que se posee, pero también para crear conciencia del saqueo que se sigue haciendo, ya que, cuenta, un día fue testigo de cómo un gringo pagaba con un cartón de cerveza una pieza de jade que un lugareño tenía.
“La verdad no se dimensiona la grandeza que esas piezas tienen. No tanto por la cuestión económica, sino por la cultural. Si nosotros no le damos valor a lo que tenemos en nuestro bello estado, ¿quién se lo va a dar? Tenemos que empezar a trabajar esas cosas tan importantes que poseemos”, reflexiona.
Además, este legado prehispánico, está ligado a su interés por la conservación del águila arpía, ya que una de sus alas aparece en el logotipo de Ángel R. Cabada, la estela del mesón, que se encontró en 1953 y describe a un sacerdote olmeca en un bautizo de iniciación. “En el penacho tiene plumas y el ala completa de un águila arpía”.
Finalmente, en Paso del Ingenio, el sitio donde está ubicada la UMA Yolihuani, cuenta Ángel Luis, existen los restos del primer trapiche de ingenio azucarero que construyeron los españoles en todo el continente americano.
“La primera vez que mi padre me trajo aquí, me contó eso y con el paso del tiempo lo corroboré no solo en internet sino en el Archivo General de la Nación, en donde existen cinco tomos con información de este trapiche de caña de azúcar, por lo que este lugar adquiere también una relevancia histórica importante. Yo provengo de esos esclavos negros que estuvieron en este lugar”, concluye.





