
Fotografías Antonio Roque Alarcón
Con veladoras y cirios, con padrenuestros y avesmarías musitados, casi imperceptibles, desde los balcones, a la orilla de la calle, en la Plaza Lerdo, con Susana Distancia, feligreses católicos acompañaron a María, la Madre de Jesús, en la procesión del silencio del Viernes Santo en Xalapa.
En esta ocasión, en el año de la Gran Pandemia por el Coronavirus COVID-19, la procesión no fue multitudinaria. El operativo de vialidad fue discreto. La Madre no iba en hombros sino en una camioneta blanca de doble cabina. Hoy no se vio el río de gente recorrer las calles de la ciudad e inundar, como tsunami humano, la Plaza Regina Martínez.
Este viernes, a las 8 de la noche, la Madre dolorosa salió de la Catedral Metropolitana, en la avenida Enríquez, para recorrer Ávila Camacho, Sayago, Poeta Jesús Díaz, Revolución, Julián Carrillo, Dr. Lucio, Poeta Jesús Díaz, 5 de febrero, Xalapeños Ilustres, Enríquez y concluir nuevamente en la Catedral de Xalapa. A su lado, la imagen del cuerpo inerte de Jesucristo, recostado, en una vitrina transparente.
Con un pañuelo blanco en una mano y un ramo de flores blancas en otra, la imagen de María viajaba en un vehículo, custodiada por los padres Jaime Gutiérrez, Roberto Reyes Anaya y Héctor Omar Carlos Aparicio. Su rostro, lloroso, representando a la mujer cuyo corazón había sido atravesada por una espada, de pie, Madre dolorosa.
Las calles de la capital lucían limpias luego de la tormenta y granizada que a las 15 horas —la misma hora en la que murió Jesucristo— inundó diversas zonas de la ciudad y mostró la deficiencia de algunas obras recién inauguradas por el gobierno municipal.
El recorrido, transmitido en vivo por Shalom Xalapa Radio en Facebook, fue seguido por miles de feligreses —con más de 18 mil reproducciones y más de 500 comentarios durante la mañana del sábado— y duró un poco más de dos horas.
En las calles menos transitadas, la gente ya esperaba, con veladoras encendidas en las manos. Niñas y niños, desde balcones, contemplaban admirados esta procesión del silencio de Viernes Santo.
Las súplicas, los rezos, las oraciones, por la salud de todas las familias, por la detención de la pandemia por el coronavirus COVID-19.
Al llegar a la Plaza Lerdo, cerca de las 10 de la noche, algunos feligreses esperaban, hincados en las escalinatas o rezando el Rosario. Con cantos, oraciones y reflexiones concluyó este momento de recorrido y contemplación de la madre dolosa.





